DICCIONARIO MÉDICO
Abandono
En medicina y psicología, el abandono es la retirada, total o parcial, de los cuidados afectivos o materiales que necesita una persona que depende de otra, ya sea una retirada real o vivida como tal por quien la sufre. El término cobró peso clínico a mediados del siglo XX con los estudios sobre lactantes separados de sus madres, y hoy se usa en pediatría, psiquiatría, geriatría y ética médica. El Diccionario de la lengua española define abandonar como dejar solo a alguien alejándose de él o dejando de cuidarlo. Es la segunda mitad de esa definición la que interesa en medicina, porque no exige distancia física: un niño puede vivir bajo el mismo techo que sus padres y estar desatendido, y un paciente ingresado puede quedarse sin nadie que responda de su asistencia. El derecho tiene además su propia figura, el abandono de familia, que la Academia recoge como el delito de incumplir los deberes de asistencia que la ley impone hacia los familiares próximos. La palabra llegó al castellano desde el francés abandonner, y su raíz última es germánica: *banna, «orden». El verbo francés se formó sobre la locución à bandon, algo así como «a merced» o «bajo el poder de otro». En su origen, por tanto, abandonar no describía al que se marcha, sino a quien queda entregado a una autoridad ajena. Algo de ese sentido sobrevive en la acepción jurídica del sustantivo, la renuncia a una cosa que se queda sin dueño. Que un niño sin afecto enferma se intuía desde mucho antes; la palabra hospitalismo circulaba entre los pediatras desde finales del siglo XIX para nombrar el deterioro de los lactantes en asilos e inclusas. Lo que aportó René Spitz, psicoanalista nacido en Viena y establecido en Estados Unidos, fue la observación sistemática. En 1945 publicó su estudio sobre el hospitalismo en niños criados en instituciones donde tenían comida e higiene, pero casi ningún contacto humano. Un año después, con Katherine Wolf, describió la depresión anaclítica, el cuadro del lactante que pierde a su madre tras haber establecido con ella un buen vínculo. Si la madre volvía antes de tres a cinco meses, el niño se recuperaba. Si no, el deterioro avanzaba. En Lausana, la psicoanalista Germaine Guex llevó la cuestión a la consulta de adultos. Su libro La névrose d'abandon (1950), reeditado en 1973 con el título Le syndrome d'abandon, partía de una observación incómoda: muchos de los pacientes que acudían a ella habían pasado ya por análisis freudianos clásicos sin mejorar, y lo que compartían era una angustia intensa a ser abandonados, inseguridad y una pobre valoración de sí mismos, con raíces en experiencias muy tempranas. El libro tuvo eco fuera de la psiquiatría: Maurice Merleau-Ponty lo comentó en sus cursos de la Sorbona. John Bowlby tradujo el problema a otro lenguaje. En 1951 firmó para la Organización Mundial de la Salud un informe sobre la falta de cuidados maternos, y en los años siguientes construyó la teoría del apego, más apoyada en la etología que en el psicoanálisis. Para Bowlby el vínculo con un cuidador estable es una necesidad biológica que se puede observar en la conducta, y su ruptura desencadena una secuencia reconocible de protesta, desesperación y desapego. La ansiedad de separación es la respuesta ante la amenaza de que esa ruptura ocurra. En la protección de la infancia el abandono se considera una forma de negligencia: dejar a un niño solo durante mucho tiempo, sin nadie que se ocupe de él. Junto a él figuran no alimentarlo, no vestirlo o no darle afecto. Con las personas mayores hay cifras. Una revisión de 52 estudios realizados en 28 países, publicada en 2017 y recogida por la OMS, estimó que una de cada seis personas de 60 años o más había sufrido algún tipo de maltrato en su entorno comunitario durante el último año, y que la desatención afectaba al 4,2 %. Sobre residencias y centros de larga estancia los datos son escasos, pero inquietantes: dos de cada tres trabajadores reconocieron haber incurrido en alguna forma de maltrato en el año anterior. El abandono de ancianos tiene entrada propia en este diccionario. Dentro de la relación médico-enfermo el término tiene un sentido deontológico preciso, la interrupción unilateral de la asistencia por parte del profesional sin asegurar que otro la continúe, y se desarrolla en la entrada abandono de pacientes. Los tres términos se cruzan constantemente y no son sinónimos. El abandono es la retirada del cuidado, parcial o total, pasajera o definitiva. La negligencia es más amplia y más técnica: el incumplimiento de un deber de diligencia, profesional o familiar, que no exige romper el vínculo. Un médico puede ser negligente en un acto concreto sin haber abandonado a nadie. De ahí que, al clasificar el maltrato infantil, el abandono aparezca como una de las formas de negligencia y no al revés. El maltrato es la categoría más amplia. Incluye agresiones físicas, psicológicas o sexuales y la explotación económica, y la definición de la OMS para las personas mayores abarca también el abandono y la desatención cuando hay una relación de confianza de por medio. En la práctica las fronteras se difuminan, y una misma persona mayor desatendida en su domicilio puede encajar a la vez en las tres categorías. Del francés abandonner, de raíz germánica (*banna, «orden»). Su sentido primitivo era dejar a alguien a merced de otro. No. La negligencia designa cualquier incumplimiento de un deber de cuidado o de diligencia, y puede darse sin que el vínculo se rompa; el abandono supone retirar el cuidado en sí. Un cirujano que comete un error técnico puede ser negligente sin haber abandonado al paciente, mientras que un familiar que deja sola durante semanas a una persona dependiente la abandona aunque no tenga ninguna obligación profesional con ella. Es el título con que se reeditó en 1973 el libro de Germaine Guex, publicado en 1950 como La névrose d'abandon, y por extensión el patrón que describe: adultos con una angustia persistente a perder a quienes quieren y una necesidad constante de seguridad afectiva. Conviene no confundirlo con la depresión anaclítica de Spitz, que es un cuadro del lactante. Tampoco. Los trabajos pioneros de Spitz y Bowlby se centraron en la primera infancia y eso ha marcado la percepción del concepto, pero el síndrome descrito por Guex es, por definición, propio del adulto. En la vejez el abandono y la desatención forman parte de lo que la OMS clasifica como maltrato de las personas mayores. Y en la asistencia sanitaria, dejar a un paciente sin garantizar la continuidad de sus cuidados constituye una falta deontológica reconocida.Qué es el abandono
Spitz, Guex y Bowlby: la privación afectiva
El abandono en la infancia, la vejez y la relación asistencial
Abandono, negligencia y maltrato
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «abandono»?
¿Es lo mismo abandono que negligencia?
¿Qué es el síndrome de abandono?
¿El abandono afecta solo a los niños?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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