DICCIONARIO MÉDICO
Mascarilla
Una mascarilla es un dispositivo que cubre la nariz y la boca, y a veces también parte del rostro, con una finalidad sanitaria: filtrar el aire que se respira, contener las partículas que expulsa quien la lleva o administrar gases medicinales. Bajo un mismo nombre conviven objetos muy distintos, desde una sencilla lámina de tela hasta un sistema de precisión conectado a una toma de oxígeno. En su sentido sanitario, la mascarilla es una barrera física colocada sobre las vías respiratorias superiores. Según su diseño cumple una de dos funciones opuestas: impedir que lo que hay en el aire llegue a los pulmones de quien la usa, o impedir que lo que sale de esos pulmones se disperse en el entorno. Algunas mascarillas, las de oxigenoterapia, no filtran nada: sirven de interfaz para hacer llegar oxígeno u otros gases al paciente. La palabra procede del italiano maschera, que a su vez viene del árabe masẖarah, "objeto de risa" o "bufón", en alusión a las caretas del teatro y del carnaval. El término se documenta en español ya en 1495, y mascarilla es su diminutivo. El salto desde la careta festiva hasta el instrumento clínico llegó tarde: hasta finales del siglo XIX la cirugía se practicaba con el rostro descubierto. Una mascarilla de barrera retiene partículas por dos mecanismos combinados. Uno es puramente mecánico: las fibras del material forman una malla que atrapa las gotas y los aerosoles de mayor tamaño. El otro es electrostático, y aquí está buena parte del secreto de las mascarillas modernas de polipropileno: el tejido lleva una carga eléctrica que captura partículas diminutas que, por puro tamaño, atravesarían los huecos de la malla sin dificultad. Esa carga se degrada con la humedad y el uso, y por eso la eficacia de filtrado cae con las horas. Las mascarillas de oxígeno funcionan con una lógica distinta. No retienen: canalizan. El gas entra por un tubo conectado a la fuente, se acumula en el espacio que queda entre la máscara y la cara, y desde ahí el paciente lo inhala. La concentración de oxígeno que respira depende del caudal que se suministra y del diseño concreto del dispositivo, un punto que separa a las mascarillas de bajo flujo de las de alto flujo. Un primer grupo lo forman las mascarillas de barrera, que se distinguen por su nivel de protección y por la normativa que las regula. La mascarilla higiénica es la de menor exigencia: cubre la cara, suele fabricarse con tela o con láminas de material no tejido y no tiene la consideración de producto sanitario. La mascarilla quirúrgica, en cambio, sí es un producto sanitario, se rige por la norma UNE-EN 14683 y su cometido original era contener lo que exhala quien la lleva, para no contaminar el campo quirúrgico ni al paciente. Por encima están las mascarillas autofiltrantes, clasificadas como equipos de protección individual y reguladas por la norma UNE-EN 149. Se agrupan en tres niveles, FFP1, FFP2 y FFP3, según el porcentaje de partículas del aire inhalado que son capaces de filtrar. La diferencia práctica con las anteriores es la dirección de la protección: la autofiltrante protege sobre todo a quien la usa, mientras que la quirúrgica protege sobre todo al entorno. El segundo grupo son las mascarillas empleadas para respirar. Aquí se incluyen las de oxigenoterapia, como la mascarilla Venturi, que administra una concentración fija de oxígeno, junto a la mascarilla simple, la de reservorio o las gafas nasales. Y en el terreno de la anestesia y la reanimación aparecen dos piezas de otra naturaleza: la mascarilla facial que se aplica sobre boca y nariz para ventilar con bolsa, y la mascarilla laríngea, que no se apoya en el rostro sino que se introduce hasta la faringe. Conviene no confundir la mascarilla con otros dispositivos de la vía respiratoria. La cánula es un tubo, no una careta, y en su versión nasal se limita a dos puntas que se alojan en las fosas. El tubo endotraqueal, propio de la intubación, atraviesa la glotis y se aloja en la tráquea, mucho más adentro que cualquier mascarilla. La mascarilla laríngea ocupa un lugar intermedio entre la mascarilla facial y el tubo, y de ahí su nombre. En cosmética existe además otra acepción de mascarilla, la de aplicación facial, ajena por completo al sentido respiratorio que se trata aquí. Del italiano maschera, y este del árabe masẖarah, que significaba "objeto de risa" y designaba al bufón enmascarado del teatro. Llegó al español hacia 1495. Mascarilla es su forma diminutiva, y el uso sanitario del término es muy posterior a ese origen festivo. La orientación de la protección. La quirúrgica está pensada para retener lo que expulsa quien la lleva y se regula por la norma UNE-EN 14683. La FFP2 es una mascarilla autofiltrante, un equipo de protección individual regulado por la norma UNE-EN 149, y su cometido principal es filtrar el aire que la persona inhala. Cada una responde a un estándar distinto. No. Las de oxigenoterapia y las de anestesia no filtran nada: sirven de interfaz para administrar gases o para ventilar. Filtrar es la función de las mascarillas de barrera, no de todas las que llevan ese nombre.Qué es una mascarilla
Para qué sirve y cómo actúa
Tipos de mascarilla
Qué no es una mascarilla
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra mascarilla?
¿Qué diferencia hay entre una mascarilla quirúrgica y una FFP2?
¿Todas las mascarillas filtran el aire?
Referencias
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