DICCIONARIO MÉDICO

Apego

El apego es el vínculo afectivo que un niño establece con su cuidador principal durante los primeros años de vida, y que condiciona buena parte de su desarrollo emocional posterior. John Bowlby formuló la teoría del apego a mediados del siglo XX, a partir de observaciones en niños institucionalizados y separados de sus familias. Mary Ainsworth, en los años setenta, diseñó el procedimiento experimental que permitió identificar distintos estilos de apego en la infancia.

Qué es el apego

En psicología del desarrollo, el apego designa la tendencia biológica del ser humano a buscar y mantener proximidad con una figura de cuidado que le proporcione protección y regulación emocional. No se trata de un sentimiento difuso de cariño, sino de un sistema conductual con base evolutiva: el niño que logra mantenerse cerca de un adulto protector tiene más probabilidades de sobrevivir, y el organismo ha conservado ese repertorio de conductas (llanto, seguimiento visual, aferramiento) porque resultó adaptativamente ventajoso.

La palabra castellana procede del verbo apegar, derivado del latín picāre (de pix, picis, la pez o brea con que se sellaban las juntas de los barcos). La imagen originaria es la de dos superficies que quedan adheridas. La Real Academia Española recoge una sola acepción: "afición o inclinación hacia alguien o algo". En el uso clínico, sin embargo, el término ha adquirido un significado más restringido y preciso desde que Bowlby lo empleó como traducción del inglés attachment en sus trabajos de los años cincuenta.

Conviene no confundir apego con afecto ni con dependencia. El afecto es la expresión observable de un estado emocional; la dependencia, una relación funcional en la que una persona necesita a otra para satisfacer necesidades concretas. El apego incluye un componente afectivo, pero lo que lo define es la búsqueda de seguridad ante la percepción de amenaza. Un niño puede depender de muchas personas para comer o vestirse, y sin embargo dirigir sus conductas de apego preferentemente hacia una sola figura.

Bowlby, Ainsworth y la construcción de la teoría

John Bowlby (1907-1990), psiquiatra británico formado en el psicoanálisis, comenzó a interesarse por los efectos de la separación materna tras trabajar con niños desplazados durante la Segunda Guerra Mundial. En 1951, un informe encargado por la Organización Mundial de la Salud le permitió reunir datos sobre las consecuencias de la institucionalización temprana. Bowlby observó que los niños privados de una relación estable con un cuidador mostraban una secuencia reconocible de protesta, desesperación y retraimiento que no se explicaba bien con los modelos psicoanalíticos dominantes.

Su solución fue buscar fuera del psicoanálisis. Recurrió a la etología (los trabajos de Konrad Lorenz sobre la impronta en aves), a la teoría de sistemas de control y a la biología evolutiva para proponer que el apego es un sistema conductual innato, comparable al sistema de alimentación o al de exploración, que se activa cuando el niño percibe peligro y se desactiva cuando recupera la proximidad con la figura protectora. La trilogía Attachment and Loss (1969, 1973, 1980) recoge la formulación completa.

Mary Ainsworth (1913-1999), psicóloga canadiense, aportó el andamiaje empírico que Bowlby necesitaba. Tras estudiar las interacciones madre-hijo en Uganda a finales de los años cincuenta, diseñó en 1970 el procedimiento de la "Situación Extraña" (Strange Situation): una secuencia estandarizada de separaciones y reencuentros breves entre el niño (de 12 a 18 meses) y su cuidador, en presencia de un adulto desconocido. Lo que Ainsworth clasificó no fue la conducta del niño durante la separación, sino la manera en que reaccionaba al regreso de la figura de apego. Esa distinción resultó decisiva.

Estilos de apego

A partir de la Situación Extraña, Ainsworth y sus colaboradores describieron en 1978 tres patrones diferenciados. Un cuarto fue añadido por Main y Solomon en 1986, tras observar respuestas que no encajaban en la clasificación original.

