DICCIONARIO MÉDICO
Ipodato sódico
El ipodato sódico es un medio de contraste yodado de administración oral que durante décadas sirvió para dibujar la vesícula biliar y las vías biliares en las radiografías. Su riqueza en yodo le dio una segunda cara: interfiere en la producción y en la transformación de la hormona tiroidea, lo que lo convirtió también en un recurso frente al hipertiroidismo grave. Su código en la clasificación ATC es V08AC08. Para posología, contraindicaciones, interacciones y seguridad en el embarazo y la lactancia, consulte la ficha técnica oficial en la AEMPS (CIMA). El ipodato sódico pertenece a los contrastes yodados hepatotropos, moléculas que el hígado capta de la sangre y elimina por la bilis. Cada una lleva tres átomos de yodo prendidos a un anillo de benceno, y es esa densidad de yodo la que detiene los rayos X y hace aparecer la vesícula y los conductos biliares en la placa. Se toma por boca. Durante buena parte del siglo XX fue la base de la colecistografía oral, la exploración con la que se estudiaba la vesícula antes de que la ecografía la dejara en desuso. Hoy su interés es sobre todo histórico. La prueba biliar para la que se diseñó ha sido reemplazada por técnicas sin radiación, y el producto se ha retirado del mercado en la mayoría de los países. Su nombre sigue apareciendo, eso sí, en los textos de endocrinología, y por un motivo que poco tiene que ver con la radiología. Lo que separa al ipodato sódico de un contraste cualquiera es lo que hace con la glándula tiroides. La avalancha de yodo bloquea de manera transitoria la salida de hormona desde la propia glándula. Y hay un segundo mecanismo, más característico: la molécula inhibe las enzimas desyodasas, las encargadas de retirar un átomo de yodo a la tiroxina (T4) para convertirla en triyodotironina (T3), que es la forma con actividad real en los tejidos. Al frenar esa conversión, la cantidad de hormona activa desciende en cuestión de días. De ese doble freno nació su uso endocrinológico. Fuera de la radiología, el ipodato se empleó para dominar deprisa un hipertiroidismo grave, una tormenta tiroidea o la tirotoxicosis desencadenada por la amiodarona, y para serenar la glándula antes de una operación. No llegó a ser un recurso de primera línea ni obtuvo aprobación reguladora para esta indicación, pero la rapidez con que bajaba la T3 lo hizo útil en situaciones que no admitían espera. Por el yodo. Un solo comprimido aporta una carga enorme de este elemento, y la tiroides responde a semejante exceso reduciendo la liberación de hormona. A ese efecto se suma que la molécula bloquea la enzima que activa la hormona en los tejidos periféricos, de modo que la acción hormonal cae por dos caminos a la vez. Muy poco. La colecistografía oral es historia de la medicina y el ipodato ha desaparecido de la mayoría de los mercados. Su aprovechamiento antitiroideo pervive apenas como alternativa puntual donde no se dispone de otros fármacos con el mismo efecto. No, aunque son parientes cercanos. Ambos son contrastes biliares yodados de la vieja colecistografía y comparten la capacidad de inhibir la conversión de T4 en T3, por lo que en endocrinología se han usado de forma intercambiable. Se diferencian en la estructura química concreta de la molécula.Qué es el ipodato sódico
El yodo que frena la tiroides
Preguntas frecuentes
¿Por qué un contraste radiológico termina actuando sobre la tiroides?
¿Se sigue usando?
¿Es lo mismo que el ácido yopanoico?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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