DICCIONARIO MÉDICO
Membrana serosa
La membrana serosa es el tejido que tapiza las cavidades corporales cerradas del tronco (torácica, pericárdica y abdominal) y envuelve los órganos alojados en ellas. Formada por una capa de mesotelio sobre tejido conectivo, segrega un líquido seroso que reduce la fricción entre las superficies en contacto. Sus principales representantes son la pleura, el pericardio y el peritoneo. Bajo el nombre de membrana serosa se agrupan varias láminas de tejido, no una sola: cada cavidad corporal cerrada del tronco tiene la suya, aunque todas comparten organización histológica y reciben el mismo nombre genérico. Reviste por dentro esas cavidades y se repliega sobre los órganos que contienen. El término reúne dos raíces de procedencia distinta. «Membrana» llegó al latín desde membrum (miembro, extremidad) con el sufijo -ana; el sentido más específico, el que hoy se emplea en histología, se atribuye al médico e histólogo francés M. F. Bichat hacia 1800, aunque la palabra ya circulaba en castellano desde 1450 con una acepción más amplia. «Serosa» procede del latín serum (suero, la parte líquida que queda tras coagularse la sangre o la leche) y, en último término, de una raíz indoeuropea que significa fluir. La membrana debe su nombre al líquido que produce, no a ninguna propiedad estructural. Dos capas componen toda membrana serosa. La externa, el mesotelio, es un epitelio plano simple: una única hilera de células aplanadas, sin vasos propios, unidas entre sí con firmeza. Bajo ella se extiende una capa fina de tejido conectivo, que sí aporta irrigación sanguínea, inervación y anclaje de la serosa a las estructuras vecinas. Es el mesotelio el que fabrica el líquido seroso, un fluido acuoso y escaso en condiciones normales (apenas unos mililitros) que ocupa el espacio virtual entre la hoja parietal, adherida a la pared de la cavidad, y la hoja visceral, adherida al órgano. Ese espacio virtual solo se convierte en un volumen apreciable cuando algo falla. Fuera de esa circunstancia, la película de líquido apenas separa ambas hojas lo justo para que se deslicen sin roce. La pleura reviste la cavidad torácica y envuelve cada pulmón; entre su hoja parietal y la visceral se desliza el tejido pulmonar en cada respiración. El pericardio aporta, por dentro de su cubierta fibrosa externa, la hoja serosa que envuelve directamente al corazón y amortigua el roce de cada latido. El peritoneo, la más extensa de las tres (su superficie ronda los dos metros cuadrados, comparable a la de la piel), tapiza la cavidad abdominal; por la cantidad de estructuras y de pliegues que se despliegan a partir de él, merece un desarrollo propio en este diccionario. Un origen embrionario común explica ese parecido: las tres derivan del celoma intraembrionario formado en el mesodermo lateral, que se subdivide en tres compartimentos independientes a lo largo del desarrollo. Existe también una cuarta serosa, la túnica vaginal que envuelve los testículos, aunque no dispone de entrada propia en este diccionario. Conviene no confundir la serosa con la mucosa. Ambas revisten cavidades del organismo, pero de tipo distinto: la mucosa tapiza los conductos comunicados con el exterior, como el tubo digestivo, las vías respiratorias o el aparato genitourinario, y secreta moco, una sustancia protectora y viscosa. La serosa reviste cavidades cerradas, sin comunicación con el exterior, y produce un líquido acuoso cuya función es lubricar el roce entre superficies, no defenderlas de agentes externos. También se distingue de la adventicia, la capa de tejido conectivo que ancla ciertos órganos (el esófago torácico, buena parte del tracto urinario, los grandes vasos retroperitoneales) a las estructuras vecinas sin que medie una cavidad ni un líquido lubricante. Donde la serosa reduce la fricción, la adventicia fija el órgano en su sitio; cumplen funciones distintas aunque ambas se adosen a la superficie externa del órgano que revisten. Por el líquido que producen. «Serosa» viene del latín serum (suero), la misma raíz de la que deriva «suero sanguíneo»: el nombre describe el fluido claro y acuoso que segregan estas membranas, no su estructura ni su localización. No exactamente. El peritoneo es una de las tres serosas del organismo, junto con la pleura y el pericardio; «membrana serosa» es el término genérico que las engloba. Muy poco: apenas unos mililitros, suficientes para formar una película lubricante entre las dos hojas de la serosa sin llegar a acumularse como un volumen apreciable. Cuando esa cantidad aumenta de forma patológica, por inflamación, infección, insuficiencia cardíaca u otras causas, recibe nombres distintos según la cavidad afectada: derrame pleural en el tórax, derrame pericárdico alrededor del corazón y ascitis en el abdomen. Cada uno de estos cuadros se desarrolla en su propia entrada de este diccionario. Pierde parte de su capacidad de producir líquido seroso de forma regulada, y las dos hojas de la serosa pueden friccionar o adherirse entre sí. Las adherencias son una secuela frecuente de la inflamación o de la cirugía sobre una superficie serosa, y pueden alterar la movilidad del órgano afectado años después del episodio que las originó.Qué es la membrana serosa
Estructura histológica
Las serosas del organismo
Diferenciación con la mucosa y la adventicia
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llaman serosas estas membranas?
¿Es lo mismo la serosa que el peritoneo?
¿Cuánto líquido seroso hay normalmente en estas cavidades?
¿Qué ocurre si el mesotelio se daña?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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