DICCIONARIO MÉDICO

Arteria tibial posterior

La arteria tibial posterior es la rama más gruesa de la bifurcación de la arteria poplítea. Desciende por el compartimento posterior profundo de la pierna, pasa por detrás del maléolo medial y penetra en el pie a través del túnel del tarso, donde se divide en las arterias plantares medial y lateral. Su pulso, palpable justo detrás del maléolo interno del tobillo, es uno de los puntos de exploración vascular más utilizados en la práctica clínica.

Qué es la arteria tibial posterior

De todas las arterias de la pierna, la tibial posterior es la que asume mayor responsabilidad funcional: lleva sangre oxigenada a los músculos flexores de la pantorrilla y, sobre todo, a toda la planta del pie a través de sus ramas terminales. Nace en el borde inferior del músculo poplíteo, cuando la arteria poplítea se divide en sus ramas terminales. De las dos —tibial anterior y tibial posterior—, la posterior es la de mayor calibre; algunos textos la describen como la verdadera continuación del tronco poplíteo, mientras que la tibial anterior sería la rama que se "desvía" perforando la membrana interósea para pasar al compartimento anterior.

"Tibial" procede del latín tibia, que en la Roma clásica designaba una flauta; la metáfora surgió porque el hueso de la pierna —largo, recto y hueco en su interior— recordaba la forma de ese instrumento. "Posterior" indica sencillamente que la arteria discurre por el compartimento de detrás de la tibia, a diferencia de la tibial anterior, que viaja por delante.

Del músculo poplíteo al maléolo medial

Poco después de originarse, la arteria tibial posterior emite una rama importante: la arteria peronea (fibular), que se separa lateralmente y desciende adherida a la cara posterior del peroné irrigando el compartimento lateral de la pierna. A partir de esa bifurcación, la tibial posterior sigue un trayecto propio, descendiendo oblicuamente por el compartimento posterior profundo entre el músculo tibial posterior y el flexor largo de los dedos, cubierta por encima por el sóleo y el gastrocnemio.

La acompaña de cerca el nervio tibial, que desciende lateral a la arteria durante gran parte del recorrido. Dos venas satélites flanquean el vaso a ambos lados y se comunican entre sí mediante puentes venosos transversales. En la mitad distal de la pierna, conforme la masa muscular de la pantorrilla se adelgaza, la arteria se hace progresivamente más superficial, hasta que en el tercio inferior queda cubierta solo por piel y fascia: es en este tramo donde el vaso se vuelve accesible a la palpación.

El túnel del tarso y las arterias plantares

Al llegar al tobillo, la arteria tibial posterior pasa por detrás del maléolo medial y se introduce en el túnel del tarso (canal tarsiano), un espacio fibro-óseo delimitado por el maléolo medial, el calcáneo y el retináculo de los músculos flexores. Dentro de ese túnel viajan también el nervio tibial y los tendones del tibial posterior, el flexor largo de los dedos y el flexor largo del hallux; la compresión de cualquiera de estas estructuras en el canal es lo que produce el síndrome del canal tarsiano.

Unos centímetros más allá del maléolo —a medio camino entre su punta y la tuberosidad medial del calcáneo—, la arteria se bifurca en sus dos ramas terminales: la arteria plantar medial, más fina, que irriga la cara interna de la planta y el dedo gordo, y la arteria plantar lateral, más gruesa, que cruza la planta en sentido oblicuo y forma el arco plantar profundo al anastomosarse con una rama de la arteria dorsal del pie. Ese arco es el responsable de la irrigación de la mayor parte de los dedos del pie a través de las arterias metatarsianas y digitales plantares.

El pulso tibial posterior en la exploración vascular

El pulso tibial posterior se localiza detrás del maléolo medial, en el surco retromaleolar, aproximadamente a un tercio de la distancia entre la punta del maléolo y el borde posterior del talón. Es un pulso más fiable que el pedio (dorsal del pie) para valorar la perfusión del miembro inferior, porque la arteria dorsal del pie presenta variantes anatómicas con cierta frecuencia —puede ser hipoplásica o estar ausente en un 10-15 % de la población—, mientras que la tibial posterior es casi constante.

