DICCIONARIO MÉDICO
Linfocitoma
El linfocitoma es una proliferación linfoide cutánea benigna que simula, tanto clínica como histológicamente, un linfoma verdadero. Se encuadra dentro de los pseudolinfomas de células B y se manifiesta como un nódulo o placa de coloración rojiza a violácea, preferentemente en la cara. En zonas endémicas de borreliosis, la infección por Borrelia constituye una de las causas identificables más frecuentes. Bajo este nombre se agrupa una acumulación reactiva de linfocitos en la dermis que origina una lesión cutánea con apariencia tumoral, pero de naturaleza benigna. Recibe también los nombres de hiperplasia linfoide cutánea, linfadenosis benigna cutis y pseudolinfoma de Spiegler-Fendt, según la época y la escuela que lo describa. En la práctica clínica actual, la denominación más extendida en la literatura dermatológica es linfocitoma cutis. Desde el punto de vista etimológico, la palabra se compone de tres elementos: lympha (latín, agua clara), que pasó a designar el líquido y las células del sistema linfático; kýtos (griego κύτος, recipiente, célula); y el sufijo -oma (griego -ωμα), empleado en medicina para nombrar tumores o masas tisulares. La suma literal sería algo así como "masa de células linfáticas", una descripción que, curiosamente, sirve tanto para la lesión benigna como para un linfoma genuino. De ahí la confusión histórica entre ambas entidades. Conviene señalar que en textos hematológicos antiguos el término "linfocitoma" se usó también como sinónimo de linfoma linfocítico bien diferenciado, una neoplasia maligna de linfocitos B maduros. Esa acepción oncológica ha caído en desuso y hoy resulta confusa, porque el significado predominante en dermatología y en infectología es justo el opuesto: un proceso benigno. En 1891 Moriz Kaposi describió por primera vez un cuadro cutáneo que simulaba un sarcoma pero se comportaba de forma benigna, y lo llamó sarcomatosis cutis. Tres décadas más tarde, en 1923, Biberstein introdujo la expresión lymphocytoma cutis para referirse a lesiones nodulares compuestas por linfocitos maduros sin carácter maligno. Fue el dermatólogo sueco Bo Bäfverstedt quien, en 1943, publicó la monografía más completa sobre el cuadro bajo el nombre de lymphadenosis benigna cutis, un estudio de más de doscientas páginas en Acta Dermato-Venereologica que sigue citándose como referencia fundacional. Después vinieron otras etiquetas: pseudolinfoma de Spiegler y Fendt (Lever, 1967) e hiperplasia linfoide cutánea (Caro y Helwig, 1969). Ninguna ha conseguido desplazar por completo a las demás. El linfocitoma cutis refleja una respuesta inmunitaria exagerada frente a un antígeno que actúa como desencadenante. En la dermis se acumulan linfocitos B y T que organizan folículos con centros germinales reactivos, reproduciendo una arquitectura que recuerda a la de un ganglio linfático normal. Esa semejanza con el tejido linfoide es, precisamente, lo que dificulta la distinción con un linfoma cutáneo verdadero cuando solo se dispone de la imagen histológica. Se han identificado múltiples agentes capaces de poner en marcha este mecanismo: picaduras de artrópodos, tatuajes, vacunas, cuerpos extraños metálicos, fármacos (fenitoína, carbamazepina, algunos betabloqueantes) e infecciones. La mayoría de los casos, no obstante, son idiopáticos: no se logra identificar ningún estímulo concreto. Cuando el desencadenante es la espiroqueta Borrelia burgdorferi sensu lato, transmitida por garrapatas del género Ixodes, el cuadro recibe el nombre específico de linfocitoma borreliano. Aparece semanas o meses después de la picadura y se localiza con preferencia en el lóbulo de la oreja, el pezón o el escroto, localizaciones que los manuales europeos consideran casi patognomónicas en contexto epidemiológico adecuado. La borreliosis de Lyme presenta esta manifestación cutánea en aproximadamente un 2-5 % de los casos, lo que la convierte en una forma infrecuente pero bien documentada de la enfermedad. La pregunta que todo clínico se plantea ante un nódulo linfocítico dérmico es si se trata de un proceso benigno o de un linfoma. El linfocitoma cutis tiende a presentarse como lesión solitaria, de crecimiento lento, en pacientes jóvenes (mediana de edad en torno a los 34 años), y carece de afectación sistémica. El linfoma cutáneo de células B, en cambio, suele mostrar monoclonalidad en los estudios de reordenamiento génico y marcadores inmunohistoquímicos que lo delatan: expresión difusa de Bcl-2 en los centros germinales, restricción de cadenas ligeras kappa o lambda, y ausencia de zonas del manto bien formadas. El diagnóstico definitivo exige siempre biopsia cutánea con estudio inmunohistoquímico. En el linfocitoma los centros germinales conservan una mezcla policlonal de linfocitos B y T, con un índice de proliferación (Ki-67) elevado solo dentro de los folículos reactivos. Incluso así, hay casos en los que solo la evolución clínica permite zanjar la cuestión, razón por la cual el seguimiento a largo plazo es un principio básico en el manejo de estas lesiones. Del latín lympha (agua clara, líquido linfático), el griego kýtos (κύτος, célula) y el sufijo griego -oma (-ωμα, tumor o masa). Literalmente significa "masa de células linfáticas". El término lymphocytoma cutis fue acuñado por Biberstein en 1923. No. El linfocitoma cutis es un proceso benigno y reactivo, mientras que el linfoma es una neoplasia maligna. La confusión se explica porque ambos pueden compartir un aspecto clínico e histológico muy similar, hasta el punto de que fue necesario introducir el concepto de pseudolinfoma para poder distinguirlos. La clave está en los estudios inmunohistoquímicos y moleculares, que demuestran policlonalidad en el linfocitoma y monoclonalidad en el linfoma. Sí, en una proporción de casos. El linfocitoma borreliano es una manifestación cutánea reconocida de la borreliosis de Lyme, especialmente documentada en Europa, donde las especies Borrelia afzelii y B. garinii son más prevalentes que en América. Representa entre el 2 y el 5 % de las manifestaciones cutáneas de la enfermedad y responde al mismo esquema antibiótico que las demás formas de borreliosis. La transformación maligna es excepcional. La mayoría de los linfocitomas siguen un curso crónico e indolente, y muchos regresan de forma espontánea o tras la eliminación del estímulo desencadenante. Esa tendencia a la regresión ya fue observada por Bäfverstedt en su monografía de 1943, y estudios posteriores con técnicas moleculares la han confirmado. Si desea profundizar en conceptos asociados al linfocitoma, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el linfocitoma
Acuñación del término y nomenclatura
Por qué se forma la lesión
Diferenciación con el linfoma cutáneo
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra linfocitoma?
¿Es lo mismo un linfocitoma que un linfoma?
¿Tiene relación con la enfermedad de Lyme?
¿El linfocitoma puede volverse maligno?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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