DICCIONARIO MÉDICO
Claudicación intermitente neurógena
La claudicación intermitente neurógena, también llamada pseudoclaudicación, es el dolor, debilidad o entumecimiento en las piernas que se desencadena al caminar o al permanecer de pie de forma prolongada, y que tiene su origen en la compresión de las raíces nerviosas dentro del canal espinal lumbar. No debe confundirse con la claudicación intermitente de origen vascular, cuyo mecanismo es la insuficiencia arterial. El adjetivo «neurógena» (del griego νεῦρον, «nervio», y γένος, «origen») indica que el problema se localiza en el sistema nervioso, no en la circulación. Fue Henk Verbiest, neurocirujano holandés, quien en 1954 describió de manera sistemática este cuadro al estudiar a pacientes con estenosis del canal lumbar que referían molestias progresivas en las piernas durante la marcha. Verbiest introdujo el concepto de que un canal raquídeo anatómicamente estrecho podía ser la causa de síntomas que imitaban la insuficiencia arterial, y acuñó el término «estenosis del canal lumbar» tal como se usa hoy. La claudicación, como concepto semiológico, designa la interrupción de la marcha por limitación funcional ligada al esfuerzo. En la forma neurógena, lo que falla no es el aporte de sangre al músculo, sino la capacidad de los nervios comprimidos para mantener la transmisión de señales cuando la demanda metabólica del tejido nervioso aumenta. Las raíces de la cola de caballo, el haz de nervios que desciende por debajo de la médula espinal, discurren dentro del canal raquídeo lumbar. Con el envejecimiento, varios cambios degenerativos van reduciendo ese espacio: el disco intervertebral pierde altura, las articulaciones facetarias se hipertrofian y el ligamento amarillo se engrosa. También la espondilolistesis degenerativa o la escoliosis del adulto pueden contribuir al estrechamiento. En reposo, el espacio disponible resulta suficiente. Al caminar, la lordosis lumbar se acentúa ligeramente, las estructuras óseas y ligamentosas se acercan entre sí y la presión sobre las raíces nerviosas aumenta. En esas condiciones, la microvasculatura que nutre a los propios nervios (la llamada vasa nervorum) se ve comprimida y no puede aumentar el flujo sanguíneo al ritmo que exige la actividad nerviosa. El resultado es un dolor difuso en las piernas, a menudo bilateral, con sensación de pesadez, hormigueo o debilidad que obliga a sentarse o a inclinarse hacia delante. La confusión entre ambas formas es frecuente porque comparten la secuencia de molestias al andar y alivio con el descanso. Hay, no obstante, diferencias prácticas que orientan al clínico. Subir una pendiente agrava la claudicación vascular (el músculo demanda más oxígeno), pero puede aliviar la neurógena, porque la flexión del tronco abre el canal. Al contrario, bajar escaleras es particularmente molesto en la forma neurógena, ya que el cuerpo tiende a inclinarse hacia atrás y la extensión lumbar reduce el diámetro del canal. El paciente con pseudoclaudicación suele encontrar alivio al apoyarse en un carrito de la compra o al sentarse con el tronco flexionado, posturas que la claudicación vascular no requiere. Los pulsos arteriales pedios están conservados en la forma neurógena y disminuidos o ausentes en la vascular. Las pruebas de imagen (resonancia magnética lumbar, principalmente) confirman la estenosis del canal, y el índice tobillo-brazo descarta o confirma la coexistencia de enfermedad arterial periférica. La coexistencia de ambos cuadros en un mismo paciente anciano no es rara. Es un sinónimo de claudicación neurógena. El prefijo «pseudo-» (falsa) se utilizó históricamente para indicar que la claudicación no era de origen vascular, la forma que se conoció primero. Hoy, el término sigue en uso, aunque puede resultar engañoso: no se trata de una claudicación falsa, sino de una claudicación real con un mecanismo diferente. Generalmente a partir de los 60 años, cuando los cambios degenerativos de la columna lumbar alcanzan un grado suficiente para comprimir las raíces nerviosas. Se estima que la estenosis del canal lumbar está presente en el 20 % de las personas mayores de esa edad en estudios de imagen, aunque solo un 10 % de ellas desarrolla claudicación neurógena con repercusión funcional. En la mayoría de los casos, sí. La flexión del tronco amplía el diámetro del canal raquídeo y reduce la presión sobre las raíces nerviosas. Es una pista clínica muy útil: si un paciente refiere que camina sin problemas apoyado en un carro pero le duelen las piernas al pasear erguido, la sospecha de claudicación neurógena es alta. No. La ciática se produce habitualmente por la compresión de una raíz nerviosa concreta (la L5 o la S1, en la mayoría de los casos), a menudo por una hernia discal, y suele manifestarse como dolor que baja por un solo lado de la pierna siguiendo un trayecto nervioso definido. La claudicación neurógena implica la compresión del conjunto de las raíces en el canal central y tiende a producir síntomas bilaterales, más difusos y con clara relación con la marcha. Si desea profundizar en conceptos asociados a la claudicación neurógena, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la claudicación neurógena
Por qué se comprimen los nervios al caminar
Cómo distinguirla de la claudicación vascular
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «pseudoclaudicación»?
¿A qué edad suele aparecer?
¿Inclinarse hacia delante alivia siempre las molestias?
¿Es lo mismo claudicación neurógena que ciática?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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