DICCIONARIO MÉDICO
Toxocara canis
Toxocara canis es el ascáride del perro, un gusano intestinal que vive en el intestino delgado de los cánidos y elimina sus huevos con las heces del animal. Es la causa más frecuente de toxocariasis en el ser humano, una infección que se adquiere al tragar de forma involuntaria los huevos que han contaminado la tierra. En las personas el gusano no llega a hacerse adulto: sus larvas emprenden un viaje por los tejidos que el organismo no había previsto, y ahí reside el problema. Su nombre describe la forma de flecha del extremo por el que avanza. Toxocara canis Ascáride del perro Tipo: helminto Grupo: nematodo (ascárido, familia Toxocaridae) Transmisión: fecal-oral por ingestión de huevos del suelo; zoonótica Reservorio: animal (perros y otros cánidos) Patogenicidad: primario (el ser humano actúa como hospedador accidental) Enfermedades: toxocariasis, larva migrans Se trata de un nematodo del género Toxocara, la especie tipo de ese grupo y el más conocido de los ascárides que parasitan al perro. Pertenece a la misma familia de gusanos redondos que Ascaris, el ascáride intestinal humano, con el que comparte un aire de familia inconfundible: cuerpo cilíndrico, tres labios carnosos en la boca y huevos de cubierta gruesa que resisten casi todo. El nombre reúne dos palabras griegas, tóxon, arco o flecha, y kára, cabeza. Alude a un rasgo muy concreto: a ambos lados del extremo anterior el gusano tiene dos expansiones de la cutícula, las aletas cervicales, que le dan a la cabeza la silueta de una punta de flecha. El epíteto canis es el genitivo latino de perro. Cabeza de flecha del perro, en definición literal. La denominación del género la fijó el parasitólogo Charles Wardell Stiles en 1905, aunque el gusano ya lo había descrito Werner en 1782 con otro nombre. Durante mucho tiempo fue un parásito que solo interesaba a los veterinarios. Eso cambió en 1952, cuando Paul Beaver y sus colaboradores recuperaron larvas de Toxocara en los tejidos de niños con eosinofilia intensa y aumento del hígado, y demostraron que las personas podían albergar al parásito en una forma errante. Nació así el concepto de larva migrans visceral, y con él la idea de que el ser humano funciona para este gusano como hospedador paraténico, un callejón sin salida biológico. Los adultos son grandes y se ven a simple vista. Las hembras pueden superar los diez centímetros y alcanzar cerca de dieciocho; los machos son algo menores, con una pequeña prolongación curva en la cola. El color va del crema al blanco rosado. En Toxocara canis las aletas cervicales son largas y estrechas, con forma de lanza afilada, un detalle que ayuda a separarlo de sus parientes bajo la lupa. La hembra es extraordinariamente fecunda y libera cada día una cantidad enorme de huevos. Estos miden alrededor de 85 por 75 micras, son casi esféricos y tienen una cáscara gruesa y rugosa que al microscopio recuerda a la superficie de una pelota de golf. Recién puestos no son infectantes: en su interior no hay todavía una larva formada, solo una célula. La transformación ocurre fuera, en la tierra. El hospedador natural es el perro y otros cánidos, como el zorro. En ellos el gusano adulto reside en el intestino delgado y siembra el ambiente de huevos a través de las heces. Una vez en el suelo, cada huevo necesita entre una y cuatro semanas de temperatura y humedad adecuadas para que la larva madure en su interior y se vuelva infectante. A partir de ahí resiste durante años, lo que convierte a la tierra de parques, jardines y areneros en un reservorio silencioso. Por eso se lo clasifica entre los geohelmintos, los gusanos que completan una etapa clave en el suelo. En el cachorro, la infección tiene una vía propia y muy eficaz. Las larvas que la madre acumuló en sus tejidos años atrás se reactivan durante la gestación y cruzan la placenta, de modo que muchos perros nacen ya parasitados; la leche materna añade después una segunda ruta. Esta transmisión antes del nacimiento, característica de Toxocara canis, explica por qué los