DICCIONARIO MÉDICO

Síndrome de hospitalismo

El síndrome de hospitalismo es el deterioro físico y psíquico que sufren los lactantes criados en instituciones sin una figura materna estable, descrito por René Spitz en 1945 a partir de la comparación de dos grupos de niños internados. El cuadro incluye retraso psicomotor, pérdida de peso y una vulnerabilidad a las infecciones que, en los casos más graves, puede resultar mortal. Constituye el antecedente histórico directo de lo que hoy se clasifica como trastorno de apego reactivo.

Qué es el síndrome de hospitalismo

El término tiene una historia más larga de lo que su asociación con Spitz sugiere. Hospitalismo se forma sobre hospital (del latín hospitalis, relativo al huésped, de hospes) y el sufijo -ismo, que en medicina denota un estado o proceso patológico. El pediatra estadounidense Floyd M. Crandall ya lo empleó en 1897 en la revista Archives of Pediatrics para describir la pérdida de peso, la susceptibilidad a enfermedades y la muerte de los lactantes internados en instituciones. Medio siglo antes, en 1798, el médico alemán Christoph Wilhelm Hufeland había esbozado una idea afín bajo el nombre de asilismo, aplicada a los efectos nocivos de la vida en asilos y hospicios.

En aquella primera etapa, la explicación dominante era infecciosa: los hospicios agrupaban a muchos lactantes bajo el cuidado de pocas manos, y las infecciones cruzadas se propagaban con facilidad. Las instituciones respondieron aislando a cada niño en su propio cubículo para frenar el contagio. La mortalidad, sin embargo, apenas descendió. Fue ese fracaso el que llevó a Spitz, en 1945, a proponer una causa distinta: no la falta de higiene, sino la falta de vínculo.

El estudio de Spitz: dos instituciones, un contraste

Spitz comparó el desarrollo de lactantes en dos instituciones muy distintas. En una, denominada Nursery, los bebés vivían junto a sus madres, internas en un centro penitenciario del estado de Nueva York. En la otra, un hogar de expósitos ubicado en México, los niños recibían alimentación y cuidados higiénicos adecuados, pero cada cuidadora debía atender a un número tan elevado de lactantes que apenas podía ofrecer atención individualizada a ninguno. Con la colaboración de Katherine Wolf, que había participado en el desarrollo de los llamados tests vieneses del bebé, Spitz cuantificó el desarrollo motor y cognitivo de ambos grupos y los comparó, además, con dos poblaciones de control criadas en sus propias familias.

El contraste fue notable. Los niños del hogar de expósitos, pese a no carecer de estímulos materiales (contaban con juguetes y espacio), mostraron un deterioro progresivo: retraso motor grave, expresión facial apagada, insomnio y una caída pronunciada del peso. La susceptibilidad a infecciones comunes se disparó. En los casos más extremos, la mortalidad alcanzó cifras que hoy resultarían inadmisibles en cualquier institución pediátrica. Los niños de la Nursery, con acceso a sus madres pese a las limitaciones del entorno carcelario, se desarrollaron con normalidad. Spitz llamó hospitalismo a ese primer cuadro, distinguiéndolo de la depresión anaclítica, forma más leve y reversible de privación que describió al año siguiente en niños que sí habían tenido vínculo materno antes de perderlo bruscamente.

De la clínica infantil a la teoría del apego

Spitz no trabajó en el vacío. El psicólogo William Goldfarb había llegado a conclusiones paralelas ya en 1943, al comparar quince niños criados en una institución con otros tantos en acogimiento familiar: los primeros mostraban peor cociente intelectual, menor capacidad de pensamiento abstracto y más dificultad para ajustarse a normas sociales, diferencias que se ampliaban cuanto más tiempo habían pasado internados. Ninguno de los dos investigadores se conocía en profundidad, pero ambos apuntaban en la misma dirección: el problema no era la institución en sí, sino la ausencia de una relación afectiva estable dentro de ella.

John Bowlby reunió esa evidencia dispersa en 1951, en un informe encargado por la Organización Mundial de la Salud sobre la infancia sin hogar de la Europa de posguerra. Maternal Care and Mental Health formuló la hipótesis de la privación materna y sostuvo que el lactante necesita una relación cálida y continua con una figura de apego, sin la cual pueden aparecer consecuencias graves para su desarrollo. El informe se tradujo a catorce idiomas y sentó una de las bases de lo que después se convertiría en la teoría del apego.

