DICCIONARIO MÉDICO
Fístula arteriovenosa
Una fístula arteriovenosa (FAV) es una comunicación directa entre una arteria y una vena que sortea la red capilar intermedia. Puede ser congénita, cuando se origina durante el desarrollo embrionario; traumática, cuando una lesión penetrante rompe la pared de una arteria y una vena contiguas; o quirúrgica, cuando el cirujano la crea de forma intencionada, como ocurre en el acceso vascular para hemodiálisis. En condiciones normales, la sangre recorre un circuito ordenado: sale del corazón por las arterias, atraviesa los capilares (donde intercambia oxígeno y nutrientes con los tejidos) y regresa al corazón por las venas. Si una arteria y una vena quedan comunicadas sin capilares de por medio, parte del flujo pasa directamente de un sistema al otro. A ese cortocircuito se le denomina fístula arteriovenosa. La sangre, como cualquier fluido, sigue la vía de menor resistencia. Dado que la presión arterial supera con creces la venosa, un volumen variable de sangre se desvía hacia la vena a través de la fístula. La vena receptora se dilata por la sobrecarga de presión, y en fístulas grandes el corazón necesita aumentar su gasto para compensar el volumen que no llega a la periferia. Cuando la fístula es pequeña o afecta a vasos de escaso calibre, las consecuencias pueden ser mínimas o pasar inadvertidas durante años. El problema cambia si el cortocircuito moviliza un volumen significativo de sangre. En ese caso, los tejidos distales a la fístula reciben menos perfusión (fenómeno conocido como robo arterial) y la vena de drenaje soporta una presión para la que no está diseñada, lo que puede traducirse en dilatación venosa progresiva, edema e incluso formación de aneurismas venosos. Si la FAV permanece abierta y es lo bastante voluminosa, el retorno venoso al corazón aumenta de forma sostenida. El ventrículo derecho debe manejar ese exceso de volumen, y con el tiempo puede desarrollarse una insuficiencia cardíaca de alto gasto. Es una forma infrecuente de insuficiencia cardíaca, pero bien descrita en la literatura, sobre todo en fístulas congénitas de gran calibre situadas en el tronco o las extremidades. Las fístulas arteriovenosas congénitas resultan de errores en la vasculogénesis embrionaria. Suelen afectar a vasos de pequeño calibre y se localizan con frecuencia en las extremidades, la pelvis o el encéfalo. Algunas se asocian a síndromes genéticos como la telangiectasia hemorrágica hereditaria (enfermedad de Rendu-Osler-Weber), que produce malformaciones arteriovenosas en pulmones, hígado y cerebro. Las adquiridas tienen un perfil distinto. La causa clásica es el traumatismo penetrante, sobre todo heridas por arma blanca o de fuego en zonas donde arteria y vena discurren juntas (triángulo femoral, axila, cuello). La fístula puede manifestarse de forma inmediata o formarse en los días siguientes, a medida que la comunicación se estabiliza por tejido de granulación. Otro escenario es la iatrogenia, como complicación de un cateterismo arterial o una biopsia percutánea. Y luego está la FAV quirúrgica: la que se crea deliberadamente. La fístula arteriovenosa interna para hemodiálisis es el ejemplo más frecuente y mejor estudiado, y tiene su propia entrada en este diccionario. No exactamente, aunque el límite entre ambos conceptos se difumina en la práctica. En sentido estricto, la malformación arteriovenosa (MAV) es una red compleja de conexiones vasculares anómalas con un nido central, mientras que la fístula arteriovenosa es una comunicación directa, sin nido intermedio, entre un tronco arterial y uno venoso. Las MAV cerebrales, por ejemplo, suelen tener arquitectura de nido, pero las fístulas durales carecen de él. En algunos casos, sí. Las FAV iatrogénicas de pequeño calibre (como las que aparecen tras una punción arterial diagnóstica) pueden trombosarse espontáneamente en días o semanas. Las congénitas, en cambio, rara vez desaparecen sin intervención. Un dato clínico clásico es el thrill (vibración palpable) sobre la zona de la fístula y el soplo continuo, audible con el fonendoscopio, que se acentúa durante la sístole. La ecografía Doppler confirma el cortocircuito y permite estimar el flujo. Para planificar un procedimiento terapéutico, la angiografía por resonancia magnética o la angiografía convencional con catéter ofrecen un mapa vascular detallado. Puede consultar también:Qué es una fístula arteriovenosa
Repercusión hemodinámica
Fístulas congénitas frente a adquiridas
Preguntas frecuentes
¿Fístula arteriovenosa y malformación arteriovenosa son lo mismo?
¿Puede una FAV pequeña cerrarse sola?
¿Cómo se detecta una fístula arteriovenosa?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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