DICCIONARIO MÉDICO
Flexibilidad
La flexibilidad es la propiedad biomecánica que permite a una articulación, o a un conjunto de articulaciones, desplazarse a lo largo de su rango completo de movimiento sin restricción ni dolor. Depende de la elasticidad muscular, de la extensibilidad de tendones y ligamentos, y de la geometría de las superficies articulares implicadas. El término procede del latín flexibilitas, derivado a su vez de flectĕre (doblar, curvar). En el contexto médico y fisiológico designa la capacidad de los tejidos blandos periarticulares para elongarse y permitir que un segmento corporal recorra la amplitud de movimiento (ROM, del inglés range of motion) propia de cada articulación. Conviene no confundir flexibilidad con movilidad articular, aunque los dos conceptos se solapan. La movilidad articular se refiere al grado máximo de desplazamiento angular que la articulación permite; la flexibilidad incorpora, además, la respuesta de la musculatura y del tejido conectivo que rodea esa articulación. Una persona puede poseer una geometría articular que permita amplitudes generosas y, sin embargo, presentar flexibilidad limitada porque sus músculos o fascias oponen resistencia al estiramiento. No existe una flexibilidad general del organismo. Cada articulación posee valores propios de ROM, y un rango amplio en el hombro no implica lo mismo en la cadera contralateral. Johns y Wright, en un trabajo clásico de los años sesenta, cuantificaron la contribución de cada tejido a la resistencia que una articulación opone durante el movimiento: la cápsula articular y los ligamentos aportan la mayor parte de esa resistencia, seguidos del tendón y de la fascia muscular. Entre los factores que modulan la flexibilidad se encuentran la edad (es de carácter involutivo: disminuye conforme los tejidos conectivos pierden hidratación y contenido de elastina), el sexo, la temperatura corporal y ambiental, el nivel de actividad física habitual y la presencia de procesos patológicos articulares o musculares. También influye la arquitectura ósea individual, que no puede modificarse con el entrenamiento. Dos propiedades del tejido muscular resultan determinantes. La primera es la elasticidad, entendida como la capacidad de las fibras para elongarse y regresar a su longitud de reposo. La segunda es la capacidad de relajación neuromuscular, mediada por los receptores de estiramiento: los husos neuromusculares, situados en el vientre del músculo, y los órganos tendinosos de Golgi, localizados cerca de la unión miotendinosa. Cuando estos receptores se entrenan mediante el estiramiento repetido, la respuesta refleja de contracción protectora se atenúa y el ROM funcional aumenta. El colágeno que forma la cápsula, los ligamentos y las fascias es un tejido poco elástico por naturaleza. Su contribución a la restricción del movimiento es considerable, y su respuesta al entrenamiento es lenta en comparación con la del tejido muscular propiamente dicho. Se distingue entre flexibilidad estática, que mide el ROM total alcanzable en una posición sostenida, y flexibilidad dinámica, que valora la resistencia que opone la articulación durante un movimiento activo. La relación entre ambas no es directa: un individuo puede mostrar valores altos de flexibilidad estática y, sin embargo, presentar rigidez apreciable cuando el movimiento se realiza a velocidad funcional. Este matiz tiene relevancia clínica y deportiva porque muchas actividades cotidianas y la mayor parte de los gestos deportivos exigen movimientos rápidos, no posturas mantenidas. Del latín flexibilitas, -atis, formado sobre el verbo flectĕre (doblar, curvar) y el sufijo -bilis, que indica posibilidad. Su sentido literal es «cualidad de lo que puede doblarse». La raíz latina se relaciona probablemente con plectĕre (plegar, trenzar), aunque el parentesco exacto sigue siendo objeto de discusión entre los especialistas en lingüística indoeuropea. No. La hiperlaxitud implica un rango de movimiento que excede los límites fisiológicos normales, generalmente por alteraciones en la composición del colágeno o de la elastina. La flexibilidad, en cambio, se mueve dentro del rango fisiológico esperable para cada articulación y cada individuo. Dicho de otro modo, toda persona hiperlasa es flexible, pero no toda persona flexible es hiperlasa. Sí, de forma progresiva. Los tejidos conectivos periarticulares pierden hidratación y elasticidad con el envejecimiento, y la masa muscular tiende a disminuir. Ambos procesos reducen el ROM disponible. El ejercicio regular, y en particular los programas de estiramiento mantenidos en el tiempo, pueden ralentizar esta pérdida, aunque no la eliminan por completo. Mediante goniometría, que cuantifica el ángulo de movimiento de cada articulación en grados. También se emplean pruebas funcionales estandarizadas, como la maniobra de Schober para la columna lumbar. La clave es que ningún test aislado evalúa la flexibilidad global del cuerpo, ya que esta propiedad es específica de cada articulación.Qué es la flexibilidad
Factores que condicionan la flexibilidad
Componentes tisulares de la flexibilidad
Flexibilidad estática y flexibilidad dinámica
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede el término «flexibilidad»?
¿Es lo mismo flexibilidad que hiperlaxitud?
¿Se pierde flexibilidad con la edad?
¿Cómo se mide la flexibilidad en la práctica clínica?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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