DICCIONARIO MÉDICO
Regeneración
La regeneración es el proceso biológico por el que un organismo repone un tejido, un órgano o una estructura perdidos mediante una réplica que reproduce su arquitectura y su función originales, y no solo un sustituto fibroso. La capacidad de regenerar varía enormemente entre especies, entre tejidos de un mismo organismo y, en algunos casos, a lo largo de la vida de un mismo individuo. La palabra procede del latín regenerare, formado por el prefijo re- ("de nuevo") y el verbo generare ("engendrar, producir"): volver a generar lo que se ha perdido. El estudio científico del fenómeno arrancó en el siglo XVIII con una serie de observaciones que hoy resultan casi anecdóticas. En 1712, el naturalista francés René-Antoine Ferchault de Réaumur documentó la regeneración de las patas de los cangrejos de río. En 1740, el suizo Abraham Trembley descubrió, casi por accidente mientras enseñaba historia natural a sus alumnos, que un pólipo de agua dulce partido en dos generaba dos individuos completos; publicó sus experimentos en 1744 y dio nombre a la Hidra, en referencia al monstruo mitológico de múltiples cabezas. En 1768, el italiano Lazzaro Spallanzani extendió estas observaciones a los vertebrados al describir la regeneración de colas, extremidades y mandíbulas en salamandras. La biología del desarrollo distingue tres mecanismos distintos, según exista o no proliferación celular y según las células impliquen o no un paso previo por un estado indiferenciado. En la epimorfosis, células maduras próximas a la herida pierden sus características especializadas, se desdiferencian y proliferan formando una masa llamada blastema, que después se redifierencia y reconstruye la parte perdida. Es el mecanismo detrás de la regeneración de una extremidad en una salamandra adulta o de una aleta en un pez teleósteo. En la morfalaxis, en cambio, el tejido que sobrevive a la lesión se remodela y se reorganiza para reconstituir un organismo completo, pero más pequeño, sin que medie una proliferación celular masiva ni la formación de un blastema propiamente dicho. Es lo que ocurre en la hidra: un fragmento del cuerpo se reorganiza directamente en un animal entero. El tercer mecanismo, la regeneración compensadora, ocupa un término intermedio: las células se dividen, pero conservan en todo momento su identidad diferenciada, sin pasar por ningún estado de célula indiferenciada agrupada en un blastema. Es, como se explica más abajo, lo que sucede en el hígado humano. El hígado humano ilustra bien los límites del término tal y como se usa en el lenguaje corriente. Tras una hepatectomía parcial o una lesión aguda, el órgano recupera su masa con notable rapidez, y el lenguaje clínico habla sin reparos de "regeneración hepática". La palabra engaña. Desde el punto de vista biológico estricto, el proceso es una hiperplasia compensadora de los hepatocitos supervivientes, con cierto grado de hipertrofia asociada, y no una regeneración epimórfica comparable a la de un miembro de salamandra, que sí reconstruye una estructura enteramente nueva a partir de un blastema. La distinción no es solo terminológica. El hígado recupera volumen y función, pero no siempre reconstituye con exactitud la arquitectura lobulillar original, y los donantes vivos de hígado no suelen recuperar por completo el volumen hepático previo a la donación pese a recuperar la función de forma íntegra. Fuera del caso hepático, el cuerpo humano tiene una capacidad regenerativa limitada y muy desigual entre tejidos. La epidermis, la mucosa intestinal y las células de la sangre se renuevan de forma continua a lo largo de toda la vida gracias a poblaciones de células madre residentes, pero esta renovación fisiológica constante es un fenómeno distinto de la regeneración reparadora que sigue a una lesión, y no debe confundirse con ella. Un nervio periférico seccionado sí puede regenerar de verdad: las células de Schwann forman un conducto que guía el crecimiento del axón de vuelta hacia su destino, a un ritmo de entre uno y tres milímetros al día. Las neuronas del cerebro y de la médula espinal, en cambio, prácticamente no regeneran sus axones en el adulto humano, lo que explica por qué una lesión medular suele dejar secuelas permanentes mientras que una lesión de un nervio periférico, según su gravedad, puede recuperarse con el tiempo. La piel humana adulta no regenera: cicatriza, y el resultado es tejido fibroso sin folículos pilosos ni glándulas. Existe, sin embargo, una llamativa excepción fetal. Hasta aproximadamente la semana 22 a 24 de gestación, una herida en la piel del feto cierra por regeneración verdadera, reconstruyendo folículos y glándulas y sin dejar marca alguna; pasado ese punto, el mismo tipo de herida cicatriza igual que en un recién nacido o en un adulto. El paralelismo humano más parecido al de un anfibio se documentó, sorprendentemente, en niños pequeños. En 1974, el cirujano Cedric Illingworth describió que, cuando la amputación de la punta de un dedo se sitúa por delante de la base de la uña y se trata de forma conservadora, sin cirugía, la punta del dedo vuelve a crecer completa: hueso, pulpejo, huella dactilar y uña incluidos. Es un fenómeno excepcional, limitado a la infancia y a esa localización muy concreta; no se ha demostrado nada equivalente en un adulto. En el resultado final. La regeneración reconstruye el tejido original con su arquitectura y su función intactas. La cicatrización lo sustituye por tejido fibroso funcionalmente inferior, sin las estructuras accesorias del tejido original, como los folículos pilosos de la piel. Un mismo organismo puede recurrir a uno u otro mecanismo según el tejido y la especie: el hígado humano se acerca más a una regeneración funcional que la piel, que solo cicatriza. Depende por completo de en qué tramo del sistema nervioso se produce la lesión. Un nervio periférico puede regenerar gracias a las células de Schwann, que guían al axón de vuelta hacia su destino. Las neuronas centrales, en el cerebro y la médula espinal del adulto, carecen de un mecanismo equivalente, y su capacidad de regenerar axones tras una lesión es prácticamente nula. No. Existen al menos tres mecanismos distintos (epimorfosis, morfalaxis y regeneración compensadora), y cada grupo animal recurre a uno de ellos o a una combinación de los tres, según la estructura que deba reponerse. El más parecido, y bien documentado, es el de la punta del dedo en la infancia, descrito por primera vez por Cedric Illingworth en 1974: si la amputación se sitúa por delante de la base de la uña y se deja curar sin cirugía, la punta vuelve a crecer completa. Se trata de un fenómeno excepcional, limitado a la infancia y a esa localización muy concreta.Qué es la regeneración
Los tres mecanismos de la regeneración
La "regeneración" hepática: un caso especial
Qué tejidos humanos regeneran de verdad
Preguntas frecuentes
¿En qué se diferencia la regeneración de la reparación por cicatrización?
¿Se regeneran los nervios igual que otros tejidos?
¿Todas las especies animales regeneran del mismo modo?
¿Existe algún caso de regeneración similar a la de un anfibio en el ser humano?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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