DICCIONARIO MÉDICO
Hiperlaxitud
La hiperlaxitud es el aumento del rango de movimiento de las articulaciones más allá de lo que se considera habitual, consecuencia de una mayor distensibilidad del tejido conjuntivo. Aparece con frecuencia como un rasgo constitucional sin repercusión, aunque también puede acompañar a trastornos hereditarios del colágeno. El término combina el prefijo griego hypér ('por encima de', 'en exceso') con el latín laxitas ('holgura', 'aflojamiento'), derivado a su vez de laxus, 'flojo' o 'no tenso'. La palabra describe, casi de forma literal, una articulación demasiado suelta. En términos médicos, la hiperlaxitud designa la capacidad de una articulación, o de un grupo de ellas, para desplazarse de manera pasiva o activa por encima de los rangos que los estudios poblacionales consideran normales. No se trata de una enfermedad en sí misma, sino de un hallazgo: un signo que puede darse en personas sanas o formar parte del cuadro de una afección más amplia. Su frecuencia en la población adulta se sitúa entre el 10 y el 20 %, con cifras que en algunas series llegan más arriba, y resulta mayor en mujeres, en la infancia y en determinados grupos étnicos. Tiende a disminuir con la edad. La resistencia de ligamentos, tendones, cápsulas articulares y piel depende en buena medida del colágeno, la proteína estructural más abundante del organismo. El colágeno de tipo I posee una elevada fuerza tensil y forma el armazón de las estructuras que sujetan las articulaciones y limitan su recorrido. En las personas con hiperlaxitud se ha descrito una alteración de ese armazón: fibras más delgadas, un aumento de la proporción de colágeno tipo III frente al tipo I y una mayor presencia de elastina. El resultado es un tejido menos rígido y más distensible. Los ligamentos y las cápsulas ofrecen entonces menos freno al movimiento, y la articulación gana amplitud a costa de estabilidad. Detrás de esta particularidad hay una base genética, con variantes en los genes que codifican las cadenas del colágeno. El instrumento más extendido para cuantificarla es la escala de Beighton, que reparte una puntuación de cero a nueve entre cinco maniobras exploradas en ambos lados del cuerpo: la extensión del meñique, la aproximación del pulgar al antebrazo, la hiperextensión del codo y de la rodilla, y la capacidad de apoyar las palmas en el suelo con las rodillas estiradas. En el adulto se habla de hiperlaxitud generalizada a partir de cinco puntos; en la infancia el umbral se eleva a seis, porque las articulaciones de los niños son de por sí más flexibles. La escala mide el rasgo, no la afección que a veces lo acompaña. Para deslindar esa segunda cuestión se propusieron en 1998 los criterios de Brighton, que reservan la etiqueta de síndrome para los casos en que la movilidad excesiva coincide con molestias del aparato locomotor. Conviene no confundir ambos nombres, tan parecidos: Beighton puntúa la flexibilidad; Brighton delimita el síndrome. Casi nadie con articulaciones muy móviles tiene, de hecho, una enfermedad. Esa hiperlaxitud es constitucional, se observa desde la infancia y no requiere cuidados específicos, más allá de proteger las articulaciones de recorridos forzados. En una minoría, la movilidad se asocia a dolor y a inestabilidad recurrente, y entonces se habla de hipermovilidad articular sintomática. En un tercer grupo, la laxitud es la manifestación visible de un trastorno hereditario del colágeno. El más frecuente es el síndrome de Ehlers-Danlos, cuyo subtipo hipermóvil representa alrededor del 90 % de los casos y suma a la laxitud articular una piel elástica y frágil. El síndrome de Marfan añade una talla alta, dedos alargados y afectación cardiovascular y ocular. La osteogénesis imperfecta, también ligada al colágeno, cursa con huesos quebradizos. En estos cuadros la hiperlaxitud no es el problema, sino la punta visible de una alteración más profunda. De la unión del griego hypér, 'exceso', y el latín laxitas, 'holgura' o 'aflojamiento'. La raíz latina remite a laxus, 'flojo'. Es, por tanto, un término híbrido grecolatino que nombra un tejido que sujeta menos de lo debido. Se emplean casi como sinónimos, pero cada palabra subraya un aspecto distinto. La hiperlaxitud alude a la propiedad del tejido conjuntivo, que es más distensible de lo normal y afecta también a la piel o a los vasos. La hipermovilidad nombra la consecuencia observable en la articulación: un recorrido mayor. Una es la causa; la otra, el efecto que se mide en la exploración. No. En la mayor parte de los casos es un rasgo constitucional que muchas personas ni siquiera advierten. Solo una fracción desarrolla molestias o pertenece a un trastorno del tejido conjuntivo. Por eso la valoración busca distinguir la simple flexibilidad de las situaciones que sí merecen seguimiento. Es más común en mujeres que en hombres y muy visible en la infancia, cuando el tejido conjuntivo es de por sí más elástico. La prevalencia estimada oscila entre el 10 y el 20 % de los adultos, con variaciones notables según el origen geográfico y étnico. Con los años, la laxitud se reduce y muchas personas dejan de cumplir los criterios que sí presentaban de jóvenes.Qué es la hiperlaxitud
El colágeno y la elasticidad de los tejidos
Cómo se gradúa la hiperlaxitud
Hiperlaxitud aislada y trastornos del tejido conjuntivo
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede la palabra hiperlaxitud?
¿Hiperlaxitud e hipermovilidad significan lo mismo?
¿La hiperlaxitud es una enfermedad?
¿A quién afecta con más frecuencia?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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