DICCIONARIO MÉDICO
Plasma
El plasma es la fracción líquida de la sangre, el medio en el que flotan los glóbulos rojos, los glóbulos blancos y las plaquetas. Compuesto sobre todo por agua y proteínas, transporta sustancias, participa en la defensa inmunitaria y sostiene la coagulación. A partir de él se obtienen, además, varios de los componentes que se emplean en transfusión. Desde el punto de vista hematológico, el plasma es la parte líquida de la sangre en la que se mantienen en suspensión los elementos celulares: glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas. Representa algo más de la mitad del volumen sanguíneo total y constituye, junto con esos elementos formes, uno de los dos grandes compartimentos en que se divide la sangre. El nombre no tiene tanta antigüedad como podría suponerse. Lo acuñó en 1836 el médico alemán C. H. Schultz, que tomó prestado el griego plásma, "forma moldeada", un término que hasta entonces nada tenía que ver con la sangre. Schultz documentó su propuesta poco después en un artículo sobre la circulación publicado en The Lancet: necesitaba una palabra para el líquido vivo de la sangre, distinto del suero, que solo aparece tras la coagulación y, por tanto, tras la muerte de la muestra. Plasma pasó así a designar la porción nutritiva y activa de la sangre, la que forma la fibrina y alimenta al resto de los tejidos. Alrededor del 90 % de su volumen es agua. El resto son solutos: proteínas, sales disueltas, nutrientes, gases respiratorios y productos de desecho del metabolismo. La proteína más abundante, con diferencia, es la albúmina; le siguen las globulinas y el fibrinógeno. Cada una de estas proteínas tiene una tarea distinta. La albúmina retiene agua dentro de los vasos y transporta hormonas y fármacos unidos a su superficie (una función que solo se hace evidente cuando falla: una albúmina muy baja deja escapar líquido hacia los tejidos y produce edemas). Las globulinas incluyen los anticuerpos que defienden al organismo frente a virus, bacterias y hongos. El fibrinógeno, por su parte, es el sustrato a partir del cual se forma la fibrina cuando se activa la coagulación. El plasma también contribuye a repartir el calor generado en los tejidos centrales hacia zonas que lo pierden con más facilidad, como la piel de brazos y piernas. Su composición electrolítica es, de hecho, muy parecida a la del líquido intersticial que baña los tejidos; ambos comparten el sodio y el cloro como principales iones. Lo que los distingue es la concentración de proteínas, mucho mayor en el plasma, y esa diferencia es la que genera la presión oncótica, la fuerza que retiene agua dentro de los capilares y evita que se acumule en exceso fuera de ellos. Cuando se separa de la sangre con fines terapéuticos, y no solo para un análisis de laboratorio, el plasma puede seguir caminos distintos. Congelado poco después de la extracción, se convierte en plasma fresco congelado, pensado para conservar los factores de coagulación más inestables. Al descongelarlo y recoger las proteínas que precipitan se obtiene el crioprecipitado; lo que queda después de retirarlas es el plasma sobrenadante de crioprecipitado. A mayor escala, el plasma es también materia prima industrial. De él se purifican, entre otras, la albúmina, las inmunoglobulinas y el factor von Willebrand. No todo se transfunde igual. Y la extracción selectiva del plasma de un donante, o de un paciente con fines terapéuticos, es a su vez un procedimiento con nombre propio: la plasmaféresis. El plasma y el suero suelen confundirse porque ambos son la porción líquida y transparente de una muestra de sangre centrifugada. La diferencia está en el punto de partida: el plasma procede de sangre extraída con un anticoagulante, de modo que conserva el fibrinógeno y el resto de factores de coagulación; el suero procede de sangre que se ha dejado coagular, por lo que carece de ellos. Los detalles de esa distinción, con sus consecuencias para el laboratorio, se recogen en la entrada dedicada al suero sanguíneo. Por una coincidencia, no por parentesco. Schultz aplicó la palabra a la sangre en 1836; casi un siglo después, en 1928, los físicos empezaron a llamar también plasma al gas ionizado que aparece a temperaturas muy altas. Ambos usos beben del mismo origen griego, pero describen fenómenos que no tienen relación entre sí. No. Es precisamente lo contrario: el plasma es la fracción que queda cuando se retiran los glóbulos rojos, los glóbulos blancos y las plaquetas. Solo una parte se transfunde como plasma fresco congelado, sin más procesamiento que la congelación. Otra parte se somete a las técnicas de cuarentena o de inactivación viral que exige la normativa antes de administrarse. Y una proporción considerable se destina a la industria del fraccionamiento plasmático, donde se separan y concentran proteínas concretas para fabricar medicamentos derivados del plasma humano. El destino de cada donación depende, en la práctica, de las necesidades del sistema transfusional en cada momento y de las características de la propia unidad extraída. El primero procede de la propia sangre del paciente, se centrifuga en el laboratorio y se descarta tras la prueba. El segundo procede de un donante, se extrae y se procesa bajo un marco normativo específico que regula su verificación, conservación y distribución con fines terapéuticos.Qué es el plasma
Composición y funciones
Del plasma a sus derivados
Plasma y suero
Preguntas frecuentes
¿Por qué el plasma sanguíneo y el plasma de la física comparten nombre?
¿El plasma contiene células?
¿Todo el plasma que se dona termina transfundido tal cual?
¿Qué diferencia hay entre el plasma de un análisis y el que se transfunde a otra persona?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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