DICCIONARIO MÉDICO

Cemento dental

El cemento dental, denominado también cemento radicular, es un tejido conectivo mineralizado que recubre la dentina de la raíz del diente. Carece de vasos sanguíneos y de terminaciones nerviosas. Su función principal consiste en anclar las fibras del ligamento periodontal a la superficie radicular, con lo que mantiene cada pieza dentaria fijada al hueso alveolar.

Qué es el cemento dental

El cemento dental es uno de los cuatro tejidos duros del diente, junto con el esmalte, la dentina y el hueso alveolar. Se extiende desde la unión amelocementaria (el límite donde termina el esmalte de la corona) hasta el ápice de la raíz, y su grosor varía: unas pocas decenas de micrómetros en el cuello del diente, hasta varios centenares cerca del extremo apical. De color amarillo pálido, resulta más blando que la dentina y bastante más que el esmalte, con una dureza comparable a la del hueso laminar.

La palabra procede del latín caementum, que en la Roma clásica designaba la piedra bruta de cantera o las esquirlas de mármol utilizadas para fabricar argamasa. El propio caementum deriva del verbo caedere (cortar, tallar), porque la piedra se obtenía cortándola de la roca madre. La anatomía adoptó el término en el siglo XVII para nombrar este tejido que, a modo de mortero biológico, une la raíz al aparato de sostén del diente. En español, la Real Academia recoge «cemento» con la acepción de revestimiento de la raíz desde las ediciones decimonónicas del diccionario médico, aunque durante buena parte del siglo XIX los textos de anatomía dental en castellano alternaban «cemento» con «sustancia ósea de la raíz».

Composición y organización del cemento radicular

Desde el punto de vista químico, el cemento presenta una mineralización intermedia entre el esmalte (el tejido más duro del organismo) y la dentina. Aproximadamente un 45-50 % de su peso corresponde a materia inorgánica, representada sobre todo por cristales de hidroxiapatita; el resto se reparte entre una matriz orgánica rica en colágeno de tipo I (alrededor del 90 % de la fracción proteica) y agua. Esta proporción lo sitúa muy cerca de la composición del hueso, con el que comparte además un patrón de crecimiento por aposición de capas sucesivas.

No obstante, cemento y hueso difieren en puntos que conviene no pasar por alto. El cemento carece por completo de vascularización e inervación, de modo que sus células obtienen los nutrientes por difusión desde el ligamento periodontal vecino. Tampoco experimenta la remodelación activa que caracteriza al tejido óseo: una vez depositado, el cemento no se reabsorbe y se reemplaza en condiciones fisiológicas normales, sino que se acumula capa sobre capa a lo largo de la vida. Esa resistencia relativa a la resorción es, de hecho, la propiedad que hace viable el movimiento ortodóncico: las fuerzas aplicadas al diente reabsorben hueso alveolar en la dirección del desplazamiento, mientras que el cemento de la raíz permanece intacto.

Tipos de cemento

La clasificación histológica clásica distingue dos variedades principales según la presencia o ausencia de células en su interior.

Cemento acelular (primario). Se deposita primero durante la odontogénesis, antes de que el diente alcance el plano de oclusión. Predomina en los dos tercios coronales de la raíz. En él, los cementoblastos secretan la matriz desde la superficie y luego migran sin quedar atrapados, de manera que el tejido resultante no contiene células. Las fibras extrínsecas de Sharpey, procedentes del ligamento periodontal, penetran perpendicularmente en esta capa y constituyen el anclaje mecánico directo del diente al alvéolo.

Cemento celular (secundario). Aparece más tarde, cuando el diente ya ha entrado en función. Se localiza preferentemente en el tercio apical de la raíz y en la zona de furca de los molares. Aquí, parte de los cementoblastos quedan englobados dentro de la matriz que ellos mismos producen: se alojan en lagunas denominadas cementoplastos y pasan a llamarse cementocitos. Estos cementocitos mantienen prolongaciones citoplasmáticas que se ramifican hacia el ligamento periodontal, del cual reciben nutrientes por difusión. El cemento celular contiene tanto fibras intrínsecas (sintetizadas por los propios cementoblastos) como extrínsecas.

Además de estas dos variedades mayores, la nomenclatura histológica moderna reconoce un cemento acelular afibrilar, presente en pequeños islotes cerca de la unión amelocementaria y carente tanto de células como de fibras de inserción, y un cemento celular con fibras mixtas, que combina fibras intrínsecas y extrínsecas en el tercio apical. Son variantes de interés para el histólogo, pero su relevancia clínica resulta menor.

