DICCIONARIO MÉDICO

Odontoblasto

El odontoblasto es la célula responsable de formar la dentina, el tejido mineralizado que constituye la mayor parte de la estructura del diente. Se sitúa en la periferia de la pulpa dental, alineado junto a sus vecinos como los tablones de una empalizada, y a diferencia de otras células formadoras de tejido duro, permanece activo durante toda la vida de la pieza dental.

Qué es el odontoblasto

El nombre combina odont(o)-, del griego ὀδούς/ὀδόντος, "diente", con blasto, del griego βλαστός, "germen" o "retoño", voz que el lenguaje científico moderno adoptó para designar una célula inmadura o formadora de tejido. Se trata de una acuñación relativamente reciente: se documenta por primera vez en inglés en 1878, en pleno auge de la histología decimonónica.

Anatómicamente es una célula alta, de forma columnar, polarizada: el núcleo ocupa una posición basal y el resto de la maquinaria de síntesis (retículo endoplásmico rugoso, aparato de Golgi) se concentra hacia el polo opuesto, orientado hacia la dentina que va a producir.

Origen y diferenciación

Los odontoblastos no proceden del epitelio, sino de las células mesenquimales de la papila dental, derivadas a su vez de la cresta neural craneal. Durante la fase de campana del desarrollo dentario, las células del epitelio del esmalte interno inducen a las células situadas en la periferia de esa papila a diferenciarse en odontoblastos, en uno de los ejemplos mejor documentados de inducción recíproca entre epitelio y mesénquima. Esta interacción, que también rige la formación del esmalte por los ameloblastos, es la base de todo el proceso conocido como odontogénesis.

Función: la formación de la dentina

El odontoblasto secreta primero una matriz orgánica no mineralizada, la predentina, compuesta sobre todo por colágeno tipo I y en menor proporción por los tipos III y V, junto con una fosfoproteína ácida que atrae con fuerza al calcio. Cuando la predentina alcanza unos cinco micrómetros de grosor, comienza a mineralizarse en puntos concretos: se forman pequeñas esferas de hidroxiapatita, los calcosferitos, que acaban fusionándose entre sí. La primera capa mineralizada recibe el nombre de dentina de manto; el resto, mucho más voluminoso, se llama dentina circumpulpar.

A medida que deposita esta matriz, el cuerpo celular del odontoblasto se retira hacia el centro de la pulpa, dibujando una trayectoria en forma de ese. Deja tras de sí una larga prolongación citoplasmática (la llamada prolongación de Tomes, en honor al cirujano dental inglés que la describió en el siglo XIX) alojada en un conducto microscópico, el túbulo dentinario. Son estas prolongaciones, más que el cuerpo celular, las que ocupan casi todo el espesor de la dentina madura y le confieren su particular sensibilidad al frío o al tacto. La dentina no tiene vasos propios, al contrario que el esmalte: recibe su nutrición precisamente a través de estas extensiones, como cables que mantienen con vida un tejido que por sí mismo carece de riego sanguíneo.

Actividad a lo largo de toda la vida

La producción de dentina no termina cuando el diente completa su formación. Tras la dentina primaria, depositada durante el desarrollo, el odontoblasto sigue añadiendo dentina secundaria a un ritmo mucho más lento durante el resto de la vida del diente, lo que reduce de forma progresiva el volumen de la cámara pulpar con la edad. Ante una agresión externa, el odontoblasto puede además producir dentina terciaria, un mecanismo reparador que trata de sellar la zona amenazada, por ejemplo cuando el avance de una caries se aproxima a la pulpa.

Si el odontoblasto original resulta destruido, células indiferenciadas de la pulpa pueden diferenciarse en su lugar y asumir la misma función. La dentina, en cambio, persiste durante mucho tiempo aunque las células que la generaron hayan desaparecido.

Diferenciación con otras células formadoras de tejido duro

Suele confundirse con el ameloblasto, la célula que forma el esmalte, aunque ambas siguen caminos casi opuestos: el ameloblasto procede del epitelio dental, no del mesénquima, y desaparece tras la erupción del diente, mientras que el odontoblasto persiste indefinidamente. Con el osteoblasto, la célula formadora de hueso, la semejanza es sobre todo funcional. El osteoblasto acaba con frecuencia atrapado en su propia matriz, convertido en osteocito; el odontoblasto, no. Su cuerpo celular permanece siempre en la pulpa, fuera de la dentina que produce, unido a ella solo por la prolongación citoplasmática. El cementoblasto forma el cemento que recubre la raíz y comparte con el odontoblasto su origen en el folículo dental, aunque genera un tejido con muchas menos células incluidas en su matriz.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo se documentó por primera vez esta palabra?

En 1878, en un texto científico en inglés, en un momento en que la histología empezaba a describir con precisión las células responsables de cada tejido del organismo.

¿Desaparecen los odontoblastos cuando el diente termina de formarse?

No. Los ameloblastos se pierden tras la erupción dental; los odontoblastos, en cambio, permanecen activos en la periferia de la pulpa durante toda la vida de la pieza, produciendo dentina de forma continua aunque cada vez más lenta.

¿Quién dio nombre a la prolongación de Tomes?

Sir John Tomes, cirujano dental inglés del siglo XIX cuyas investigaciones sobre la histología del hueso y de los dientes, publicadas entre 1849 y 1856, sentaron buena parte de las bases de la odontología moderna. Su nombre quedó asociado a la prolongación citoplasmática del odontoblasto que él mismo describió, una de las escasas estructuras dentales que aún se identifican por un epónimo en la literatura científica actual.

¿Es lo mismo un odontoblasto que un ameloblasto?

No, aunque ambos participan en el mismo proceso de formación dental y trabajan prácticamente pegados el uno al otro. El odontoblasto fabrica dentina y procede del mesénquima; el ameloblasto fabrica esmalte y procede del epitelio. Uno de los dos, además, tiene una vida mucho más corta que el otro: el ameloblasto desaparece una vez que el diente ha erupcionado, mientras que el odontoblasto sigue trabajando durante décadas.

Referencias

  1. Farci F, Soni A. Histology, Tooth. StatPearls. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. (NIH). Disponible en: NCBI Bookshelf.
  2. Rathee M, Jain P. Embryology, Teeth. StatPearls. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. (NIH). Disponible en: NCBI Bookshelf.
  3. Sir John Tomes. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. (PMC). Disponible en: PMC.
  4. Kawashima N. Odontoblasts: Specialized hard-tissue-forming cells in the dentin-pulp complex. Congenit Anom (Kyoto). Disponible en: PubMed.

Entradas relacionadas

  • Dentina: tejido mineralizado que el odontoblasto produce y mantiene, situado entre el esmalte y la pulpa.
  • Odontogénesis: proceso completo de formación del diente en el que se originan los odontoblastos.
  • Diente: órgano duro insertado en los maxilares que interviene en la masticación y la fonación.
  • Osteoblasto: célula formadora de hueso, con una función comparable a la del odontoblasto en otro tejido.
  • Cementoblasto: célula que forma el cemento dental, con un origen embrionario cercano al del odontoblasto.

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