DICCIONARIO MÉDICO
Oxigenoterapia
La oxigenoterapia consiste en administrar oxígeno en concentraciones superiores a las del aire ambiente para corregir la hipoxemia, un descenso del oxígeno disponible en la sangre arterial. El aire que respiramos contiene alrededor de un 21% de oxígeno; los sistemas de oxigenoterapia permiten elevar esa proporción según el dispositivo, la fuente de gas y el tiempo previsto de uso, desde una urgencia hospitalaria hasta un tratamiento domiciliario prolongado. La oxigenoterapia es la administración de oxígeno con fines terapéuticos, en cantidad superior a la que aporta el aire ambiental, con el objetivo de restablecer una concentración de oxígeno en sangre adecuada para el funcionamiento de los tejidos. La proporción de oxígeno que llega finalmente al paciente se denomina fracción inspirada de oxígeno, y puede oscilar entre valores próximos al aire ambiente y prácticamente el 100%, según el sistema empleado. El término procede del griego θεραπεία (therapeía), que Hipócrates empleó ya con el sentido de tratamiento médico y que otros autores clásicos aplicaron también al cuidado de personas, animales o incluso plantas. Unido a "oxígeno" (cuya propia historia como elemento químico se recoge en la entrada dedicada a este gas), el término compuesto describe con precisión su propósito: tratar mediante oxígeno. Las células dependen de un aporte continuo de oxígeno para producir energía mediante el metabolismo aeróbico. Cuando una enfermedad respiratoria, cardíaca o de otro origen reduce la cantidad de oxígeno que llega a la sangre, aparece la hipoxemia, con el consiguiente riesgo de que los tejidos no reciban lo que necesitan para funcionar con normalidad. Elevar la concentración de oxígeno en el aire inspirado compensa, al menos en parte, ese déficit. No corrige la causa de fondo. Ahí radica una distinción clínica relevante: la oxigenoterapia es una medida de soporte que actúa sobre una consecuencia, el bajo nivel de oxígeno en sangre, y no sobre la enfermedad que lo provoca. Los sistemas se agrupan, en primer lugar, según el flujo que administran. Los de bajo flujo, entre los que están las gafas nasales y la mascarilla simple, mezclan el oxígeno suministrado con el aire que el paciente inspira del entorno, de modo que la concentración final varía con la profundidad y la frecuencia de cada respiración. Los sistemas de alto flujo, en cambio, entre ellos la mascarilla tipo Venturi y la cánula nasal de alto flujo, entregan un caudal suficiente para cubrir toda la demanda inspiratoria y ofrecen así una fracción de oxígeno más estable. Una segunda clasificación atiende a la fuente del gas. El concentrador extrae y concentra el oxígeno del propio aire ambiente mediante un sistema electrónico, lo que lo hace idóneo para el uso domiciliario continuo, sin recambios que gestionar. Los cilindros almacenan oxígeno comprimido y resultan prácticos para desplazamientos cortos. El oxígeno líquido, conservado a temperaturas muy bajas en depósitos especiales, permite transportar una reserva mayor en un volumen reducido. Existe además una modalidad diferenciada por la presión a la que se administra el gas: la oxigenoterapia hiperbárica, en la que el paciente respira oxígeno casi puro dentro de una cámara presurizada por encima de la presión atmosférica habitual. Se reserva para indicaciones concretas, como la intoxicación por monóxido de carbono, y no debe confundirse con la oxigenoterapia convencional o normobárica, con la que comparte el gas pero no el mecanismo de acción. Conviene no confundir la oxigenoterapia con la ventilación mecánica. La primera aporta oxígeno adicional a una respiración que el paciente realiza por sí mismo. La segunda sustituye o asiste mecánicamente el propio acto de respirar, con independencia de la concentración de oxígeno empleada. Un paciente puede necesitar ventilación mecánica sin requerir oxígeno suplementario, del mismo modo que otro puede recibir oxigenoterapia sin ninguna asistencia mecánica a la respiración. El uso médico del oxígeno es casi tan antiguo como su identificación como elemento químico, a finales del siglo XVIII. Durante buena parte del siglo XX se empleó sobre todo en situaciones agudas, sin una base sistemática que orientara cuándo prescribirlo de forma prolongada. Ese vacío se cerró con los ensayos clínicos que evaluaron la oxigenoterapia continua en el domicilio de pacientes con enfermedad pulmonar obstructiva crónica e hipoxemia crónica. Sus resultados situaron a esta modalidad, junto con el abandono del tabaco, entre las pocas intervenciones capaces de prolongar la supervivencia en esa enfermedad. Marcaron, de paso, el paso de un tratamiento reservado a episodios agudos a una terapia crónica planificada. Combina "oxígeno" con el sufijo derivado del griego therapeía, tratamiento, ya usado por Hipócrates en ese sentido. El compuesto se limita a nombrar, con precisión casi literal, el tratamiento que describe. No. El oxígeno favorece la combustión y aumenta el riesgo de incendio, por lo que fumar o acercar llamas y materiales inflamables durante su uso está desaconsejado de forma tajante. El concentrador es un aparato eléctrico que extrae el oxígeno del aire de la habitación de forma continua, sin necesidad de recambios. La bombona, en cambio, almacena una cantidad fija de gas comprimido que se agota y debe reponerse. Por eso el concentrador domina el uso domiciliario continuo, mientras que las bombonas quedan como respaldo o para desplazamientos. Estrictamente, no. Corrige el síntoma, el bajo nivel de oxígeno en sangre, pero no actúa sobre la causa que lo produce. Por eso suele prescribirse junto con el tratamiento específico de la enfermedad de base.Qué es la oxigenoterapia
Por qué se administra oxígeno
Clasificación de los sistemas de oxigenoterapia
Diferencia con la ventilación mecánica
Desarrollo del tratamiento con oxígeno
Preguntas frecuentes
¿De dónde procede la palabra "oxigenoterapia"?
¿Puede fumar una persona que recibe oxigenoterapia en casa?
¿Qué diferencia hay entre un concentrador y una bombona de oxígeno?
¿La oxigenoterapia trata la enfermedad que causa la hipoxemia?
Referencias
Entradas relacionadas
Infografías realizadas con https://BioRender.com
© Clínica Universidad de Navarra 2026