DICCIONARIO MÉDICO
Apomorfina
La apomorfina es un agonista dopaminérgico no selectivo que se obtiene por transformación química de la morfina. Pese a su nombre y su origen, carece de propiedades analgésicas y narcóticas. Actúa estimulando los receptores D1 y D2 de la dopamina en el sistema nervioso central. Se trata de un alcaloide semisintético perteneciente al grupo de las aporfinas. Su nombre combina el prefijo griego ἀπό (apó, "a partir de", "derivado de") con morfina, y refleja exactamente su procedencia: una molécula obtenida a partir de la morfina mediante un reordenamiento catalizado por ácido que elimina una molécula de agua y reorganiza el esqueleto tetracíclico del opiáceo original en una estructura diferente. Ese cambio conformacional es el que explica la paradoja farmacológica de la apomorfina: comparte la materia prima con los opiáceos, pero la molécula resultante ha perdido toda afinidad relevante por los receptores opioides y, en cambio, muestra una alta afinidad por los receptores dopaminérgicos. En 1869, los químicos Augustus Matthiessen y Charles Robert Alder Wright obtuvieron por primera vez la apomorfina calentando morfina con ácido clorhídrico concentrado en un tubo sellado. El compuesto llamó la atención enseguida por su capacidad para provocar el vómito de forma rápida y reproducible, lo que durante más de un siglo fue su aplicación clínica principal. Solo a partir de la década de 1950, cuando se comprobó que podía reducir la rigidez en modelos animales de parkinsonismo, comenzó a explorarse su uso neurológico. La apomorfina se comporta como agonista dopaminérgico no ergótico, con actividad sobre los receptores D1 y D2 tanto a nivel central como periférico. Su perfil difiere del de otros agonistas dopaminérgicos (pramipexol, ropinirol, rotigotina), que muestran selectividad preferente por los receptores D2 y D3. Esa actividad D1 más pronunciada es precisamente lo que singulariza su comportamiento farmacológico. A nivel del sistema nervioso central, la estimulación de los receptores D2 postsinápticos en el putamen y el núcleo caudado produce el efecto motor que resulta útil en la enfermedad de Parkinson. No obstante, la apomorfina posee además una afinidad moderada por receptores serotoninérgicos (5-HT2) y adrenérgicos (α), lo cual contribuye a algunos de sus efectos adversos, en particular la hipotensión. El efecto emético clásico se debe a la estimulación de la zona quimiorreceptora del área postrema, una región del bulbo raquídeo que queda fuera de la barrera hematoencefálica y responde directamente a sustancias presentes en la sangre. Otro rasgo relevante es su comportamiento bifásico. A dosis bajas actúa de forma preferente sobre autorreceptores presinápticos (que son más sensibles), lo que puede producir inicialmente sedación o incluso una leve reducción de la actividad dopaminérgica global. Solo al alcanzar dosis más altas predomina la estimulación postsináptica, que es la responsable de los efectos motores. Por vía oral, la apomorfina sufre un metabolismo de primer paso tan extenso que resulta prácticamente inactiva. Las vías de administración útiles son la subcutánea y la sublingual. Tras la inyección subcutánea, la absorción es rápida y completa: el efecto clínico aparece en 4 a 12 minutos, pero su duración es breve (alrededor de una hora), condicionada por un aclaramiento igualmente veloz. El metabolismo tiene lugar sobre todo por glucuronización y sulfonación hepática. Conviene insistir en que la apomorfina no es un opioide. El nombre induce a confusión con frecuencia, pero la transformación química que convierte la morfina en apomorfina altera por completo el perfil de unión a receptores. No produce analgesia, no genera la dependencia característica de los opiáceos ni se comporta como depresor respiratorio a las dosis terapéuticas habituales. Frente a otros agonistas dopaminérgicos empleados en neurología, la diferencia principal reside en su espectro de acción sobre receptores D1 (mucho más pronunciado que el de pramipexol o ropinirol) y en su rapidez de acción tras la inyección subcutánea, que la convierte en el agonista dopaminérgico de inicio más veloz entre los disponibles en la práctica clínica habitual. Del prefijo griego ἀπό (apó, "a partir de") y morfina. Significa, literalmente, "derivado de la morfina". La molécula se obtiene por deshidratación ácida de la morfina, un proceso descrito por primera vez en 1869 por Matthiessen y Wright. No. Comparte origen químico con la morfina, pero el reordenamiento molecular que la genera elimina la afinidad por los receptores opioides. No produce analgesia ni dependencia opiácea. Porque estimula la zona quimiorreceptora del área postrema, situada en el bulbo raquídeo, que funciona como centro de detección de sustancias potencialmente tóxicas en la sangre. Ese mismo mecanismo se aprovechó durante décadas como emético de acción rápida en toxicología, una indicación hoy prácticamente abandonada. En la práctica, no. El metabolismo hepático de primer paso degrada la mayor parte de la molécula antes de que alcance la circulación sistémica. Las vías útiles son la subcutánea (inyección o perfusión continua mediante bomba) y la sublingual. Si desea profundizar en conceptos asociados a la apomorfina, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la apomorfina
Mecanismo de acción sobre los receptores de dopamina
Propiedades farmacocinéticas
Diferenciación con los opiáceos y con otros agonistas dopaminérgicos
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre apomorfina?
¿Es la apomorfina un opiáceo?
¿Por qué provoca náuseas?
¿Se puede tomar por vía oral?
Referencias
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