DICCIONARIO MÉDICO

Presión cefalorraquídea

La presión cefalorraquídea es la presión que ejerce el líquido cefalorraquídeo dentro del espacio subaracnoideo y el sistema ventricular. Se mide de forma directa durante una punción lumbar, con el paciente en decúbito lateral y mediante un manómetro conectado a la aguja, y se expresa habitualmente en milímetros de agua (mmH2O).

Qué es la presión cefalorraquídea

El líquido cefalorraquídeo circula por un circuito cerrado que envuelve el encéfalo y la médula espinal: los ventrículos cerebrales, el espacio subaracnoideo craneal y el que rodea la médula, hasta el fondo de saco dural lumbar. La presión que ese líquido ejerce sobre las paredes de ese circuito es la presión cefalorraquídea, también llamada presión del LCR o presión raquídea, según el contexto en que se emplee.

El adjetivo cefalorraquídeo une dos raíces cultas. Cefalo- procede del griego κεφαλή (kephalé, «cabeza»); raquídeo se deriva de raquis, voz que el latín científico tomó del griego ῥάχις (rháchis), y que la Real Academia Española recoge como sinónimo culto de columna vertebral, documentado en diccionarios españoles desde mediados del siglo XIX. Nombra, con esa suma, el trayecto completo que recorre el líquido al que se refiere: de la cabeza a la columna.

No conviene confundirla, sin matices, con la presión intracraneal. Ambas comparten buena parte de su física, pero se obtienen con instrumentos distintos y en contextos clínicos distintos, según se detalla más adelante.

Cómo se mide: manometría en la punción lumbar

La determinación más habitual es la punción lumbar con manómetro. El paciente se coloca en decúbito lateral, con las rodillas flexionadas hacia el abdomen, postura que facilita el acceso al espacio subaracnoideo entre las vértebras L3-L4 o L4-L5. En cuanto el líquido empieza a fluir por la aguja, se conecta un tubo graduado y se deja que la columna líquida ascienda hasta estabilizarse: esa altura es la presión de apertura.

Según el Manual MSD, el intervalo considerado normal en un adulto en esa posición va de 100 a 200 mmH2O. Trasladado a milímetros de mercurio (la unidad que emplean los sistemas de monitorización intracraneal), equivale de forma aproximada a 7-15 mmHg, puesto que 1 mmHg corresponde a unos 1,36 cmH2O: la misma magnitud, en otra escala.

El resultado depende de la postura y de factores momentáneos. La tos, el esfuerzo abdominal o la maniobra de Valsalva elevan la presión intraabdominal y torácica, dificultan el retorno venoso desde el sistema nervioso central y hacen subir la cifra durante unos segundos, sin que eso indique nada anómalo por sí solo.

Un capítulo de su historia: la maniobra de Queckenstedt

La punción lumbar con fines diagnósticos la introdujo el internista alemán Heinrich Quincke en 1891. Unas décadas después, en 1916, el neurólogo también alemán Hans Queckenstedt describió una prueba que llevaría su nombre: comprimir las venas yugulares durante la punción y observar cómo respondía la presión lumbar. Si subía con rapidez, el canal espinal estaba libre; si apenas se movía, algo lo obstruía.

James Ayer confirmó la lógica de la prueba en 1922, al comparar de forma simultánea la presión cisternal y la lumbar en pacientes con un bloqueo del canal espinal: solo la cisternal seguía respondiendo a la compresión. La maniobra se mantuvo como procedimiento habitual hasta mediados del siglo XX y fue perdiendo protagonismo a medida que la tomografía y la resonancia magnética permitieron visualizar directamente lo que antes solo podía inferirse a través de un cambio de presión.

Valores de referencia y su relación con la presión intracraneal

Los valores normales varían con la edad. Según los protocolos de la Asociación Española de Pediatría, la presión intracraneal (medida por distintos métodos, entre ellos la vía lumbar) se sitúa en torno a 5 mmHg en el neonato y el lactante, entre 5 y 15 mmHg en niños menores de ocho años, y por debajo de 15 mmHg a partir de esa edad. A partir de la adolescencia, las cifras se acercan ya a las del adulto: el intervalo de 100-200 mmH2O que recoge el Manual MSD.

La presión cefalorraquídea y la presión intracraneal miden, en el fondo, la misma variable física: la presión del compartimento que aloja el encéfalo, la sangre y el LCR, gobernado por la teoría de Monro-Kellie. Difieren en el punto de acceso. La primera se obtiene con una aguja lumbar y un manómetro de columna líquida; la segunda, con un catéter o un sensor colocado directamente dentro del cráneo, y se reserva para el paciente crítico que requiere vigilancia continua en unidades especializadas.

La equivalencia entre ambas solo es fiable cuando el líquido circula con libertad entre el compartimento espinal y el craneal. Si existe una obstrucción a lo largo del canal (un tumor medular, una malformación de Chiari), la presión lumbar puede no reflejar lo que ocurre por encima de ella: es, precisamente, el fenómeno que exploraba la maniobra de Queckenstedt. Por esa razón, la punción lumbar se evita cuando se sospecha una lesión craneal que ocupa espacio, ante el riesgo de que el propio procedimiento precipite un desplazamiento del tejido cerebral.

Preguntas frecuentes

¿Presión cefalorraquídea y presión intracraneal son lo mismo?

En un sistema con el LCR circulando libremente, prácticamente sí. Pero se miden con instrumentos distintos (punción lumbar frente a monitorización craneal directa) y solo coinciden con fiabilidad cuando no hay ningún obstáculo entre el punto de medición y el compartimento craneal. En 1916, Hans Queckenstedt diseñó una prueba pensada justamente para detectar esos casos de divergencia.

¿En qué unidades se expresa?

Casi siempre en milímetros de agua (mmH2O) cuando se mide por punción lumbar, y en milímetros de mercurio (mmHg) cuando se registra con un sensor intracraneal. Un mmHg equivale a unos 1,36 cmH2O.

¿De dónde viene el nombre?

De dos raíces: cefalo-, del griego «cabeza», y raquídeo, del raquis o columna vertebral. El término describe el trayecto anatómico completo del líquido al que se refiere.

¿Sube la presión cefalorraquídea al toser?

Sí, de forma transitoria. La tos y otras maniobras similares aumentan la presión intraabdominal y torácica, dificultan el retorno venoso desde el sistema nervioso central y elevan durante unos segundos la presión del LCR, sin que eso implique ninguna alteración de fondo.

Referencias

  1. Freedman M. Punción lumbar. Manual MSD, versión para profesionales.
  2. Real Academia Española. Raquis. Diccionario de la lengua española.
  3. Felipe Rucián A, Del Toro Riera M. Hipertensión intracraneal en Pediatría. Protocolos diagnóstico-terapéuticos, Asociación Española de Pediatría, 2022.
  4. Curt A, Zipser CM. The rise and fall of Queckenstedt's test between 1916 and 1970. European Journal of Neurology, 2024.

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