El concepto en la clasificación actual

El hospitalismo, como categoría diagnóstica autónoma, no sobrevivió tal cual a la psiquiatría moderna. Su descendiente clínico directo es el trastorno de apego reactivo, recogido tanto en el DSM-5 como en la CIE-11, que describe patrones de relación social marcadamente alterados en niños con antecedentes de cuidado gravemente inadecuado. La confirmación experimental más citada llegó décadas después de Spitz. El psiquiatra británico Michael Rutter dirigió un estudio longitudinal sobre niños rumanos adoptados por familias inglesas tras haber pasado su primera infancia en orfanatos. Los adoptados antes de los seis meses mostraron un desarrollo cercano a la normalidad. Los adoptados después de esa edad presentaron con más frecuencia un patrón de sociabilidad indiscriminada y un cociente intelectual medio sensiblemente inferior al del primer grupo.

Diferenciación con cuadros afines

La depresión anaclítica describe algo más acotado: la reacción de un lactante que sí ha tenido un vínculo materno satisfactorio durante varios meses y lo pierde de forma brusca. Es, en general, reversible si la separación no se prolonga. El hospitalismo, en cambio, afecta a niños que nunca llegaron a establecer ese vínculo individualizado, y su curso es más grave. El síndrome de abandono descrito por Germaine Guex en 1950 pertenece a otro registro distinto: se refiere al adulto cuya inseguridad afectiva se rastrea hasta una privación temprana, no al cuadro agudo del lactante institucionalizado.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se llama hospitalismo si el niño no está enfermo en sentido infeccioso?

Porque el nombre nació precisamente para describir una mortalidad de origen infeccioso en instituciones, medio siglo antes de que Spitz lo reutilizara para señalar una causa distinta. El término sobrevivió; su significado cambió por completo.

¿Es lo mismo que el trastorno de apego reactivo?

No exactamente. El hospitalismo es la observación clínica original, formulada en 1945 sin el aparato diagnóstico actual. El trastorno de apego reactivo es su formulación contemporánea, con criterios definidos en el DSM-5 y la CIE-11.

¿Se sigue viendo hoy este cuadro?

Sí, aunque con mucha menor frecuencia en instituciones con estándares actuales de cuidado. El estudio de Rutter sobre adopciones rumanas, realizado ya en la década de 1990, demostró que la privación grave y prolongada seguía produciendo el mismo tipo de secuelas que Spitz había descrito medio siglo antes.

¿Basta con alimentar e higienizar bien a un lactante para prevenirlo?

No. Ese fue justamente el hallazgo que desconcertó a los pediatras de principios del siglo XX: instituciones con buena nutrición e higiene seguían registrando un deterioro grave si faltaba la atención individualizada. Fue ese fracaso el que abrió la puerta a la explicación afectiva.

Referencias

  1. Spitz RA. Hospitalism: An Inquiry Into the Genesis of Psychiatric Conditions in Early Childhood. The Psychoanalytic Study of the Child. 1945;1:53-74.
  2. Bowlby J. Maternal Care and Mental Health. Organización Mundial de la Salud, 1951.
  3. Emde A, et al. What Do Babies Need to Thrive? Changing Interpretations of Hospitalism in an International Context, 1900-1945. Social History of Medicine. 2019;32(4):799-820. Oxford Academic.
  4. O'Connor TG, Rutter M, English and Romanian Adoptees Study Team. Attachment Disorder Behavior Following Early Severe Deprivation. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry. 2000;39(6):703-712.

Entradas relacionadas

  • Depresión anaclítica. Forma más leve y reversible de privación afectiva, descrita por Spitz al año siguiente del hospitalismo.
  • Abandono. Incluye el síndrome de abandono del adulto descrito por Guex, distinto del cuadro agudo del lactante.
  • Apego. Vínculo afectivo cuya ausencia o alteración temprana subyace al hospitalismo y a sus formulaciones actuales.
  • Anaclítico. Adjetivo que califica la dependencia afectiva hacia figuras de apoyo, aplicado a la depresión anaclítica de Spitz.
  • Deprivación. Término general para la ausencia de un estímulo necesario, del que la privación materna es una forma específica.

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