Por esa razón, la palpación del pulso tibial posterior ocupa un lugar central en dos contextos clínicos concretos. Uno es el cribado de la enfermedad arterial periférica: la ausencia de pulso tibial posterior a la palpación es uno de los signos más específicos de obstrucción arterial significativa en el eje femoropoplíteo-tibial. El otro es la evaluación del pie diabético, donde la exploración periódica de este pulso —junto con la del pedio— forma parte de los protocolos de prevención de úlceras y amputaciones. El índice tobillo-brazo, la prueba de referencia para cuantificar la perfusión del miembro inferior, se calcula precisamente midiendo la presión sistólica en la arteria tibial posterior (o en la pedia) y comparándola con la presión sistólica braquial.

Preguntas frecuentes

¿Dónde se palpa exactamente el pulso tibial posterior?

Detrás del maléolo medial (el saliente óseo del lado interno del tobillo), en el surco que queda entre el maléolo y el tendón de Aquiles. Se palpa con los dedos índice y medio, presionando suavemente hacia el plano óseo. Si no se encuentra de entrada, conviene flexionar ligeramente el pie hacia abajo (flexión plantar) para relajar el retináculo flexor.

¿Qué diferencia hay entre el pulso tibial posterior y el pedio?

Son dos pulsos distintos del pie. El tibial posterior se palpa detrás del maléolo medial; el pedio (dorsal del pie) se palpa en el dorso del pie, lateral al tendón del extensor largo del hallux. El tibial posterior es más constante anatómicamente: la arteria dorsal del pie falta o es muy fina en un porcentaje apreciable de personas sanas, lo que puede dar falsos negativos si solo se explora el pulso pedio.

¿Por qué este pulso es tan importante en la diabetes?

Porque la diabetes acelera la aterosclerosis en las arterias de mediano y pequeño calibre de la pierna y el pie. La pérdida del pulso tibial posterior indica que la perfusión del pie está comprometida, lo que aumenta el riesgo de úlceras que no cicatrizan y, en última instancia, de amputación. Las guías clínicas recomiendan palpar este pulso en cada revisión del pie diabético.

Referencias

  1. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos. Enfermedad arterial periférica. MedlinePlus en español.
  2. Lezak B, Wehrle CJ, Summers S. Anatomy, Bony Pelvis and Lower Limb: Posterior Tibial Artery. StatPearls, National Library of Medicine.
  3. Real Academia Española. Tibial. Diccionario de la lengua española.
  4. Crawford F, Welch K, Andras A, Chappell FM. Índice tobillo/brazo para el diagnóstico de la enfermedad arterial periférica del miembro inferior. Cochrane Database of Systematic Reviews.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos asociados a la arteria tibial posterior, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Arteria poplítea: el vaso del que nace la arteria tibial posterior, al bifurcarse en el borde inferior del músculo poplíteo.
  • Arteria tibial anterior: la otra rama terminal de la poplítea, que irriga el compartimento anterior de la pierna.
  • Nervio tibial: nervio que acompaña a la arteria tibial posterior durante todo su recorrido por la pierna.
  • Maléolo tibial: la prominencia ósea del tobillo interno, referencia para la palpación del pulso tibial posterior.
  • Síndrome del canal tarsiano: neuropatía por compresión en el túnel del tarso, por el que discurre la arteria tibial posterior.
  • Tendón de Aquiles: estructura posterior del tobillo que sirve de referencia para localizar el surco retromaleolar.
  • Plantar: las arterias plantares medial y lateral son las ramas terminales de la tibial posterior en el pie.
  • Femoral: eslabón previo de la cadena arterial del miembro inferior, que se continúa como poplítea.
  • Pulso: el pulso tibial posterior es uno de los puntos de exploración arterial más relevantes del miembro inferior.

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