DICCIONARIO MÉDICO
Comunicación interventricular
La comunicación interventricular (CIV) es un orificio en el tabique que separa los dos ventrículos del corazón. Se clasifica como cardiopatía congénita acianógena y ocupa, tras la válvula aórtica bicúspide, el segundo puesto entre las malformaciones cardíacas presentes al nacer, con alrededor del 20 % de todos los defectos congénitos del corazón. Se denomina comunicación interventricular al defecto congénito del corazón en el que el tabique interventricular no se forma por completo durante el desarrollo embrionario, dejando una abertura que conecta el ventrículo izquierdo con el ventrículo derecho. A través de ese orificio, la sangre oxigenada del ventrículo izquierdo, que funciona a presiones más altas, pasa hacia el ventrículo derecho y de allí vuelve a los pulmones. Es lo que se conoce como cortocircuito izquierda-derecha. En latín, communicatio designa la acción de poner algo en común. Interventricular se forma con inter ("entre") y ventricularis, del diminutivo ventriculus ("vientre pequeño"), con el que se nombró a las cámaras inferiores del corazón por su aspecto de cavidad abombada. El tabique que las separa se desarrolla durante las primeras ocho semanas de gestación, cuando el tubo cardíaco primitivo se divide progresivamente en cuatro cámaras; si esa tabicación queda incompleta, persiste el defecto. CIV perimembranosa. Es la más frecuente y representa alrededor del 80 % de los casos. Se sitúa en la porción membranosa del tabique, una zona fibrosa pequeña localizada justo por debajo de la válvula aórtica. Muchas CIV perimembranosas de pequeño tamaño se cierran de forma espontánea durante los primeros años de vida gracias al aposicionamiento del tejido de la válvula tricúspide, que forma una especie de "bolsa" sobre el defecto. Las CIV musculares asientan en la porción muscular gruesa del tabique. Pueden ser múltiples (el llamado tabique "en queso suizo", una imagen que los cardiólogos pediátricos emplean porque describe con precisión la perforación multifocal del tejido). Este tipo también muestra una alta tasa de cierre espontáneo. Un tercer grupo lo constituyen las CIV de salida o supracristales, situadas justo debajo de las válvulas semilunares (aórtica y pulmonar). Son las menos frecuentes en población occidental, pero su proporción aumenta en algunas poblaciones de Asia Oriental. Las CIV de salida, al contrario que las musculares, prácticamente nunca se cierran solas y requieren corrección. La consecuencia directa de una CIV depende de su tamaño. Cuando el orificio es pequeño (menor de un tercio del diámetro del anillo aórtico), limita el paso de sangre y las presiones en la arteria pulmonar se mantienen normales. A la auscultación se percibe un soplo holosistólico intenso en el borde esternal izquierdo; una paradoja bien conocida es que los defectos pequeños generan soplos más llamativos que los grandes, porque la alta velocidad del chorro a través de un orificio estrecho produce más turbulencia. Los defectos grandes no restringen el flujo. La aurícula y el ventrículo izquierdos se dilatan por el volumen extra que retorna de los pulmones, y la presión pulmonar se eleva. Si la situación se prolonga sin corrección durante años, puede desarrollarse vasculopatía pulmonar irreversible. Cuando la presión pulmonar supera a la sistémica, el cortocircuito se invierte (derecha-izquierda) y aparece cianosis. Esa evolución final se conoce como síndrome de Eisenmenger. La CIV es la cardiopatía congénita más frecuente si se excluye la válvula aórtica bicúspide, y representa cerca de la mitad de todos los defectos cardíacos diagnosticados en el recién nacido. Las series ecocardiográficas de cribado neonatal elevan la prevalencia hasta 50 por cada 10 000 nacidos vivos, una cifra que baja con los meses porque muchos defectos musculares y perimembranosos pequeños se cierran solos. Se ha descrito también la CIV adquirida en el adulto como complicación de un infarto agudo de miocardio, por rotura del tabique necrosado. Es una situación muy distinta a la malformación congénita, infrecuente y de gravedad elevada. Literalmente, una conexión entre los dos ventrículos del corazón. Inter procede del latín "entre" y ventriculus es el diminutivo de venter ("vientre"), porque la forma abombada de las cámaras inferiores recordó a los primeros anatomistas un pequeño vientre. En la práctica clínica se utiliza casi siempre la sigla CIV. En una proporción notable de casos, sí. Los defectos musculares pequeños y parte de los perimembranosos tienden a cerrarse de manera espontánea durante los primeros dos o tres años de vida. Las CIV de salida, en cambio, no lo hacen. No. Ambas son orificios anómalos dentro del corazón, pero en niveles distintos. La comunicación interauricular (CIA) afecta al tabique entre las aurículas, las cámaras superiores. La CIV afecta al tabique entre los ventrículos, las cámaras inferiores, donde las presiones son más altas y las consecuencias hemodinámicas suelen manifestarse antes cuando el defecto es grande. Sí, aunque es poco habitual. La rotura del tabique interventricular puede ocurrir como complicación mecánica de un infarto de miocardio, generalmente en la primera semana tras el evento. Se trata de una urgencia que no guarda relación con la malformación congénita. Si desea profundizar en conceptos asociados a la comunicación interventricular, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la comunicación interventricular
Clasificación según la localización del defecto
Hemodinámica del cortocircuito
Frecuencia y cierre espontáneo
Preguntas frecuentes
¿Qué significa exactamente "comunicación interventricular"?
¿Se cierra sola la comunicación interventricular?
¿Es lo mismo una CIV que una CIA?
¿Puede aparecer una CIV en la edad adulta sin ser congénita?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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