DICCIONARIO MÉDICO
Rituximab
El rituximab es un anticuerpo monoclonal quimérico, en parte de ratón y en parte humano, dirigido contra el antígeno CD20 de los linfocitos B. Al fijarse sobre ese antígeno marca a la célula para su destrucción, de modo que reduce la población de linfocitos B del organismo. Ese efecto explica su uso en los linfomas B, en la leucemia linfocítica crónica y en varias enfermedades autoinmunes. Fue el primer anticuerpo monoclonal autorizado frente a un cáncer, en 1997. Su código en la clasificación ATC es L01FA01. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). El rituximab pertenece a la clase de las inmunoglobulinas del tipo IgG1 con cadena ligera kappa. Es un anticuerpo quimérico: las regiones variables, las que reconocen al antígeno, proceden de un anticuerpo de ratón, mientras que el resto de la molécula es de origen humano. Esta construcción, obtenida por ingeniería genética en cultivos de células de ovario de hámster chino, buscaba conservar la capacidad de unión al CD20 y reducir a la vez el rechazo que provocaban los anticuerpos puramente murinos de las primeras generaciones. La molécula resultante pesa alrededor de 145 kilodalton. Se administra por vía intravenosa en perfusión y existe también una formulación subcutánea que incorpora hialuronidasa humana, una enzima que aumenta de forma transitoria la permeabilidad del tejido y facilita la absorción. Desde el vencimiento de las patentes originales han aparecido varios biosimilares, es decir, versiones muy parecidas a la molécula de referencia y con un comportamiento equivalente en el organismo. Más allá de la oncología hematológica, el rituximab se emplea en la vasculitis asociada a anticuerpos anticitoplasma de neutrófilo y en otros procesos de base inmunitaria. El CD20 es una proteína situada en la membrana de los linfocitos B. Aparece desde las fases tempranas de esta estirpe hasta el linfocito B maduro, pero no está presente ni en las células madre de la médula ósea ni en las células plasmáticas, las que fabrican los anticuerpos. Esa distribución tiene una consecuencia práctica notable: como las células madre carecen de CD20, quedan a salvo del anticuerpo y pueden repoblar la sangre de linfocitos B meses después de finalizada la administración. La depleción es profunda pero no definitiva. Se han descrito tres vías por las que el rituximab lleva a la muerte a la célula marcada: la citotoxicidad dependiente del complemento, la citotoxicidad celular dependiente de anticuerpos (en la que células efectoras como las natural killer reconocen la porción constante del anticuerpo y lisan a la célula diana) y la inducción de apoptosis o muerte celular programada. Cuál de las tres predomina no está resuelto, y parece depender del tejido en el que actúe el fármaco. Que la molécula sea grande limita su difusión hacia los tejidos linfoides densos, un detalle que ayuda a entender por qué algunos linfomas responden peor que otros. Ese mismo mecanismo, la retirada de los linfocitos B de la circulación, es el que da sentido a su uso en enfermedades autoinmunes. En estos procesos los linfocitos B contribuyen al daño produciendo autoanticuerpos y presentando antígenos que perpetúan la respuesta anómala. Vaciar ese compartimento celular atenúa la actividad de la enfermedad. Por eso una molécula nacida en la hematología oncológica terminó incorporándose a la reumatología y a la nefrología. El nombre no tiene raíz griega ni latina, sino que se construye con partículas convencionales fijadas por la Organización Mundial de la Salud para las denominaciones comunes internacionales. La terminación -mab identifica a los anticuerpos monoclonales. El fragmento -xi- que la precede indica que el anticuerpo es quimérico, esto es, mezcla de secuencias de ratón y humanas. El comienzo, ritu-, es una partícula distintiva sin significado propio que sirve para diferenciar la molécula de otras del mismo grupo. Porque las células madre de las que derivan no llevan CD20 en su superficie y, por tanto, el rituximab no las alcanza. A partir de ellas, el organismo vuelve a generar linfocitos B en un plazo de meses. No. El rituximab, aprobado en 1997, es quimérico y conserva una parte murina apreciable. Los anti-CD20 posteriores, como el obinutuzumab o el ofatumumab, son humanizados o completamente humanos y presentan modificaciones en su estructura o en su forma de activar al sistema inmunitario. Los estudios comparativos muestran diferencias de eficacia y de perfil según la enfermedad, sin que ninguno haya desplazado al rituximab de forma general. Si desea ampliar información, puede consultar:Qué es el rituximab
El antígeno CD20 y la depleción de linfocitos B
Preguntas frecuentes
¿Qué significa la terminación -mab del nombre rituximab?
¿Por qué se recuperan los linfocitos B tras la administración?
¿Es el rituximab igual que los anticuerpos anti-CD20 más recientes?
Referencias
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