DICCIONARIO MÉDICO
Fístula
Una fístula es una comunicación anormal entre dos superficies epitelizadas del organismo: entre dos órganos huecos, entre un órgano hueco y la piel, o entre dos vasos sanguíneos. Puede tener origen congénito, traumático, infeccioso, inflamatorio o quirúrgico. Las fístulas se presentan en localizaciones muy diversas y su repercusión clínica varía desde formas asintomáticas hasta cuadros que comprometen gravemente el estado nutricional o la hemodinámica del paciente. La palabra procede del latín fistŭla, que significaba 'tubo', 'caño de agua' y, por extensión, 'flauta'. El empleo médico arranca de Celso (siglo I d. C.), quien tomó prestado el sentido del griego σῦριγξ (sŷrinx), término que Hipócrates usaba con el doble valor de 'flauta' y 'conducto patológico'. En castellano se documenta ya hacia 1250, en el Moamín, con el sentido de comunicación anormal entre estructuras corporales. Desde el punto de vista anatomopatológico, el rasgo definitorio es que el trayecto fistuloso está revestido, total o parcialmente, por epitelio o tejido de granulación. Eso lo diferencia de un absceso, que es una colección cerrada, y de un seno (o tracto sinusal), que se abre a una sola superficie. Cuando la comunicación conecta dos cavidades internas, se habla de fístula interna; cuando desemboca en la piel, de fístula externa. Las fístulas se ordenan según varios criterios. El más inmediato es la localización anatómica, que genera una nomenclatura binaria: el primer componente designa el órgano de origen y el segundo, la estructura de destino. Así, una fístula enterocutánea comunica el intestino con la piel, una fístula enterovesical conecta intestino y vejiga, y una fístula arteriovenosa establece un cortocircuito entre una arteria y una vena. Por su origen, se distinguen fístulas congénitas (como la traqueoesofágica neonatal) y adquiridas. Dentro de las adquiridas, la causa más frecuente es la cirugía abdominal, responsable del 75-85 % de las fístulas digestivas. Les siguen los procesos inflamatorios crónicos (la enfermedad de Crohn produce fístulas perianales con una frecuencia notable), las infecciones con formación de abscesos, los traumatismos penetrantes y la radioterapia. Un tercer criterio, de interés pronóstico, es el débito. Las fístulas de alto débito (más de 500 ml/día) suponen mayor riesgo de deshidratación, alteraciones electrolíticas y desnutrición. Las de bajo débito tienden con más frecuencia al cierre espontáneo. El mecanismo común es la rotura de la barrera que separa dos compartimentos corporales, seguida de la formación de un trayecto que se epiteliza o se tapiza de tejido de granulación antes de que el organismo pueda cerrarlo. Varios factores mantienen ese trayecto abierto: la presencia de infección activa, la existencia de un cuerpo extraño, la irradiación previa de los tejidos, la desnutrición del paciente o la interposición de tejido tumoral. La fístula, en rigor, no es siempre una patología. En la práctica quirúrgica se crean intencionadamente fístulas para obtener un acceso funcional: es el caso de la fístula arteriovenosa interna para hemodiálisis o de la gastrostomía percutánea para alimentación. La diferencia con las fístulas patológicas no es de estructura, sino de propósito. La fistulografía convencional (inyección de contraste hidrosoluble en el orificio externo) fue durante décadas la prueba de referencia para trazar el recorrido del trayecto. Hoy, la resonancia magnética la ha superado en sensibilidad para las fístulas perianales complejas, y la tomografía computarizada con contraste permite cartografiar las fístulas abdominales antes de planificar una reintervención. Del latín fistŭla, 'tubo' o 'caño'. Los romanos usaban fistula para referirse tanto a las conducciones de agua de los acueductos como a un instrumento de viento parecido a la flauta. El salto al vocabulario médico se produjo por analogía con la forma tubular del conducto patológico, y se remonta al enciclopedista romano Celso en el siglo I d. C. No. Las fístulas de bajo débito y sin infección activa pueden cerrar de forma espontánea si se corrigen los factores que las perpetúan (desnutrición, obstrucción distal, cuerpo extraño). Las de alto débito, las que drenan a través de un defecto amplio de pared abdominal o las asociadas a enfermedad inflamatoria intestinal suelen requerir intervención quirúrgica. No, aunque pueden coexistir. Un absceso es una colección cerrada de material purulento. Cuando ese absceso se abre camino hacia otra cavidad o hacia la piel y se epiteliza, se convierte en fístula. En la región perianal, por ejemplo, la secuencia absceso-fístula es habitual: el absceso se forma primero en una glándula anal y, al drenar, deja un trayecto que puede cronificarse. Sí. Las fístulas congénitas se deben a defectos en el desarrollo embrionario. La más conocida es la fístula traqueoesofágica, una comunicación entre la tráquea y el esófago que requiere corrección quirúrgica en los primeros días de vida. El diccionario recoge numerosos tipos de fístula por localización:Qué es una fístula
Clasificación
Por qué se forman las fístulas
Estudio por imagen
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra fístula?
¿Todas las fístulas necesitan cirugía?
¿Fístula y absceso son lo mismo?
¿Puede una persona nacer con una fístula?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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