DICCIONARIO MÉDICO
Endolinfa
La endolinfa es el líquido que ocupa el laberinto membranoso del oído interno. Su composición iónica, rica en potasio y pobre en sodio, la diferencia radicalmente de la perilinfa que la rodea. Ese gradiente electroquímico entre ambos líquidos resulta indispensable para la transducción de las señales auditivas y vestibulares. El término une el prefijo griego ἔνδον (éndon, «dentro, en el interior») con el latín lympha («agua clara, líquido»). Se conoce también como «líquido de Scarpa», en honor al anatomista italiano Antonio Scarpa (1752-1832), quien demostró en 1789 que las cavidades del oído interno contenían un fluido propio, y no aire como se suponía hasta entonces. La denominación endolinfa se impuso más tarde para distinguir este líquido del que circula entre el laberinto óseo y el membranoso, la perilinfa. La endolinfa ocupa todas las estructuras del laberinto membranoso: la escala media (conducto coclear) de la cóclea, los tres conductos semicirculares, el utrículo, el sáculo, el conducto endolinfático y el saco endolinfático. Su volumen total en el adulto es reducido, del orden de unas decenas de microlitros, pero cualquier alteración en esa cantidad o en su composición tiene repercusiones clínicas notables. Lo que convierte a la endolinfa en un líquido biológicamente singular es su perfil iónico: contiene alrededor de 144 mEq/l de potasio y tan solo 15 mEq/l de sodio. Ese perfil se asemeja al del líquido intracelular, no al del extracelular, lo cual constituye una anomalía fisiológica notable (la mayoría de los líquidos que bañan superficies celulares son ricos en sodio). La estría vascular, una estructura epitelial altamente vascularizada ubicada en la pared lateral del conducto coclear, es la principal responsable de secretar y mantener la composición de la endolinfa coclear. En el compartimento vestibular, esa función recae en las células oscuras situadas junto a las crestas ampulares. El resultado de esa secreción activa es un potencial eléctrico positivo de +80 a +90 mV en la endolinfa frente a la perilinfa, conocido como potencial endococlear. Es la «batería» que impulsa la corriente de transducción en las células ciliadas. Cuando una onda sonora alcanza la cóclea, genera ondas viajeras en la membrana basilar. El movimiento de la membrana flexiona los estereocilios de las células ciliadas del órgano de Corti, que están bañados en endolinfa. Al flexionarse, se abren canales de transducción mecanoeléctrica situados en la punta de los cilios; a través de ellos entra potasio (y algo de calcio) procedente de la endolinfa, y la célula ciliada se despolariza. Ese proceso depende críticamente de la diferencia de potencial entre la endolinfa y el interior de la célula: si el potencial endococlear desciende, la sensibilidad auditiva cae. En el aparato vestibular el principio es análogo, con una diferencia de escala y de estímulo. El movimiento de la endolinfa dentro de los conductos semicirculares desplaza la cúpula gelatinosa que recubre las crestas ampulares; en el utrículo y el sáculo, el peso de los otolitos sobre la mácula genera un desplazamiento distinto en función de la posición de la cabeza. En ambos casos, la entrada de potasio desde la endolinfa es lo que convierte el movimiento mecánico en señal nerviosa. El saco endolinfático, situado en la fosa craneal posterior, regula la reabsorción de la endolinfa. Cuando ese equilibrio entre producción y reabsorción se rompe, se acumula un exceso de líquido endolinfático (hidrops endolinfático). Esa acumulación es el hallazgo anatomopatológico constante en la enfermedad de Ménière, un trastorno del oído interno descrito por Prosper Ménière en 1861 y caracterizado por episodios de vértigo rotatorio, acúfenos y pérdida auditiva fluctuante. La resonancia magnética con contraste intravenoso y secuencias específicas permite hoy visualizar el hidrops in vivo, algo que hasta hace pocos años solo era posible en estudios post mortem. Del griego ἔνδον (éndon, «dentro») y el latín lympha («agua, líquido»). Se llamó así porque ocupa el interior del laberinto membranoso; la perilinfa (del griego περί, perí, «alrededor»), en cambio, circula por fuera de él. Porque la célula ciliada necesita ese gradiente para funcionar. Si la endolinfa tuviera la misma composición que un líquido extracelular convencional (rico en sodio), el potencial endococlear desaparecería y la corriente de transducción no se generaría con la eficiencia necesaria. La estría vascular mantiene activamente esa composición insólita mediante bombas iónicas especializadas. No. Son los dos líquidos del oído interno, pero ocupan compartimentos diferentes y tienen composiciones opuestas. La perilinfa se parece al líquido cefalorraquídeo (rica en sodio, pobre en potasio); la endolinfa, al citoplasma celular (rica en potasio, pobre en sodio). Si la membrana que los separa se rompe y se mezclan, el efecto sobre las células ciliadas puede ser tóxico y producir pérdida auditiva o vértigo. Es la acumulación excesiva de endolinfa dentro del laberinto membranoso. Provoca distensión de las membranas y alteración de la función auditiva y vestibular. Se asocia de forma constante con la enfermedad de Ménière, aunque puede encontrarse también en otros cuadros otológicos y, ocasionalmente, en individuos asintomáticos. Si desea profundizar en conceptos asociados a la endolinfa, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la endolinfa
Composición iónica y potencial endococlear
Papel en la audición y el equilibrio
Alteraciones del volumen endolinfático
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre «endolinfa»?
¿Por qué la endolinfa es rica en potasio y no en sodio?
¿Es lo mismo endolinfa que perilinfa?
¿Qué es el hidrops endolinfático?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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