DICCIONARIO MÉDICO
Amígdala palatina
Las amígdalas palatinas (o tonsilas palatinas) son dos masas de tejido linfoide situadas en la orofaringe, una a cada lado, entre los pilares anterior y posterior del velo del paladar. Forman parte del anillo linfático de Waldeyer y actúan como primera barrera inmunitaria frente a los microorganismos que penetran por la boca y la nariz. Cuando el lenguaje coloquial habla de «las amígdalas» sin más, se refiere casi siempre a estas. El término amígdala procede del latín amygdăla («almendra»), una metáfora introducida en los textos médicos árabes del siglo X y vertida al latín a partir del XII. El adjetivo palatina remite al latín palatum («paladar»), documentado ya en Cicerón (siglo I a. C.). La combinación designa, pues, las «almendras del paladar», un nombre que describe de manera bastante fiel la forma ovalada y el tamaño de estas estructuras en la infancia, cuando alcanzan su mayor volumen. Conviene no confundir la amígdala palatina con la amígdala cerebral, que es un conjunto de núcleos neuronales del lóbulo temporal implicado en las emociones, ni con la amígdala cerebelosa, un lobulillo del cerebelo relacionado con el equilibrio. Las tres estructuras solo comparten el nombre por su silueta redondeada. Cada tonsila palatina ocupa la fosa tonsilar (o celda amigdalina), un espacio delimitado por el músculo palatogloso en su pilar anterior y por el palatofaríngeo en el posterior. Su cara lateral se apoya sobre una cápsula de tejido conjuntivo denso que la separa del músculo constrictor superior de la faringe. La irrigación proviene de ramas de la arteria facial (tonsilar y palatina ascendente), de la arteria lingual dorsal y de la arteria faríngea ascendente; el drenaje venoso desemboca en la vena yugular interna. Vista al microscopio, la tonsila está revestida por un epitelio pavimentoso estratificado no queratinizado que se invagina formando entre 10 y 20 criptas profundas. En el fondo de esas criptas, el epitelio se adelgaza y se infiltra de linfocitos hasta hacerse casi indistinguible del tejido linfoide subyacente; este epitelio modificado recibe el nombre de epitelio linforreticular o criptoreticular, y contiene unas células especializadas (las llamadas células M) que capturan antígenos de la luz faríngea y los presentan a los linfocitos. Bajo el epitelio se agrupan folículos linfoides con centros germinales donde los linfocitos B activados proliferan y se diferencian hacia células plasmáticas productoras de anticuerpos, sobre todo inmunoglobulina A secretora. Las amígdalas palatinas forman parte del tejido linfoide asociado a las mucosas (MALT, por sus siglas en inglés). Su posición en el istmo de las fauces las convierte en una de las primeras estaciones de vigilancia inmunológica del organismo: todo lo que entra por la boca o desciende desde la nasofaringe pasa junto a ellas. No son las únicas. El anillo de Waldeyer incluye también la amígdala faríngea (los adenoides), las amígdalas linguales y las amígdalas tubáricas, cada una en un punto distinto de la faringe. Durante la infancia la actividad inmunitaria de las tonsilas palatinas es máxima. Son proporcionalmente grandes en los primeros años de vida, un dato que los pediatras comprueban al explorar la garganta de cualquier niño sano. A partir de los 8 o 10 años, el tejido linfoide comienza a involucionar de forma gradual: los folículos pierden centros germinales activos, la celularidad disminuye y el volumen se reduce. En el adulto, la tonsila conserva cierta capacidad de respuesta, pero su contribución al sistema inmunitario global es modesta comparada con la de otros órganos linfoides como el bazo o los ganglios linfáticos. Esa involución fisiológica explica un hecho que a veces sorprende a los pacientes: la extirpación de las amígdalas en la infancia no deja al niño desprotegido frente a las infecciones, porque el resto del tejido linfoide faríngeo y los demás componentes del sistema inmunitario compensan su ausencia. Del latín angina, derivado de angere («apretar, estrechar»). En el español coloquial, «anginas» designa tanto las amígdalas palatinas como su inflamación, la amigdalitis. La RAE admite esa acepción en el Diccionario Panhispánico de Dudas, pero recuerda que emplear el plural «amígdalas» para referirse a la inflamación es un uso incorrecto: la inflamación se llama amigdalitis (o, coloquialmente, anginas), no «amígdalas». Sí, en la práctica clínica son sinónimos. El término tonsila procede del latín tonsillae, que es la palabra que los romanos usaban para estas estructuras. La nomenclatura anatómica internacional prefiere tonsilla palatina. Porque durante los primeros años de vida el sistema inmunitario está en plena fase de aprendizaje: necesita exponerse a gran cantidad de antígenos para generar memoria inmunológica. Las tonsilas palatinas, situadas en primera línea de contacto con el medio externo, responden aumentando su masa de tejido linfoide. A medida que la inmunidad madura, esa hiperplasia deja de ser necesaria y el tejido involuciona. Si desea profundizar en conceptos asociados a la amígdala palatina, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la amígdala palatina
Localización y estructura histológica
Función inmunitaria e involución fisiológica
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la expresión «tener anginas»?
¿Es lo mismo amígdala palatina que tonsila?
¿Por qué las amígdalas son más grandes en los niños?
Referencias
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