DICCIONARIO MÉDICO
Taquiarritmia
La taquiarritmia es un ritmo cardíaco superior a 100 latidos por minuto originado por un fallo en la generación o la conducción del impulso eléctrico, y no por una simple aceleración del marcapasos natural del corazón. Constituye uno de los dos grandes grupos en que se dividen las arritmias según la frecuencia resultante, frente a las bradiarritmias, y admite mecanismos, orígenes y patrones electrocardiográficos muy distintos entre sí. El término añade al ya conocido arritmia, del griego ἀρρυθμία (arrhythmía, ausencia de ritmo), el prefijo ταχύ- (tachý-), de ταχύς (tachýs, rápido, veloz). La misma raíz aparece en taquicardia, taquipnea o taquifilaxia. Literalmente, "arritmia rápida". Conviene distinguirla, ya desde la definición, de la taquicardia sinusal fisiológica, la respuesta normal del corazón al ejercicio, la fiebre o la ansiedad. En esa situación late más rápido, sí, pero el impulso sigue naciendo en el nodo sinusal y recorriendo el circuito habitual: no hay ningún fallo en la generación ni en la conducción del impulso, solo una demanda mayor. Muchos autores excluyen por eso la taquicardia sinusal apropiada del concepto estricto de taquiarritmia, y la reservan para los ritmos rápidos que nacen de un foco ectópico, de un circuito de reentrada o de una alteración en la conducción. El automatismo anormal aparece cuando una célula distinta del nodo sinusal adquiere, casi siempre por una reducción de su potencial de reposo, la capacidad de descargar impulsos por su cuenta y a una frecuencia superior a la del marcapasos natural. El inicio y el final de estas arritmias suelen ser graduales, con una fase de aceleración progresiva y otra de enlentecimiento posterior, un patrón que contrasta con el arranque brusco típico de la reentrada. La actividad desencadenada obedece a un mecanismo distinto: oscilaciones del potencial de membrana, llamadas pospotenciales, que surgen enganchadas a un latido previo. Se distinguen dos variantes según el momento en que aparecen. Los pospotenciales precoces surgen antes de que la célula termine de repolarizarse, y se asocian sobre todo a fármacos o alteraciones iónicas que alargan el intervalo QT. Los tardíos surgen ya con la repolarización completa, y son el mecanismo típico de algunas arritmias ventriculares ligadas a la intoxicación digitálica. Con diferencia, la reentrada es el mecanismo más frecuente. Requiere dos vías con propiedades eléctricas distintas: una conduce despacio y se recupera pronto, la otra conduce rápido y tarda más en recuperarse. Un latido prematuro puede entonces quedar bloqueado en la vía rápida y avanzar solo por la lenta, que para cuando termina ya ha dado tiempo a que la rápida se recupere, así que el impulso vuelve a subir por ella y cierra un bucle que se repite mientras el circuito siga disponible. El fenómeno explica, entre otras, la taquicardia por reentrada del nodo auriculoventricular, la más común de las taquicardias paroxísticas de QRS estrecho. Además de la clasificación general de las arritmias por su origen y por su duración, las taquiarritmias admiten un criterio propio, de gran utilidad práctica: la anchura del complejo QRS en el electrocardiograma. Las de QRS estrecho, con una duración igual o inferior a 120 milisegundos, nacen por encima de la bifurcación del haz de His y se propagan con normalidad por el sistema de conducción, de modo que casi siempre son supraventriculares. Las de QRS ancho, con una duración mayor, son casi siempre de origen ventricular, aunque no siempre. Una taquiarritmia supraventricular puede ensancharse si el impulso encuentra el sistema de conducción parcialmente bloqueado, o si desciende por una vía accesoria en lugar de por el nodo auriculoventricular. Esa ambigüedad convierte a las taquiarritmias de QRS ancho en un reto clasificatorio clásico: hasta un 40 % se etiquetan mal en una primera lectura, según algunas series. Taquicardia y taquiarritmia se usan a menudo como sinónimos, y en la práctica clínica lo son casi siempre. Con propiedad, sin embargo, taquicardia describe solo la frecuencia (más de 100 latidos por minuto), sea cual sea su origen, mientras que taquiarritmia añade la condición de que el ritmo nazca de un mecanismo anómalo. Toda taquiarritmia sostenida es una taquicardia; no toda taquicardia es una taquiarritmia en sentido estricto. Frente a la bradiarritmia, el contraste es de frecuencia: por debajo de 60 latidos por minuto en un caso, por encima de 100 en el otro. Una extrasístole aislada, en cambio, no constituye una taquiarritmia por sí sola, por rápido que sea el latido adelantado: el término se reserva para los ritmos sostenidos, no para un latido suelto fuera de secuencia. Excluyendo la fibrilación y el flúter auriculares, el estudio poblacional MESA, realizado en Wisconsin entre 1991 y 1993, situó la prevalencia de las taquicardias supraventriculares paroxísticas en 2,25 por cada 1.000 habitantes, con una incidencia de 35 nuevos casos por cada 100.000 personas y año. Su distribución no es homogénea. Las mujeres tienen el doble de riesgo que los varones, y a partir de los 65 años ese riesgo llega a multiplicarse por cinco frente al de la población más joven. Dentro de las reentradas nodales, el pico de incidencia se sitúa en torno a los 48 años; en las mediadas por una vía accesoria, hacia los 25, y con más frecuencia en varones. Del griego ταχύς (tachýs, rápido), sumado a arritmia, que a su vez procede de ἀρρυθμία (arrhythmía, ausencia de ritmo). Es, por tanto, una arritmia caracterizada por la rapidez del ritmo resultante. En la práctica, casi siempre. Con rigor, no: la taquicardia describe solo la frecuencia, y puede ser una respuesta fisiológica normal; la taquiarritmia implica además un mecanismo eléctrico anómalo. Depende de si el impulso recorre el sistema de conducción con normalidad o no. Cuando lo hace, el QRS es estrecho y el origen casi siempre supraventricular. Cuando el impulso nace en el ventrículo, o llega a él por una vía distinta a la habitual, la activación se retrasa y el QRS se ensancha, aunque el origen sea supraventricular en algún caso. La fibrilación auricular, aunque queda fuera de las cifras del estudio MESA porque suele contabilizarse por separado. Entre las taquicardias paroxísticas de QRS estrecho, la más habitual es la reentrada del nodo auriculoventricular, con un pico de incidencia hacia los 48 años y predominio femenino.Qué es la taquiarritmia
Mecanismos
Clasificación por la anchura del QRS
Diferenciación con la taquicardia y la bradiarritmia
Epidemiología
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra taquiarritmia?
¿Es lo mismo taquicardia que taquiarritmia?
¿Por qué algunas taquiarritmias tienen el QRS ancho y otras estrecho?
¿Cuál es la taquiarritmia más frecuente?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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