Apego seguro. El niño explora el entorno con confianza mientras el cuidador está presente, puede mostrar malestar cuando este se ausenta y, al reencontrarlo, busca contacto y se calma con relativa rapidez. Ainsworth lo asoció con cuidadores que respondían de forma sensible y consistente a las señales del bebé. Los estudios longitudinales han vinculado este patrón con una mayor capacidad de regulación emocional en la edad adulta, aunque la relación no es determinista.

Apego ansioso-ambivalente. Estos niños muestran una exploración limitada incluso con el cuidador presente, un malestar intenso ante la separación y, lo más característico, una mezcla de búsqueda de contacto y rechazo del consuelo cuando la figura regresa. Lloran, se acercan, pero empujan al adulto o no logran calmarse. Ainsworth observó que los cuidadores de estos niños tendían a responder de manera inconsistente (a veces sensibles, a veces ausentes), lo que generaba incertidumbre sobre la disponibilidad del adulto.

Apego evitativo. El niño parece indiferente a la presencia o ausencia del cuidador: explora sin mirar hacia atrás, no protesta visiblemente cuando el adulto se marcha y tiende a ignorarlo cuando vuelve. Registros fisiológicos posteriores demostraron que la aparente calma de estos niños ocultaba niveles elevados de cortisol, es decir, que el estrés existía pero quedaba suprimido conductualmente.

Apego desorganizado. Main y Solomon identificaron niños cuyas respuestas no seguían una estrategia coherente: se acercaban al cuidador con la mirada desviada, se quedaban inmóviles a mitad de un movimiento o mostraban secuencias contradictorias (correr hacia el adulto y detenerse bruscamente). Este patrón se ha asociado con historias de maltrato o con cuidadores que resultan simultáneamente fuente de protección y de miedo, una paradoja que el sistema de apego del niño no puede resolver.

Del niño al adulto: los modelos internos de trabajo

Bowlby propuso que las experiencias repetidas con la figura de apego se interiorizan en forma de representaciones mentales a las que llamó "modelos internos de trabajo" (internal working models). Son esquemas que codifican, de manera implícita, si el otro es confiable y si uno mismo merece ser atendido. Estos modelos no se fijan de modo irreversible en la infancia, pero tienden a perpetuarse porque filtran la interpretación de las relaciones posteriores: quien espera rechazo percibe señales ambiguas como confirmación de rechazo, y actúa en consecuencia.

En los años ochenta, Hazan y Shaver trasladaron la tipología de Ainsworth a las relaciones de pareja adultas, y Main desarrolló la Entrevista de Apego Adulto (Adult Attachment Interview), un instrumento que clasifica los estilos de apego a partir de la coherencia del relato autobiográfico, no del contenido de las experiencias narradas. La idea tiene implicaciones clínicas considerables: no importa tanto lo que le ocurrió a una persona en la infancia como la capacidad que ha desarrollado para integrar y dar sentido a esas experiencias.

Apego y trastorno reactivo de la vinculación

Los estilos de apego descritos por Ainsworth y Main son variaciones dentro del desarrollo normal. El trastorno reactivo de la vinculación, recogido en el DSM-5 y en la CIE-11, es otra cosa: una entidad clínica que aparece cuando un niño ha sufrido privación grave de cuidados durante los primeros años y no ha podido establecer ningún vínculo de apego selectivo. Se manifiesta como inhibición emocional sostenida, ausencia de búsqueda de consuelo y escasa respuesta social. No equivale a un "apego inseguro" llevado al extremo.

René Spitz ya había descrito en la década de 1940 la depresión anaclítica en lactantes hospitalizados que perdían el contacto con su madre durante meses. Los niños dejaban de responder al entorno, perdían peso y mostraban un deterioro global del desarrollo. Esas observaciones, anteriores a la formulación de Bowlby, fueron una de las evidencias que impulsaron la teoría del apego.

Preguntas frecuentes

¿De dónde viene la palabra apego?

