DICCIONARIO MÉDICO
Degeneración en empalizada
La degeneración en empalizada (denominada lattice degeneration en la literatura anglosajona) es una lesión atrófica de la retina periférica que se caracteriza por áreas de adelgazamiento retiniano con adherencias vítreas en sus bordes. Aparece en un 6 a 8 % de la población general y constituye la degeneración periférica con mayor relevancia clínica por su asociación con el desprendimiento de retina. El nombre "empalizada" (del francés palissade, y este del latín palus, estaca) alude a las líneas blanquecinas finas que cruzan las lesiones siguiendo el trayecto de los vasos retinianos esclerosados, recordando una valla de estacas paralelas. En inglés se usa lattice (enrejado, celosía), que describe el mismo patrón lineal desde otro ángulo visual. Ambos términos conviven en la práctica clínica. Las lesiones se presentan como bandas ovaladas o fusiformes de retina adelgazada, situadas entre el ecuador del ojo y la ora serrata, con una orientación preferentemente circunferencial. Suelen ser bilaterales en un tercio a la mitad de los pacientes. Desde el punto de vista histopatológico, la retina dentro de la lesión muestra pérdida de sus capas internas, sustitución del tejido normal por una lámina de tejido glial y vasos con paredes hialinizadas que dan origen a las líneas blancas visibles en el examen de fondo de ojo. Un rasgo que define a la empalizada frente a otras degeneraciones periféricas es la situación del vítreo adyacente: sobre la lesión, el gel vítreo está licuado (ha perdido su consistencia normal), mientras que en los bordes mantiene una adherencia anormalmente firme a la retina. Esta combinación de vítreo líquido sobre retina fina y tracción en los márgenes explica por qué la empalizada puede generar desgarros retinianos cuando el vítreo se desprende con la edad. Con el envejecimiento, el cuerpo vítreo experimenta un proceso natural de licuefacción progresiva y, eventualmente, se separa de la superficie retiniana: el llamado desprendimiento de vítreo posterior. En un ojo sin degeneraciones periféricas, esa separación suele producirse sin consecuencias. Cuando existe una lesión en empalizada, la tracción que ejerce el vítreo al desprenderse se concentra en los bordes de la lesión, donde las adherencias son más sólidas. Esa tracción focalizada puede rasgar la retina. El resultado es un desgarro en herradura, a través del cual el líquido vítreo penetra debajo de la retina neurosensorial y la separa del epitelio pigmentario subyacente: un desprendimiento de retina regmatógeno. No todas las empalizadas producen desgarros; de hecho, la mayoría permanecen estables durante toda la vida. Se estima que entre un 20 y un 30 % de los pacientes con desprendimiento de retina regmatógeno presentan degeneración en empalizada, pero la inmensa mayoría de las personas con empalizada nunca sufrirán un desprendimiento. Dentro de las propias lesiones también pueden formarse agujeros retinianos atróficos (redondos, sin tracción), generalmente de bajo riesgo. Conviene no confundirlos con los desgarros en herradura, que sí requieren intervención. Junto a la forma clásica con líneas blanquecinas vasculares, se reconocen otras presentaciones. La más frecuente es la degeneración en baba de caracol (snail-track degeneration), que muchos autores consideran una fase precoz o un subtipo morfológico de la propia empalizada. Se identifica por depósitos blanquecinos brillantes y confluentes que recubren la retina adelgazada, sin las líneas vasculares nítidas de la forma clásica. La miopía es el factor de riesgo más consistente. La prevalencia de empalizada en ojos miopes duplica o triplica la de la población general, y aumenta con el grado del defecto refractivo, porque la elongación axial del globo estira y adelgaza la retina periférica. Otros factores descritos incluyen los antecedentes familiares de desprendimiento de retina y determinados síndromes hereditarios del tejido conectivo, como el síndrome de Stickler, en el que las alteraciones del colágeno vítreo favorecen una tracción precoz y más intensa sobre la retina. Del francés palissade, que a su vez procede del latín palus (estaca). Las líneas blancas que cruzan la lesión recordaron a los primeros observadores una hilera de estacas clavadas en paralelo. El equivalente inglés, lattice, evoca un enrejado. No. La mayoría de las empalizadas no requieren ningún tipo de intervención, solo vigilancia periódica. La fotocoagulación con láser se reserva para casos en los que se detectan desgarros retinianos o cuando concurren factores de alto riesgo, como antecedentes de desprendimiento en el otro ojo. Es una decisión que el oftalmólogo valora caso por caso. Sí. La miopía eleva la probabilidad, pero la degeneración en empalizada se ha documentado en ojos emétropes e incluso hipermétropes. La prevalencia en la población general se sitúa en torno al 6-8 %, mientras que en miopes puede alcanzar el doble de esa cifra. En la gran mayoría de los casos, ninguno. Las degeneraciones periféricas son hallazgos de exploración, no motivos de consulta. Solo si aparecen desgarros o tracción vítrea significativa pueden surgir fotopsias (destellos de luz) o un aumento brusco de miodesopsias (moscas volantes), señales que exigen una revisión oftalmológica urgente. Si desea profundizar en conceptos asociados a la degeneración en empalizada, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la degeneración en empalizada
Mecanismo vítreo-retiniano y riesgo de desprendimiento
Variantes morfológicas y factores de riesgo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre "empalizada"?
¿La degeneración en empalizada siempre requiere láser?
¿Se puede tener empalizada sin ser miope?
¿Produce algún síntoma por sí sola?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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