DICCIONARIO MÉDICO
Nitroglicerina
La nitroglicerina es un nitrato orgánico de acción vasodilatadora que se usa desde el siglo XIX contra la angina de pecho. Su nombre químico es trinitrato de glicerol, la misma molécula que Alfred Nobel estabilizó para fabricar la dinamita. En el organismo funciona como donante de óxido nítrico: es un profármaco cuya activación relaja la pared de los vasos, con predominio sobre el territorio venoso. Su código en la clasificación ATC es C01DA02. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). La nitroglicerina es el éster del glicerol con el ácido nítrico: tres grupos nitrato unidos a una molécula de glicerina. En estado puro es un líquido oleoso, incoloro y sensible al golpe, la propiedad que explica su otra vida como explosivo. La cantidad presente en un medicamento es minúscula y no se comporta de esa manera. Dentro de la farmacología cardiovascular se agrupa entre los nitratos orgánicos y ejerce de antianginoso, un fármaco que corrige el desajuste entre el oxígeno que el miocardio recibe y el que consume. Se presenta en distintas formulaciones (comprimidos sublinguales, parches transdérmicos, pomada, aerosol y solución para vía intravenosa), todas con el mismo principio activo. Lo que las une va más allá del envase: la molécula cede óxido nítrico una vez dentro del cuerpo. Ese rasgo la sitúa dentro de los donantes de óxido nítrico, la familia a la que pertenecen también el nitrito de amilo y el dinitrato de isosorbida. La molécula, por sí sola, no hace nada. La nitroglicerina es un profármaco: necesita transformarse dentro de la célula para volverse activa. Esa conversión ocurre sobre todo en la pared vascular, donde una enzima mitocondrial, la aldehído deshidrogenasa 2 (ALDH2), la reduce y libera óxido nítrico. Zhang Chen y Jonathan Stamler describieron esta ruta en 2002, tras más de un siglo de uso clínico sin que se conociera bien el porqué. Una vez liberado, el óxido nítrico llega al músculo liso del vaso y activa la guanilato ciclasa soluble, la enzima que fabrica GMP cíclico. El ascenso de ese segundo mensajero relaja las fibras musculares y el vaso se ensancha. El efecto no reparte por igual en todo el árbol circulatorio: predomina en las venas. Al dilatarse el territorio venoso, retorna menos sangre al corazón, baja la tensión sobre sus paredes, el miocardio consume menos oxígeno y cede la isquemia. Con concentraciones más altas se añaden la dilatación de las arterias coronarias y un descenso de la resistencia arterial. Esa misma enzima explica un fenómeno curioso. La exposición sostenida al fármaco inactiva la ALDH2 y el efecto se atenúa con el tiempo: es la tolerancia a los nitratos, descrita ya a finales del siglo XIX en los obreros de las fábricas de explosivos, que llegaban el lunes con cefalea y se habituaban a lo largo de la semana. La ALDH2 se ocupa además de otra tarea muy conocida, la degradación del etanol, lo que emparenta de forma inesperada la química del alcohol con la de este vasodilatador. El químico piamontés Ascanio Sobrero obtuvo la sustancia en 1847, en Turín, tratando glicerina con una mezcla de ácido nítrico y sulfúrico. Al probar una gota sobre la lengua notó una cefalea violenta de varias horas, el primer indicio de su acción sobre los vasos. Resultó herido en uno de sus ensayos y llegó a lamentar el hallazgo. La inestabilidad del líquido lo hacía peligroso de manejar. Alfred Nobel resolvió ese problema absorbiendo el explosivo en tierra de diatomeas y en 1867 patentó la dinamita. El uso médico llegó por otra vía. En 1879 el médico londinense William Murrell publicó en The Lancet una serie de casos en los que unas gotas de nitroglicerina aliviaban la angina de pecho, después de haber comprobado los efectos en sí mismo. La historia guarda una ironía. Pocos meses antes de morir, en 1896, al propio Nobel le recetaron nitroglicerina para su angina. En una carta a un amigo comentó lo paradójico de que le mandaran tomar por prescripción aquello con lo que había amasado su fortuna como fabricante de explosivos. El nombre combina «nitro» y «glicerina», y se acuñó cuando la nomenclatura química aún no afinaba estas distinciones. En rigor, la molécula es un éster nítrico del glicerol, es decir, un nitrato orgánico, no un verdadero compuesto nitro (aquellos en los que el nitrógeno se enlaza directamente a un átomo de carbono). La denominación antigua se impuso por el uso y ha llegado intacta hasta hoy. Sí. El principio activo es idéntico, trinitrato de glicerol. Cambian la cantidad y la preparación: en el fármaco va muy diluida y formulada para liberarse de forma controlada, sin capacidad detonante. Mucha. La nitroglicerina actúa cediendo óxido nítrico, la molécula que ensancha los vasos desde dentro. Investigar cómo lo lograba condujo a un descubrimiento mayor: que las células del endotelio fabrican su propio óxido nítrico como mensajero cardiovascular. Ese trabajo recibió el Premio Nobel de Medicina en 1998, concedido a Robert Furchgott, Louis Ignarro y Ferid Murad. Para situar la nitroglicerina dentro de su grupo farmacológico, puede consultar:Qué es la nitroglicerina
La vía del óxido nítrico
De explosivo a fármaco
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llama nitroglicerina si químicamente es un nitrato?
¿Es la misma sustancia la de la dinamita y la del medicamento?
¿Qué relación tiene con el óxido nítrico?
Referencias
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