Del verbo castellano apegar, que procede del latín picāre, derivado de pix, picis (la pez o brea). La imagen original es la de dos cosas que quedan pegadas. La RAE lo documenta desde el siglo XVIII en el Diccionario de autoridades (1726). En su acepción clínica, el término se consolidó en español como traducción del inglés attachment, empleado por Bowlby desde los años cincuenta del siglo XX.

¿Es lo mismo apego que dependencia emocional?

No. El apego es un sistema biológico orientado a la búsqueda de seguridad, presente en todos los seres humanos desde el nacimiento. La dependencia emocional, tal como se emplea en la práctica clínica contemporánea, describe un patrón relacional en el que una persona subordina su bienestar a la presencia o aprobación de otra, con frecuencia a costa de su propia autonomía. Un apego seguro, de hecho, facilita la independencia progresiva del niño, mientras que la dependencia emocional suele asociarse a estilos de apego inseguro.

¿Se puede cambiar el estilo de apego en la edad adulta?

Sí, aunque no ocurre de un día para otro. Los modelos internos de trabajo son relativamente estables, pero no inmutables. Relaciones significativas en la adolescencia o la vida adulta (una pareja, un terapeuta, una amistad prolongada) pueden reorganizar esos esquemas. La investigación longitudinal muestra que entre un 20 % y un 30 % de las personas modifican su clasificación de apego a lo largo de la vida.

¿El apego se establece solo con la madre?

Bowlby habló inicialmente de "monotropía", sugiriendo que el niño formaba un vínculo preferente con una sola figura. Esa idea se ha matizado. Los niños pueden desarrollar vínculos de apego con varias personas (padre, abuelos, cuidadores habituales), organizados en una jerarquía. Lo que la investigación sostiene es que suele existir una figura principal hacia la que el niño dirige preferentemente sus conductas de apego en situaciones de estrés, pero esa figura no tiene por qué ser la madre biológica.

¿Qué relación tiene el apego con la ansiedad de separación?

La ansiedad de separación es la respuesta emocional que aparece cuando el niño percibe que su figura de apego se aleja o podría alejarse. Es una reacción normal del sistema de apego, especialmente visible entre los 8 y los 18 meses de edad. Solo se considera patológica cuando su intensidad o duración exceden lo esperable para la etapa del desarrollo y dificultan el funcionamiento cotidiano del niño.

Referencias

  1. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. Crear lazos afectivos con el recién nacido. MedlinePlus en español.
  2. Real Academia Española. Apego. Diccionario de la lengua española.
  3. Mayo Clinic. Trastorno reactivo de la vinculación. Mayo Clinic en español.
  4. Biblioteca Nacional de Medicina de EE. UU. Desarrollo del niño. MedlinePlus en español.

Entradas relacionadas en el diccionario

Si desea profundizar en conceptos vinculados al apego, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:

  • Ansiedad de separación: respuesta emocional del niño ante la ausencia real o anticipada de su figura de apego.
  • Depresión anaclítica: cuadro descrito por Spitz en lactantes privados de contacto materno prolongado.
  • Anaclítico: adjetivo que en psicología clínica designa las formas de dependencia emocional ligadas a la relación con figuras de cuidado.
  • Objeto transicional: concepto de Winnicott sobre los objetos que ayudan al niño a gestionar la separación del cuidador.
  • Abandono: pérdida de los cuidados afectivos o materiales necesarios para el bienestar de una persona dependiente.
  • Oxitocina: neuropéptido implicado en la regulación del vínculo afectivo y la conducta social.
  • Afecto: expresión observable de un estado emocional, evaluada en la exploración psiquiátrica y neurológica.
  • Etología: estudio biológico del comportamiento animal, disciplina de la que Bowlby tomó conceptos para su teoría.
  • Impronta: forma de aprendizaje temprano descrita por Lorenz en aves, antecedente conceptual de la teoría del apego.
  • Deprivación: carencia de elementos necesarios para el desarrollo, término relacionado con las condiciones que alteran el apego.

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