DICCIONARIO MÉDICO
Reparación
La reparación es el conjunto de mecanismos biológicos que el organismo activa tras una lesión para restablecer la continuidad de un tejido dañado, bien devolviéndolo a su estado original, bien sustituyéndolo por tejido conjuntivo nuevo. El resultado final, regeneración o cicatriz, depende del tipo de célula lesionada y de la extensión del daño. La palabra procede del latín reparare, formado por el prefijo re- (de nuevo) y el verbo parare (preparar, disponer). Está documentada en español desde 1495, en el Vocabulario español-latino de Nebrija, aunque entonces se aplicaba a objetos y edificios, no a tejidos vivos. En biología designa la respuesta del organismo a cualquier pérdida de continuidad tisular, desde una incisión quirúrgica hasta la muerte celular por falta de riego sanguíneo. El uso corriente confunde con frecuencia reparación y regeneración. No son sinónimos. La reparación es el proceso completo que sigue a toda lesión, y la regeneración solo uno de los dos desenlaces posibles de ese proceso. Cuando el tejido lesionado conserva intacto su armazón de sostén (la matriz extracelular) y está formado por células capaces de dividirse, el organismo puede restituir el tejido original sin dejar huella funcional. Los patólogos llaman a esto restitutio ad integrum, expresión latina que significa devolución al estado íntegro. Ocurre, por ejemplo, en una erosión superficial de la córnea o en una fractura ósea bien alineada en un niño. Basta que el daño alcance ese armazón, o que afecte a células que ya no se dividen, para que la reparación tome el otro camino: rellenar el hueco con tejido conjuntivo rico en colágeno. El resultado cierra la herida y devuelve la continuidad mecánica, pero no reproduce la arquitectura ni la función del tejido perdido. Una revisión sobre biología de la reparación resume la diferencia con una imagen sencilla: la regeneración restituye, la sustitución fibrosa solo parchea. El resultado es funcionalmente inferior. La clave está en el tipo de célula que predomina en el tejido lesionado. A finales del siglo XIX, el histólogo italiano Giulio Bizzozero propuso clasificar los tejidos del cuerpo en tres categorías según su ciclo celular: lábiles, estables y permanentes. Esa clasificación sigue empleándose hoy en patología. Las células lábiles, como las del epitelio intestinal o las de la médula ósea, se dividen sin descanso durante toda la vida, de modo que su renovación es constante y la reparación tiende a la regeneración completa. Las estables, entre ellas los hepatocitos del hígado, no se dividen en condiciones normales, pero conservan la capacidad de hacerlo si el estímulo lo requiere, razón por la que el hígado puede recuperar buena parte de su masa tras una resección quirúrgica. Las permanentes, como las neuronas y los miocitos del corazón, perdieron esa capacidad al madurar. No hay término medio para ellas: cualquier lesión se resuelve siempre con una cicatriz. Del latín reparare, formado por re- (de nuevo) y parare (preparar, disponer). La voz llegó al español mucho antes de aplicarse a la biología: durante siglos se usó solo para objetos, edificios y agravios, un uso que conserva expresiones como reparar un daño o reparar una ofensa. No. La reparación es el proceso general que sigue a cualquier lesión tisular. La regeneración es uno de sus dos desenlaces posibles, el que restituye el tejido original sin dejar cicatriz. El otro desenlace es la sustitución por tejido conjuntivo. Porque el tejido conjuntivo que la forma carece de los elementos accesorios de la piel sana: no tiene folículos pilosos, ni glándulas sudoríparas, ni la disposición entrecruzada del colágeno que da elasticidad a la dermis. El resultado cierra la herida y protege frente a infecciones, pero no regula la temperatura ni recupera la sensibilidad fina de la piel intacta. Es una solución de compromiso, no una restitución. Por eso las cicatrices extensas, como las de una quemadura profunda, pueden limitar el movimiento de una articulación cercana aunque la herida esté completamente cerrada. El histólogo italiano Giulio Bizzozero (1846-1901), catedrático en la Universidad de Pavía y descubridor de la función de las plaquetas en la coagulación. Su clasificación en células lábiles, estables y permanentes sigue siendo el marco de referencia para explicar por qué unos tejidos regeneran y otros no.Qué es la reparación
Dos desenlaces: regeneración o sustitución fibrosa
Qué decide el camino: la capacidad de división celular
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra reparación?
¿Es lo mismo reparación que regeneración?
¿Por qué una cicatriz nunca es idéntica a la piel original?
¿Quién distinguió por primera vez los tres tipos de célula según su capacidad de división?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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