DICCIONARIO MÉDICO
Reconstrucción
En cirugía, la reconstrucción es el conjunto de procedimientos que devuelven la forma y la función a una parte del cuerpo perdida o alterada por un defecto congénito, un traumatismo, una infección, un tumor o la cirugía que lo extirpó. Puede hacerse con tejido del propio paciente, con materiales artificiales o combinando ambos. En diagnóstico por imagen, la misma palabra designa algo muy distinto: el cálculo con el que un ordenador obtiene imágenes a partir de datos de medición. El verbo reconstruir llega del latín reconstruere. El diccionario académico le da dos sentidos que en medicina conviven sin mezclarse. El primero, volver a construir, es el quirúrgico: se rehace una nariz, una mama, un ligamento o un fragmento de mandíbula que ya no está o que nunca llegó a formarse bien. El segundo, reunir datos o ideas para completar el conocimiento de algo, está más cerca de lo que hace un tomógrafo cuando convierte miles de mediciones en un corte anatómico, proceso que tiene su propia entrada en reconstrucción informática. En el sentido quirúrgico, la reconstrucción es el núcleo de la cirugía plástica, aunque no le pertenece en exclusiva: traumatólogos, cirujanos maxilofaciales, urólogos u otorrinolaringólogos reconstruyen estructuras dentro de su campo. El programa formativo oficial de la especialidad en España, aprobado en 2010, la define como la corrección de procesos congénitos, adquiridos, tumorales o involutivos que requieren reparación o reposición de estructuras que afectan a la forma y la función corporal. En la denominación española se prefiere el adjetivo reparadora (la especialidad se llama Cirugía Plástica, Estética y Reparadora), mientras que «reconstructiva» corresponde al inglés reconstructive. En la práctica se usan como sinónimos. La frontera se trazó con claridad en 1989, cuando la Asociación Médica Estadounidense adoptó dos definiciones que siguen citándose hoy. La cirugía estética remodela estructuras normales del cuerpo para mejorar el aspecto y la autoestima. La reconstructiva, en cambio, actúa sobre estructuras anormales (por defectos congénitos, alteraciones del desarrollo, traumatismos, infecciones, tumores o enfermedad) y persigue sobre todo mejorar la función, aunque también puede buscar un aspecto lo más cercano posible a la normalidad. El criterio, por tanto, es el punto de partida y no la técnica. Un mismo colgajo puede servir en una intervención reconstructiva o en una estética; lo que cambia la categoría es si la estructura sobre la que se opera era normal o no. La distinción tiene consecuencias administrativas muy concretas, porque de ella depende en muchos sistemas sanitarios qué se financia y qué no. Durante décadas, la enseñanza de la cirugía reconstructiva se organizó en torno a la llamada escalera reconstructiva, cuya formulación suele atribuirse a Mathes y Nahai (1982). Sus peldaños ordenan las opciones de menor a mayor complejidad: dejar que la herida cierre por segunda intención, el cierre directo, el injerto de piel, el colgajo local, el colgajo pediculado a distancia y, en lo alto, el colgajo libre con anastomosis por microcirugía. La regla implícita era subir peldaño a peldaño y quedarse en el más bajo que resolviera el problema. En 1994, Gottlieb y Krieger propusieron en Plastic and Reconstructive Surgery sustituir la escalera por un ascensor. Su argumento: la opción más sencilla que cierra un defecto no siempre es la que mejor restituye la forma y la función, y el cirujano debe poder ir directamente al nivel adecuado aunque sea más complejo. Después han surgido otros modelos (el triángulo que añadía la expansión tisular, o matrices que ponderan riesgo quirúrgico y complejidad tecnológica). Todos comparten la misma idea de fondo, que la reconstrucción se decide pensando en el resultado final y no solo en tapar el hueco. Según el momento, la reconstrucción es inmediata cuando se realiza en la misma intervención en la que se extirpa el tejido enfermo, y diferida cuando se aplaza a una operación posterior, a veces meses o años después. La reconstrucción mamaria tras la mastectomía es el ejemplo más conocido de esta doble posibilidad. Atendiendo al material, se habla de reconstrucción autóloga cuando se emplean tejidos del propio paciente (piel, grasa, músculo, hueso, a menudo en forma de colgajos que conservan su riego sanguíneo), de reconstrucción con implantes o prótesis, y de técnicas mixtas que combinan las dos. La tercera clasificación es la más intuitiva y se refiere a la estructura reconstruida: partes blandas, hueso, ligamentos y tendones, nervios, o regiones completas como la craneofacial. Se usan a menudo como equivalentes, pero cuando se contraponen la diferencia es de grado. Reparar suele significar restituir la continuidad del tejido lesionado con sus propios extremos, como al suturar un tendón roto. Se reconstruye cuando lo que falta hay que sustituirlo por tejido de otra procedencia o por un material artificial. Tampoco debe confundirse con el reimplante, que vuelve a unir al cuerpo una parte amputada. Sí. La definición de 1989 lo admite expresamente: la cirugía reconstructiva busca ante todo la función, pero también puede perseguir un aspecto próximo a la normalidad. Solo la palabra. En radiología, reconstruir es calcular una imagen a partir de las mediciones de un escáner; nadie opera ni sustituye tejido alguno. Las dos disciplinas sí se encuentran en la planificación: los modelos tridimensionales obtenidos de una tomografía permiten estudiar un defecto óseo antes de entrar en quirófano.Qué es la reconstrucción
Reconstrucción y cirugía estética
Modelos de planificación reconstructiva
Tipos de reconstrucción
Preguntas frecuentes
¿Reconstrucción y reparación son lo mismo?
¿Una reconstrucción puede buscar un resultado estético?
¿Qué tiene que ver la reconstrucción quirúrgica con la reconstrucción de imágenes?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026