DICCIONARIO MÉDICO
Maduración pulmonar
La maduración pulmonar es el conjunto de cambios estructurales, celulares y bioquímicos que transforman el esbozo pulmonar del embrión en un órgano capaz de intercambiar gases por sí mismo. El hito que la define es la aparición del surfactante, la sustancia que impide que los alvéolos se colapsen con cada espiración. Aunque se asocia sobre todo al último trimestre del embarazo, el proceso no acaba en el parto: la formación de alvéolos continúa durante los primeros años de vida. Con este término se designa el recorrido que lleva a un brote sólido de tejido embrionario a convertirse en un pulmón funcional. En origen, el pulmón es un pequeño divertículo que emerge del intestino anterior; al final del recorrido es un órgano con millones de sacos de pared finísima envueltos en una red capilar, listos para captar oxígeno y expulsar dióxido de carbono. La palabra «maduración» procede del latín maturatio, sobre maturus, «que ha llegado a sazón»: la misma idea del fruto en su punto aplicada al órgano que alcanza su capacidad de funcionar. En el lenguaje obstétrico y neonatal, el término se vincula casi de inmediato a un aspecto muy concreto: la capacidad del pulmón fetal para fabricar surfactante. Esa es la razón de que la expresión aparezca sobre todo cuando se habla de un nacimiento que puede adelantarse. El pulmón se construye por etapas, cada una con un nombre que describe su aspecto al microscopio. Las fechas son orientativas y varían ligeramente según los autores. La fase embrionaria (semanas 4 a 7) es la del esbozo: aparecen la tráquea y los primeros brotes bronquiales. Le sigue la fase pseudoglandular (semanas 7 a 17), que debe su nombre al parecido del tejido con una glándula, con túbulos rodeados de mesénquima denso; en ella se completa la ramificación del árbol bronquial hasta las vías aéreas más finas, pero todavía no hay ninguna estructura capaz de intercambiar gases. La fase canalicular (semanas 17 a 26) es la del salto decisivo. Los capilares se acercan al epitelio de las vías aéreas distales, se diferencian los neumocitos tipo I (células planas que formarán la barrera de difusión) y tipo II (células cúbicas que sintetizarán el surfactante), y se esboza la membrana que separará el aire de la sangre. Un feto nacido al final de esta fase puede, en condiciones muy favorables y con soporte intensivo, llegar a sobrevivir. En la fase sacular (semanas 26 a 36), los conductos distales se dilatan en sacos terminales de pared cada vez más delgada y los neumocitos tipo II empiezan a almacenar surfactante en su interior. La fase alveolar arranca hacia la semana 36 y se prolonga durante los primeros años: es la que fabrica los alvéolos verdaderos, tabicando los sacos y multiplicando la superficie de intercambio. Si hubiera que elegir un solo indicador de que el pulmón está listo, sería el surfactante. Se trata de un complejo de lípidos y proteínas, fabricado por los neumocitos tipo II, que recubre la superficie interna de los alvéolos y reduce la tensión superficial del líquido que los tapiza. Sin él, esa tensión colapsaría los sacos en cada espiración y respirar exigiría un esfuerzo insostenible. El surfactante mantiene los alvéolos entreabiertos y hace que la respiración sea posible desde la primera inspiración. La composición del líquido amniótico refleja este avance. Durante las fases tempranas, el pulmón fetal produce sobre todo esfingomielina; solo cuando la lecitina (el fosfolípido principal del surfactante) la supera se considera que el pulmón ha alcanzado la madurez. Esa inversión de proporciones entre esfingomielina y lecitina fue durante décadas la referencia para juzgar la preparación del pulmón fetal. En la práctica se considera que la madurez pulmonar se sitúa en torno a las semanas 35 a 37 de gestación, con variabilidad de un feto a otro. Un pulmón que aún no ha completado su maduración tiene poco surfactante, y ese déficit es la base del cuadro respiratorio del recién nacido prematuro. Existe además una circunstancia que puede retrasar el proceso incluso en un embarazo a término: la hiperinsulinemia fetal que acompaña a la diabetes materna mal controlada frena la producción de surfactante, de modo que el pulmón puede nacer menos maduro de lo que su edad haría esperar. No exactamente. La maduración es el proceso, la sucesión de cambios que preparan al pulmón. La madurez es el estado final, el punto en que ese proceso ha alcanzado el grado suficiente para respirar de forma autónoma. Uno describe el camino; el otro, la meta. De forma aproximada, entre las semanas 35 y 37, cuando la producción de surfactante basta para mantener los alvéolos abiertos. Es un umbral orientativo: hay fetos que lo alcanzan algo antes y otros algo después. No. La estructura básica está lista al nacer, pero la fase alveolar continúa durante los primeros años de vida, multiplicando el número de alvéolos y afinando la red de capilares. El pulmón del recién nacido es funcional, pero todavía no es el del adulto. Es una mezcla de lípidos y proteínas que tapiza los alvéolos y rebaja la tensión superficial de su interior. Su papel es evitar que los sacos se cierren al espirar. Es el marcador bioquímico que define en la práctica si un pulmón está preparado para la vida fuera del útero.Qué es la maduración pulmonar
Las fases del desarrollo pulmonar
El surfactante como marcador de madurez
Madurez pulmonar y edad gestacional
Preguntas frecuentes
¿Maduración pulmonar y madurez pulmonar significan lo mismo?
¿Cuándo se considera maduro un pulmón fetal?
¿Termina la maduración en el momento de nacer?
¿Qué es el surfactante y por qué es tan importante?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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