DICCIONARIO MÉDICO
Castración
La castración designa la supresión, permanente o transitoria, de la función gonadal. En el varón equivale a la pérdida de los testículos (orquiectomía bilateral); en la mujer, a la extirpación de los ovarios (ooforectomía bilateral). Las consecuencias inmediatas son la esterilidad y una reducción drástica de la producción de hormonas sexuales. Desde el punto de vista médico, la castración es cualquier acción (quirúrgica, química o física) que anula la función de las gónadas. El término técnico genérico para la extirpación de las gónadas es gonadectomía, que se subdivide en orquiectomía cuando se refiere a los testículos y ooforectomía cuando implica los ovarios. La palabra viene del latín castrare, cuyo significado primario era cortar, podar. Los lingüistas la relacionan con la raíz indoeuropea *kes-, que aparece también en el sánscrito śásati (cortar) y en el griego κεάζειν (keázein, hendir). En latín se aplicó tempranamente al acto de extirpar los testículos de animales domésticos, y su uso en contexto humano está documentado al menos desde Plinio el Viejo en el siglo I d. C. La castración quirúrgica consiste en la extirpación física de las gónadas. En el varón, la orquiectomía bilateral elimina tanto la producción de espermatozoides como la secreción de testosterona. La orquiectomía subcapsular, que preserva la cápsula testicular (la albugínea), extrae únicamente el parénquima productor de hormonas y permite un resultado cosmético menos visible. Existe también la llamada castración química, que no implica ninguna intervención quirúrgica. Se basa en la administración de fármacos que suprimen la producción o la acción de los andrógenos. A diferencia de la castración quirúrgica, sus efectos son reversibles: al suspender la medicación, la función gonadal puede recuperarse en un plazo variable. Menos frecuente hoy, pero documentada históricamente, la castración por medios físicos (aplastamiento, torsión, ligadura vascular) fue practicada durante siglos en contextos no médicos. La pérdida de la función gonadal pone en marcha una cascada hormonal predecible. Al desaparecer la retroalimentación negativa que ejercen las hormonas sexuales sobre el eje hipotálamo-hipofisario, se elevan las gonadotropinas (LH y FSH). La caída brusca de testosterona en el varón o de estrógenos en la mujer reproduce el perfil hormonal del hipogonadismo hipergonadotrópico. Las repercusiones a largo plazo incluyen pérdida de masa ósea, redistribución del tejido adiposo, alteraciones del perfil lipídico y modificaciones de la composición corporal. En varones castrados antes de la pubertad, además, no se desarrollan los caracteres sexuales secundarios (vello facial, cambio de voz, aumento de la masa muscular). La historia de los castrati en la ópera italiana de los siglos XVII y XVIII ofrece un ejemplo bien documentado de estas consecuencias: voces agudas conservadas en cuerpos con crecimiento óseo prolongado por el retraso en el cierre epifisario. La castración humana tiene una historia larga y compleja. En el Imperio bizantino y en la China imperial, los eunucos desempeñaron funciones administrativas y palatinas durante siglos. En el ámbito religioso, la castración ritual aparece en cultos como el de Cibeles en la Antigüedad clásica. En la música, la práctica de castrar niños para preservar el registro vocal soprano se extendió en Italia desde finales del siglo XVI hasta que el papa León XIII la prohibió definitivamente en 1903. En la medicina moderna, la orquiectomía adquirió un papel definido a partir del reconocimiento de la dependencia hormonal de ciertos procesos fisiológicos y patológicos. Charles-Édouard Brown-Séquard fue uno de los primeros en estudiar experimentalmente los efectos de la castración en animales de laboratorio en la década de 1880, sentando las bases de la endocrinología. Del latín castrare (cortar, podar), emparentado con la raíz indoeuropea *kes- que designa la acción de seccionar. Plinio el Viejo ya empleaba el término en el siglo I para referirse a la extirpación testicular. No. La esterilización puede lograrse sin extirpar las gónadas (por ejemplo, mediante vasectomía en el varón o ligadura tubárica en la mujer), lo que preserva la producción hormonal. La castración elimina tanto la fertilidad como la función endocrina gonadal. Sí, en la mayoría de los casos. Al suspender el fármaco que bloquea la producción de andrógenos, la función testicular suele restablecerse en un plazo de semanas a meses. La castración quirúrgica, en cambio, es irreversible. Si desea profundizar en conceptos asociados a la castración, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la castración
Modalidades de castración
Consecuencias endocrinológicas
Contexto histórico
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra castración?
¿Es lo mismo castración que esterilización?
¿La castración química es reversible?
Referencias
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