DICCIONARIO MÉDICO
Suero sanguíneo
El suero sanguíneo es el líquido claro y amarillento que se separa de la sangre cuando esta coagula. Su composición se parece a la del plasma —agua con proteínas, sales, hormonas y productos de desecho—, pero con una diferencia decisiva: ha perdido el fibrinógeno, la proteína que forma el coágulo. Es la muestra sobre la que el laboratorio realiza buena parte de los análisis de sangre. El suero sanguíneo es la fracción líquida que queda de la sangre una vez ha coagulado. Si se deja reposar una muestra recién extraída, sin añadirle nada que impida la coagulación, al cabo de un rato se forma un coágulo sólido y por encima queda un líquido transparente de tono ambarino: ese líquido es el suero. En el laboratorio el proceso se acelera centrifugando el tubo, que precipita el coágulo al fondo y deja el suero arriba, limpio y listo para analizar. El nombre procede de la misma raíz latina que el resto de los «sueros» —serum, que en su día designó la parte acuosa de la leche cuajada—, y el adjetivo «sanguíneo» precisa de cuál se habla: el que sale de la sangre, no el de la leche ni la solución salina que se administra por vena. Para esas otras acepciones puede consultar la entrada general de suero. Más del noventa por ciento del suero es agua. En ella van disueltas las sustancias que la sangre transporta: electrolitos como el sodio, el potasio o el cloro; glucosa y otros nutrientes; lípidos; hormonas; y los residuos del metabolismo, como la urea. Tras el agua, el componente más abundante son las proteínas. La principal es la albúmina, que sostiene la presión necesaria para retener el líquido dentro de los vasos y hace de transporte de un sinfín de moléculas. Le siguen las globulinas, y entre ellas las gammaglobulinas o inmunoglobulinas, que son los anticuerpos. Lo que no hallará en el suero es fibrinógeno: se consumió al formarse el coágulo. Suero y plasma se parecen tanto que a simple vista cuesta distinguirlos; ambos son la parte líquida de la sangre, de un amarillo pálido. Lo que cambia es la forma de obtenerlos. Para conseguir plasma, la muestra se recoge en un tubo con anticoagulante —citrato, heparina o EDTA— que frena la coagulación, de modo que el líquido mantiene intactos el fibrinógeno y toda la maquinaria de la coagulación. El suero sale justo de lo contrario: de una sangre a la que se ha dejado coagular. Cuando el fibrinógeno se transforma en fibrina y queda preso en el coágulo, el líquido que sobrenada ya no lo lleva. Por eso el plasma tiene factores de coagulación y el suero no. El suero es la muestra de referencia para gran parte de los análisis de sangre. Sobre él se determinan los electrolitos, las pruebas de función hepática y renal, las hormonas, los marcadores tumorales o los niveles de muchos fármacos, y en él se rastrea también la presencia de anticuerpos, lo que se conoce como serología. La elección entre suero y plasma no da igual. Algunas determinaciones rinden mejor en uno que en otro: la glucosa, por ejemplo, se mide de preferencia en plasma, porque mientras el suero tarda en coagular las células sanguíneas siguen consumiéndola y el valor sale algo más bajo. Comparte raíz con todos los demás sueros: el latín serum, que nombraba el suero de la leche. El apellido «sanguíneo» se añadió para dejar claro que procede de la sangre. La historia completa de la palabra está en la entrada de suero. No, por más que se confundan. El plasma se obtiene impidiendo que la sangre coagule, así que conserva el fibrinógeno; el suero se obtiene al revés, dejándola coagular, y por eso ya no lo tiene. Esa es la razón de que ciertos análisis exijan uno y otros, el otro. Nada que ver. El del gotero es una solución de sal o glucosa fabricada para administrarla por vena; el sanguíneo es la parte líquida de su propia sangre, separada en el laboratorio. Coinciden solo en el nombre. El producto que se infunde se describe en la entrada del suero fisiológico. Depende de lo que se vaya a medir. El plasma está disponible antes, porque no hay que esperar a la coagulación, y resulta imprescindible cuando interesa estudiar la propia coagulación o medir sustancias que el suero altera, como la glucosa. El suero, al carecer de anticoagulantes, evita que estos interfieran en ciertas reacciones químicas, y es el preferido en la mayor parte de la bioquímica clínica y la serología. Si desea profundizar en conceptos asociados al suero sanguíneo, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el suero sanguíneo
De qué está compuesto
Suero y plasma: en qué se diferencian
Para qué se utiliza en el laboratorio
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el nombre «suero»?
¿Es lo mismo el suero sanguíneo que el plasma?
¿El suero sanguíneo es el mismo «suero» que se pone en el gotero?
¿Por qué unos análisis se hacen en suero y otros en plasma?
Referencias
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