perros más jóvenes son los que más huevos expulsan. La persona entra en el ciclo por accidente. La vía principal es zoonótica y fecal-oral: manos, alimentos o tierra con huevos ya maduros que llegan a la boca. Los niños pequeños, con la costumbre de llevarse a la boca lo que tocan y de jugar en el suelo, son los más expuestos. Ingerir larvas presentes en carne cruda o poco hecha de otros animales infectados es una segunda puerta de entrada, menos habitual. Dentro del cuerpo humano las larvas nunca maduran: rompen la pared intestinal, viajan por la sangre y se distribuyen por hígado, pulmón, ojo o cerebro, donde acaban rodeadas por una reacción inflamatoria que las encapsula. Como no hay adultos, tampoco hay huevos en las heces de la persona. En el ser humano el parásito causa la toxocariasis, el nombre que reúne los cuadros derivados de esa migración larvaria. Se describen varias formas según el destino de las larvas. La larva migrans visceral afecta sobre todo a órganos internos como el hígado y el pulmón. La larva migrans ocular se produce cuando una larva alcanza el ojo. Existen además presentaciones más difusas, a veces llamadas toxocariasis encubierta, y una variante que compromete el sistema nervioso. El desarrollo clínico de cada una corresponde a la ficha de la enfermedad. Toxocara canis es el responsable de la mayoría de los casos humanos, por delante de la especie felina. Su distribución es mundial y la contaminación del suelo por huevos es frecuente incluso en países desarrollados, con mayor peso en zonas cálidas y en poblaciones con menos acceso a la desparasitación de los animales. El pariente más cercano es Toxocara cati, el ascáride del gato, con el que comparte biología y capacidad de infectar a las personas. Se separan por el hospedador y por la forma de las aletas cervicales: largas y estrechas en la especie del perro, cortas y anchas en la del gato. Otro ascáride que aparece tanto en perros como en gatos, Toxascaris leonina, apenas afecta al ser humano y muestra unas aletas más angostas que se afilan hacia atrás. Conviene no confundir Toxocara con Toxoplasma. El parecido es solo del nombre, por ese prefijo toxo-. Toxoplasma es un protozoo microscópico, causante de la toxoplasmosis, mientras que Toxocara es un gusano de varios centímetros. Comparten la condición de zoonosis, pero pertenecen a mundos biológicos distintos. Cabeza de flecha del perro. Une el griego tóxon, arco o flecha, con kára, cabeza, por las aletas de su extremo anterior; canis es perro en latín. El género lo estableció Stiles en 1905. No de forma inmediata. Los huevos recién eliminados no son infectantes: necesitan pasar semanas en la tierra para madurar. El contagio se produce al tragar esos huevos ya maduros desde el suelo o desde objetos y alimentos contaminados, no por el simple contacto con el pelo del animal recién defecado. Porque el ser humano no es su hospedador natural. En el perro las larvas encuentran las señales que necesitan para completar su desarrollo hasta gusano adulto. En nuestro organismo esas señales faltan, así que las larvas quedan detenidas en una fase juvenil y deambulan por los tejidos sin llegar nunca a reproducirse. En el hospedador y en algún detalle de forma y transmisión. Toxocara canis parasita al perro y puede pasar a los cachorros antes de nacer, a través de la placenta. Toxocara cati parasita al gato y no usa esa vía prenatal; se apoya sobre todo en la leche. Ambos infectan al ser humano, pero la especie canina es la que provoca la mayoría de los casos. Para situar Toxocara canis dentro de su grupo, puede consultar:Qué es Toxocara canis
Cómo es el gusano adulto y sus huevos
Dónde vive y cómo se transmite
Qué enfermedades produce
Cómo se distingue de otros gusanos parecidos
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el nombre Toxocara canis?
¿Se contagia directamente del perro a la persona por caricias?
¿Por qué el gusano no crece dentro de las personas?
¿En qué se diferencia de Toxocara cati?
Referencias
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