Cementogénesis y vaina de Hertwig

La formación del cemento depende de un episodio previo: la fragmentación de la vaina epitelial radicular de Hertwig. Durante el desarrollo del diente, esta vaina crece en dirección apical e induce la diferenciación de los odontoblastos radiculares, que depositan la primera capa de dentina de la raíz. Cumplida esa función inductora, la vaina se desintegra y deja paso a las células mesenquimales del folículo dentario, que contactan con la dentina recién formada. Señales procedentes de esta dentina (entre ellas, proteínas morfogenéticas óseas del grupo BMP) estimulan a dichas células mesenquimales a diferenciarse en cementoblastos. Los restos epiteliales que quedan tras la fragmentación de la vaina se conocen como restos de Malassez y persisten en el ligamento periodontal del adulto.

Una vez completado el desarrollo radicular, la deposición de cemento no se detiene. Continúa a lo largo de toda la vida del diente, a un ritmo lento pero constante, lo que permite compensar el desgaste oclusal y mantener estable la posición del diente en su alvéolo. En dientes de personas de edad avanzada, el espesor del cemento apical puede multiplicarse varias veces respecto al de un adulto joven.

Relaciones anatómicas en la unión amelocementaria

La unión amelocementaria marca la frontera entre la corona (cubierta de esmalte) y la raíz (cubierta de cemento). Su configuración no es uniforme. En aproximadamente el 60 % de los casos, el cemento se superpone ligeramente al esmalte. En un 30 %, cemento y esmalte contactan borde con borde. Y en cerca de un 10 %, queda una franja estrecha de dentina expuesta entre ambos, sin cobertura de ninguno de los dos tejidos. Esta última variante tiene importancia clínica porque la dentina descubierta puede dar lugar a sensibilidad cervical si la encía se retrae.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra «cemento» en odontología?

Del latín caementum, que significaba piedra bruta de cantera o cascote para argamasa, derivado a su vez de caedere (cortar). La anatomía del siglo XVII tomó prestado el término para este tejido que actúa, en cierto sentido, como el mortero que sujeta la raíz al hueso.

¿Es lo mismo cemento dental que cemento radicular?

Sí. Ambos nombres designan el mismo tejido: la capa mineralizada que reviste la raíz del diente. «Cemento radicular» simplemente explicita que se localiza en la raíz (del latín radix), frente al esmalte, que cubre la corona.

¿El cemento dental se regenera si se daña?

Depende. Puede producirse neoformación de cemento en determinadas condiciones, por ejemplo durante la reparación de una resorción radicular localizada o tras procedimientos de regeneración tisular guiada en periodoncia. Sin embargo, esa capacidad es limitada y no equivale a la remodelación constante del hueso.

¿Tiene relación el cemento dental con la sensibilidad dentaria?

Cuando la encía se retrae y el cemento queda expuesto al medio oral, se desgasta con facilidad porque es considerablemente más blando que el esmalte. Si se pierde, la dentina subyacente queda al descubierto junto con sus túbulos, lo que permite que estímulos térmicos o químicos alcancen la pulpa y provoquen dolor. Es una de las causas habituales de hipersensibilidad cervical.

¿Qué diferencia hay entre el cemento del diente y el cemento que usa el dentista?

No. Son cosas distintas que comparten nombre por razones históricas. El cemento como tejido biológico es la capa mineralizada natural de la raíz. Los cementos odontológicos (de ionómero de vidrio, de resina, de fosfato de cinc, etc.) son biomateriales sintéticos que se emplean para fijar restauraciones, sellar conductos o proteger la pulpa.

Referencias

  1. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. Anatomía del diente. MedlinePlus en español.
  2. Manual MSD. Biología de los dientes. Versión para público general.
  3. Real Academia Española. Cemento. Diccionario de la lengua española, 23.ª edición.
  4. Facultad de Odontología, Universidad de la República (Uruguay). Caracteres histológicos-moleculares del cemento dental. Odontoestomatología, 2023.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos vinculados al cemento dental, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Cemento: acepciones médicas del término cemento, desde el tejido biológico hasta los biomateriales quirúrgicos.
  • Cemento del diente: el cemento como componente estructural de la anatomía dentaria.
  • Cementoblasto: célula responsable de la síntesis y secreción de la matriz cementaria.
  • Dentina: tejido mineralizado que constituye el mayor volumen del diente, situado bajo el esmalte y el cemento.
  • Esmalte: cubierta externa de la corona dentaria, el tejido más duro del cuerpo humano.
  • Periodonto: conjunto de tejidos de soporte del diente, del que el cemento forma parte.
  • Odontogénesis: proceso de desarrollo embrionario del diente, incluida la formación del cemento.
  • Odontoblasto: célula formadora de la dentina, análoga funcional del cementoblasto en la raíz.

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