DICCIONARIO MÉDICO
Abandono de ancianos
El abandono de ancianos es la desatención o el desamparo de una persona mayor por parte de quien tiene la responsabilidad de cuidarla, que deja de hacerlo sin asegurar que otro lo haga. La Organización Mundial de la Salud lo incluye entre las formas de maltrato de las personas mayores. Se habla de abandono cuando una persona de edad avanzada deja de recibir la comida, la higiene, la vigilancia o la compañía que necesita porque quien debía proporcionárselas se ha desentendido de ella. Puede ser un abandono físico y directo, como dejarla sola en su casa, en una residencia o en un hospital. También puede no haber violencia de ningún tipo, solo la falta de lo que ella ya no puede procurarse por sí misma. La OMS define el maltrato de las personas mayores como un acto único o repetido, o la falta de las medidas apropiadas, que causa daño o sufrimiento dentro de una relación en la que se deposita confianza, y entre sus formas enumera expresamente el abandono y la desatención. El sustantivo abandono viene del francés abandonner, de raíz germánica. Anciano procede del latín vulgar *antianus, formado sobre ante, «antes», y en sus primeros usos castellanos no se refería solo a las personas. El Fuero General de Navarra, hacia 1300, habla de un «fuero anciano», es decir, de una ley antigua, y Nebrija todavía lo empleaba en 1495 para el veterano de guerra («ombre anciano en armas»). Con el tiempo se impuso el sentido de persona de mucha edad. La medicina tardó en ocuparse de este problema. En 1975 el británico A. A. Baker publicó en la revista Modern Geriatrics un artículo con un título deliberadamente brusco, Granny battering («palizas a la abuela»), y ese mismo año G. R. Burston usó la expresión en una carta al British Medical Journal. El término se ha atribuido a menudo a Burston, pero el propio BMJ publicó una rectificación en la que aclaraba que Baker lo había empleado antes. En España el interés llegó en los años noventa, con la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología y el entonces Instituto Nacional de Servicios Sociales. La referencia internacional quedó fijada en 2002 con la Declaración de Toronto para la prevención global del maltrato a las personas mayores, en la que participaron la OMS, universidades canadienses y la Red Internacional para la Prevención del Maltrato al Anciano. Su definición, que incluye la negligencia intencionada o no intencionada, sirvió de base a las posteriores. Medirlo es difícil, porque casi nunca se denuncia. Una revisión de 52 estudios de 28 países, publicada en 2017 en The Lancet Global Health y recogida por la OMS, estimó que el 15,7 % de las personas de 60 años o más había sufrido alguna forma de maltrato en su entorno comunitario durante el año anterior. En España, según datos de la Confederación Española de Organizaciones de Mayores que recoge la Real Academia Nacional de Medicina, solo se notifica uno de cada 24 casos. Los profesionales tampoco siempre lo identifican: en una encuesta hecha en dos hospitales universitarios italianos, el 40 % de los médicos y el 37 % de las enfermeras no consideraban la negligencia una forma de maltrato. Abandono y negligencia se confunden a menudo. En el abandono, el cuidador se desentiende por completo, rompe la relación de cuidado o deja a la persona sin asistencia. La negligencia puede darse con el cuidador presente, en forma de omisiones concretas: descuidar el aseo, la alimentación o el control de la medicación, o no prevenir las úlceras por presión. Puede ser intencionada o no, y deberse al desconocimiento, a la falta de medios o al agotamiento de quien cuida. En la autonegligencia es la propia persona mayor la que deja de atender sus necesidades básicas, por decisión propia o por deterioro cognitivo: rechaza la ayuda, deja de comer bien, se aísla. No hay un tercero responsable, y por eso queda fuera del maltrato entendido como algo que ocurre dentro de una relación, aunque las consecuencias para la salud puedan ser igual de serias. Del latín vulgar *antianus, derivado de ante, «antes». Al principio significaba también antiguo, y así se aplicaba a leyes y costumbres. No. En el abandono, el cuidador se retira y la persona mayor queda sin atención. La negligencia consiste en omisiones dentro de una relación de cuidado que sigue existiendo, al menos sobre el papel. Un mismo caso puede tener rasgos de las dos. La persona afectada depende de quien la desatiende, que puede ser un familiar con el que convive, y le resulta difícil denunciarlo o no sabe cómo hacerlo. Además, el abandono no deja la huella visible de una agresión. En España se estima que solo sale a la luz uno de cada 24 casos. Depende del contexto. Los organismos internacionales y la geriatría actual prefieren «personas mayores», que evita la connotación de incapacidad que arrastra «anciano». Aquí se mantiene el término porque sigue vigente en los textos legales, en la bibliografía médica clásica y en el habla común. Lo que sí es inapropiado es el trato paternalista. En una encuesta de 2013 a profesionales de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, el 82 % consideraba que se usan con frecuencia términos inadecuados, como «abuelo», para dirigirse a las personas mayores.Qué es el abandono de ancianos
De «granny battering» a la Declaración de Toronto
Magnitud del problema
Abandono, negligencia y autonegligencia
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «anciano»?
¿Es lo mismo abandono que negligencia?
¿Por qué se conocen tan pocos casos?
¿Es correcto seguir diciendo «ancianos»?
Referencias
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