DICCIONARIO MÉDICO
Agua
El agua (H₂O) es el compuesto químico formado por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno que constituye entre el 50 % y el 70 % de la masa corporal humana. Actúa como disolvente de la práctica totalidad de las reacciones bioquímicas del organismo y participa de forma directa en procesos de hidrólisis, transporte de solutos y regulación térmica. En el ámbito biomédico, el término agua designa la molécula de H₂O en su condición de componente mayoritario del medio interno. Procede del latín aqua, voz que ya en los textos hipocráticos (siglo V a. C.) aparecía con el equivalente griego ὕδωρ (hýdōr), raíz de la que derivan compuestos como hidratación, hidrólisis o hidrosolubilidad. El propio latín aqua pervivió sin modificación relevante en el castellano medieval. La molécula es un dipolo: el oxígeno atrae los electrones compartidos con más fuerza que el hidrógeno, lo que genera una separación de cargas parciales. Esa polaridad permite que las moléculas de agua establezcan entre sí enlaces por puente de hidrógeno, asociaciones débiles pero que, sumadas, explican propiedades poco habituales en un compuesto de peso molecular tan bajo. El agua permanece líquida en un rango de temperaturas muy amplio, posee un calor específico alto y alcanza tensiones superficiales superiores a las de la mayoría de los líquidos comunes. La capacidad disolvente del agua se debe a la orientación del dipolo alrededor de iones y moléculas polares, formando capas de solvatación que estabilizan los solutos. En el organismo, sales minerales, aminoácidos, monosacáridos y gases como el oxígeno y el dióxido de carbono circulan disueltos en medio acuoso. Sin esa propiedad, las reacciones enzimáticas del metabolismo celular no podrían producirse. Su elevado calor específico amortigua las variaciones térmicas del organismo. Cuando la temperatura corporal sube, la evaporación del sudor consume una cantidad considerable de energía calórica, lo que contribuye a la termorregulación. Esta propiedad deriva, una vez más, de la red de puentes de hidrógeno que debe romperse antes de que el agua cambie de estado. Además de actuar como medio, el agua participa como reactivo en numerosas transformaciones bioquímicas. Las reacciones de hidrólisis rompen enlaces peptídicos, glucosídicos y éster consumiendo una molécula de H₂O por cada enlace escindido. En la fotosíntesis ocurre lo inverso: la fotólisis del agua libera oxígeno y proporciona los electrones necesarios para fijar carbono. El grado de ionización del agua pura es mínimo (una de cada 551 millones de moléculas a 25 °C se disocia en H⁺ y OH⁻), pero ese equilibrio define la escala de pH sobre la que se asienta toda la regulación ácido-base del medio interno. El contenido total de agua varía con la edad, el sexo y la proporción de tejido adiposo. Un recién nacido puede alcanzar el 75 % de agua sobre su peso corporal; en el adulto joven masculino la cifra ronda el 60 %, y en la mujer adulta se sitúa algo por debajo del 55 %, porque el tejido graso contiene menos agua que el músculo. Con el envejecimiento, la proporción desciende de forma gradual. La magnitud que cuantifica este contenido se conoce como agua corporal total. Esa masa de agua se reparte entre dos grandes compartimentos separados por membranas celulares: el líquido intracelular, que contiene aproximadamente dos tercios, y el líquido extracelular, que incluye el plasma sanguíneo, el líquido intersticial y compartimentos menores como el cefalorraquídeo y el sinovial. El movimiento de agua entre estos espacios depende de gradientes de presión osmótica generados por la concentración de solutos a cada lado de la membrana, un fenómeno conocido como ósmosis. No toda agua es equivalente para uso médico. Los procedimientos de hemodiálisis, las preparaciones farmacéuticas inyectables y la producción de reactivos de laboratorio exigen grados de pureza que el agua de red no alcanza. Para obtenerlos se recurre a tecnologías como la destilación, la desionización o la ósmosis inversa, que eliminan iones, partículas y microorganismos hasta niveles definidos por normativas sanitarias. El producto de la ósmosis inversa recibe el nombre de agua osmotizada. Del latín aqua, que a su vez tiene un paralelo en el griego antiguo ὕδωρ (hýdōr). Las dos raíces conviven en la terminología médica: acuoso y acueducto proceden de la latina, mientras que hidratación, hidrólisis y deshidratación derivan de la griega. No. Ambas son tipos de agua purificada, pero se obtienen por métodos distintos. La destilación calienta el agua hasta evaporarla y recoge el vapor condensado; la ósmosis inversa fuerza el paso del agua a través de una membrana semipermeable a presión. El grado de pureza obtenido y las aplicaciones de cada una pueden diferir según las especificaciones del proceso. Porque el oxígeno es bastante más electronegativo que el hidrógeno. Los electrones del enlace covalente pasan más tiempo cerca del núcleo de oxígeno, lo que genera una carga parcial negativa en ese extremo y una positiva en cada hidrógeno. Esa asimetría eléctrica convierte a la molécula en un dipolo permanente. Depende de la edad, el peso, la actividad física y el clima. Las referencias dietéticas suelen situar la ingesta total de líquidos (incluida el agua de los alimentos) entre 2,7 y 3,7 litros diarios para adultos, aunque la sed es un indicador fiable en personas sanas. En ciertas edades o condiciones clínicas, la sensación de sed puede no reflejar las necesidades reales. Si desea profundizar en conceptos asociados al agua en el ámbito médico, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el agua
Propiedades biológicas de la molécula de agua
Distribución del agua en el organismo
Calidad del agua en el entorno sanitario
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «agua»?
¿Es lo mismo agua destilada que agua osmotizada?
¿Por qué el agua es polar si el oxígeno y el hidrógeno son no metales?
¿Cuánta agua necesita el cuerpo al día?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026