DICCIONARIO MÉDICO
Antiasmático
Un antiasmático es un fármaco empleado para controlar o prevenir las manifestaciones del asma, enfermedad inflamatoria crónica de las vías respiratorias. Se distinguen dos grandes vertientes farmacológicas: los agentes antiinflamatorios, que actúan sobre el componente inflamatorio de fondo, y los broncodilatadores, que relajan la musculatura bronquial cuando esta se contrae. El término procede del prefijo griego ἀντί (antí, "contra") y de ἆσθμα (âsthma, "jadeo", "respiración dificultosa"), voz que Hipócrates ya utilizaba en el siglo V a. C. para describir la disnea paroxística. En sentido farmacológico, antiasmático designa cualquier sustancia capaz de reducir la frecuencia de las crisis asmáticas, atenuar su intensidad o revertir la obstrucción bronquial una vez instaurada. Conviene no confundirlo con broncodilatador, aunque ambos conceptos se solapan parcialmente. Todo broncodilatador utilizado en el asma es un antiasmático, pero no todo antiasmático es broncodilatador: los corticosteroides inhalados, por ejemplo, no dilatan los bronquios de forma directa, sino que suprimen la inflamación que los mantiene hiperreactivos. En el asma, la mucosa de los bronquios permanece crónicamente inflamada. Células como los eosinófilos, los mastocitos y ciertos linfocitos T liberan mediadores que engrosan la pared bronquial, aumentan la producción de moco y hacen que la musculatura lisa se contraiga con estímulos que no afectarían a una vía aérea sana (lo que se denomina hiperreactividad bronquial). La broncoconstricción resultante estrecha la luz del bronquio y dificulta el paso del aire. Sobre ese sustrato actúan los antiasmáticos. Unos frenan la cascada inflamatoria en distintos puntos (corticosteroides, antileucotrienos, estabilizadores de mastocitos). Otros relajan la musculatura lisa bronquial mediante la estimulación de receptores adrenérgicos β₂ o el bloqueo de receptores muscarínicos. Y un tercer grupo, de incorporación más reciente, va dirigido contra mediadores muy específicos como la inmunoglobulina E o determinadas interleucinas, en el contexto de formas graves que no responden a las estrategias convencionales. En la práctica clínica los antiasmáticos se dividen según su papel en el manejo de la enfermedad. Los fármacos de control (o de mantenimiento) se administran a diario durante periodos prolongados para mantener la inflamación a raya. Los corticosteroides inhalados constituyen la base de este grupo; a ellos se suman los agonistas β₂ de acción prolongada, los antagonistas de los receptores de leucotrienos y, en escalones de mayor complejidad, los anticuerpos monoclonales. Frente a ellos, los fármacos de rescate se reservan para aliviar la broncoconstricción aguda. Los agonistas β₂ de acción corta son el recurso habitual: relajan el músculo liso bronquial en pocos minutos, aunque su efecto no perdura. Si un paciente recurre a ellos con demasiada frecuencia, suele ser indicativo de que el componente inflamatorio no está suficientemente controlado. La vía inhalatoria es la principal ruta de administración para la mayoría de estos fármacos, porque permite que el principio activo alcance la mucosa bronquial en concentraciones altas con una exposición sistémica reducida. Esta particularidad distingue la farmacología del asma de la de otras enfermedades inflamatorias crónicas. Procede del griego ἀντί (antí, "contra") y ἆσθμα (âsthma), que Hipócrates empleaba ya en el Corpus Hippocraticum para referirse a la dificultad respiratoria. Literalmente, pues, es un agente dirigido "contra el jadeo". No. Los broncodilatadores son un subgrupo dentro de los antiasmáticos, pero la categoría es más amplia. Incluye también fármacos antiinflamatorios (como los corticosteroides inhalados) que no producen broncodilatación directa y, sin embargo, son la base del control a largo plazo de la enfermedad. Además, algunos broncodilatadores se utilizan fuera del asma, por ejemplo en la EPOC, donde su finalidad no es propiamente antiasmática. Porque así el fármaco llega directamente a la mucosa bronquial, que es donde se necesita. Con dosis muy pequeñas en comparación con las que exigiría la vía oral se consigue un efecto local intenso, mientras que la absorción al resto del organismo queda limitada. Eso reduce la probabilidad de efectos adversos sistémicos. Las primeras inhalaciones medicamentosas para el asma se remontan al siglo XIX, cuando se utilizaban preparados de estramonio y belladona en cigarrillos o polvos para quemar. Los inhaladores presurizados de dosis medida, tal como los conocemos hoy, se introdujeron en 1956 y cambiaron radicalmente la forma de administrar los broncodilatadores y, más tarde, los corticosteroides. Si desea profundizar en conceptos asociados a los antiasmáticos, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un antiasmático
Inflamación bronquial y fundamento de la acción farmacológica
Clasificación funcional
Preguntas frecuentes
¿Qué significa la palabra "antiasmático"?
¿Es lo mismo un antiasmático que un broncodilatador?
¿Por qué se administran por vía inhalatoria?
¿Desde cuándo se tratan las crisis de asma con fármacos inhalados?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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