DICCIONARIO MÉDICO
Toxoplasma
Toxoplasma es un género de protozoos parásitos formado por una sola especie reconocida, Toxoplasma gondii. Vive de forma habitual en el intestino del gato y de otros felinos, pero puede infectar a casi cualquier animal de sangre caliente, el ser humano incluido. La mayoría de las personas lo llevan sin saberlo y sin sufrir ningún daño; el problema aparece en el feto en gestación y en quien tiene las defensas comprometidas. Su nombre describe la forma de media luna que adopta bajo el microscopio. Toxoplasma gondii Toxoplasma Tipo: protozoo Grupo: esporozoo, filo Apicomplexa (familia Sarcocystidae) Transmisión: fecal-oral (ooquistes de heces de gato), alimentaria (quistes en carne poco hecha), vertical (madre a feto) Reservorio: felinos como huésped definitivo; amplia gama de mamíferos y aves como huéspedes intermediarios Patogenicidad: primario y oportunista Enfermedades: toxoplasmosis El nombre une el griego tóxon, arco, con plasma, forma o molde, y describe la silueta curva, en cuarto creciente, que adopta la fase infectiva más activa del parásito. Toxoplasma es hoy un género de un único inquilino, Toxoplasma gondii, dentro del filo Apicomplexa, el mismo grupo al que pertenece el plasmodio de la malaria. Lo describieron en 1908, casi al mismo tiempo y sin saber el uno del otro, Charles Nicolle y Louis Manceaux en el Instituto Pasteur de Túnez, y Alfonso Splendore en São Paulo. Nicolle y Manceaux lo encontraron en la sangre, el bazo y el hígado de un roedor norteafricano que estudiaban por otro motivo, el gondi, y le dieron nombre completo en 1909: gondii, en honor a ese roedor. Splendore lo halló por su cuenta en un conejo de laboratorio, pero nunca llegó a bautizarlo. El propio apellido de la especie arrastra una curiosidad filológica: el roedor se llama en realidad gundi, con u, así que gondii sería, en sentido estricto, una errata que la nomenclatura zoológica ha conservado desde entonces. Toxoplasma reparte su biología entre dos tipos de huésped. En el gato, y solo en el gato, completa una fase sexual dentro de las células del intestino que termina con la expulsión de ooquistes en las heces; ese ciclo sexual tardó más de sesenta años en describirse, hasta que un equipo liderado por Jack Frenkel lo resolvió en 1970. En el resto de los animales de sangre caliente, entre ellos las personas, el parásito solo se multiplica de forma asexual, y lo hace bajo dos formas bien distintas: el taquizoíto, de división rápida, responsable de la fase activa de la infección, y el bradizoíto, de división lenta, que se enquista en el tejido muscular y nervioso y puede permanecer ahí durante años. Ese quiste tisular es la clave de por qué la infección, una vez adquirida, no suele eliminarse del todo: el sistema inmunitario la contiene, no la borra. La mayoría de las personas conviven con un puñado de estos quistes durmientes sin enterarse jamás. Durante años se dio por hecho que Toxoplasma gondii era genéticamente homogéneo, pese a ser una única especie. La idea se derrumbó cuando Lyman Sibley y John Boothroyd demostraron en 1992 que las cepas más virulentas en el ratón de laboratorio compartían un único origen clonal, y sus resultados abrieron la puerta a una pregunta mayor: ¿cuántos linajes distintos hay en realidad? La respuesta llegó en 1995, cuando David Howe y el propio Sibley tipificaron un gran número de aislados y comprobaron que casi todos encajaban en tres grupos, bautizados simplemente tipo I, tipo II y tipo III, con un comportamiento muy distinto frente al sistema inmunitario del ratón: el tipo I resulta letal incluso en dosis mínimas, mientras que los tipos II y III permiten que el animal sobreviva y desarrolle una infección crónica, mucho más parecida a lo que ocurre en la mayoría de las personas. En el mundo real, sin embargo, el tipo I es el menos frecuente de los tres; el tipo II domina ampliamente en Europa y Norteamérica, seguido del tipo III. El reparto tan ordenado en tres tipos se sostiene bien en Europa y Norteamérica, donde más del 95 % de los aislados encaja en alguno de los tres tipos. Sudamérica rompe la norma: allí circulan decenas de genotipos distintos, alejados de los tres de referencia, que los investigadores agrupan bajo el término de cepas atípicas o no arquetípicas, y que se asocian con presentaciones más graves de la enfermedad, entre ellas la afectación ocular, con una frecuencia que supera con claridad a la registrada en Europa. La correlación entre genotipo y gravedad clínica sigue siendo, a día de hoy, un terreno activo de investigación. Hay tres puertas de entrada. La primera es la boca del gato hacia la tierra o el agua: los ooquistes que expulsa con las heces maduran en el ambiente en pocos días y de ahí pasan a manos, verduras o agua sin filtrar. La segunda es la carne, sobre todo de cerdo, cordero o caza, poco cocinada, que puede contener quistes tisulares viables. La tercera es la zoonosis transplacentaria, cuando una mujer se infecta por primera vez durante el embarazo y el parásito cruza al feto; el riesgo y la gravedad de esa transmisión varían mucho según el trimestre en que ocurre. El parecido con Toxocara no pasa de las primeras letras del nombre. Toxocara es un gusano nematodo de varios centímetros que se ve a simple vista; Toxoplasma es un protozoo de una sola célula que solo se distingue al microscopio, y ambos producen enfermedades sin relación entre sí. Dentro de su propio filo, Toxoplasma comparte con el plasmodio de la malaria el orgánulo apical que da nombre a los Apicomplexa, pero se separa de él en huésped, ciclo y forma de transmisión. Del griego tóxon, arco, y plasma, forma, por su silueta curva bajo el microscopio. El apellido gondii honra al gundi, el roedor norteafricano en el que Nicolle y Manceaux lo hallaron en 1908. Porque es el único animal en el que el parásito completa su fase sexual y produce ooquistes capaces de contaminar el ambiente. Sin gato no hay ooquistes, aunque el parásito siga circulando entre otros animales por vía alimentaria. No. En una persona con las defensas intactas, la infección pasa casi siempre inadvertida. Es en el feto en desarrollo y en quien tiene el sistema inmunitario debilitado donde el mismo parásito puede tener un comportamiento muy distinto, cuestión que desarrolla la ficha de la toxoplasmosis. Solo en el arranque del nombre. Toxoplasma es un protozoo microscópico; Toxocara, un gusano visible a simple vista. Ni el organismo ni la enfermedad que provocan tienen relación entre sí. No. Aunque se trate de una sola especie, existen linajes genéticos (tipo I, II y III, además de cepas atípicas frecuentes en Sudamérica) con un comportamiento distinto en el laboratorio y, según apuntan varios estudios, también en la gravedad de la infección humana. Para completar el contenido de esta ficha, puede consultar:Qué es Toxoplasma
Un parásito con dos vidas
Una especie, varios linajes
Cómo llega al ser humano
Con qué no debe confundirse
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre Toxoplasma gondii?
¿Por qué el gato es tan importante en su ciclo?
¿Todas las personas infectadas desarrollan síntomas?
¿Es lo mismo Toxoplasma que Toxocara?
¿Todas las cepas de Toxoplasma son iguales?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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