DICCIONARIO MÉDICO
Injerto
Un injerto es una porción de tejido vivo (piel, hueso, cartílago, tendón, vaso, nervio o córnea, entre otros) que se separa de su lugar de origen y se traslada a otra zona del cuerpo, o a otra persona, para reparar una pérdida o cubrir un defecto. El injerto viaja sin vasos sanguíneos propios y sobrevive gracias al lecho que lo recibe, rasgo que lo separa del colgajo. La palabra procede del latín insertus, participio de inserere, que significa introducir o implantar dentro. Era un término de la agricultura: nombraba la unión de una yema o una rama joven al tronco de otra planta para que arraigara. La medicina heredó la imagen casi intacta, y con ella la idea de que un fragmento de tejido puede echar raíces en un cuerpo distinto al que lo originó. En sentido clínico, un injerto es tejido que se desprende por completo de su irrigación antes de colocarse en la zona a reparar. Ese detalle lo diferencia del colgajo, que conserva o reconecta su propio pedículo vascular durante el traslado. El injerto llega sin riego y queda a expensas de la vascularización del lecho receptor durante los primeros días. Prende bien, por tanto, sobre tejidos capaces de fabricar vasos nuevos (dermis sana, músculo, periostio, pericondrio) y fracasa sobre superficies pobres en sangre. El primer criterio de clasificación mira el origen del tejido, es decir, la relación genética entre quien lo dona y quien lo recibe. El autoinjerto procede del propio paciente y no despierta rechazo, porque el organismo reconoce el tejido como suyo. El aloinjerto se obtiene de otro individuo de la misma especie, casi siempre a través de un banco de tejidos. El xenoinjerto proviene de una especie distinta, como el cerdo o el bovino. Queda un cuarto caso, poco frecuente: el isoinjerto, el que se realiza entre gemelos idénticos, genéticamente indistinguibles. Otros dos criterios completan el mapa. Por su composición, un injerto es simple cuando aporta un solo tejido y compuesto cuando reúne dos o más en un mismo bloque, como la piel unida al cartílago del pabellón auricular. Según el tejido que trasladan, se habla de injertos de piel, de hueso, de cartílago, de tendón, de nervio, de grasa o de vaso, cada uno con sus propias reglas de obtención y prendimiento. El prendimiento es el proceso por el que un injerto sin riego se incorpora al lecho que lo acoge, y transcurre en tres fases encadenadas. Durante las primeras 24 a 48 horas domina la imbibición plasmática: el tejido, todavía isquémico, absorbe por capilaridad el plasma del lecho y se adhiere a él mediante una fina red de fibrina. Hacia el tercer día empieza la inosculación, cuando los capilares del injerto y los del receptor se enfrentan y se conectan boca con boca. Desde el cuarto o quinto día crecen vasos nuevos que devuelven la circulación al tejido, en un proceso de revascularización que puede prolongarse una semana. La suerte del injerto se juega en esos primeros días. Cuanto antes se restituya el riego, mejor sobrevive. El hueso sigue además un camino más lento y singular, la llamada sustitución progresiva o reptante, en la que el fragmento injertado actúa como andamio inerte que el hueso del receptor reabsorbe y reemplaza poco a poco por hueso nuevo. La maduración completa, con recambio de colágeno y recuperación de la sensibilidad en los injertos cutáneos, se mide en meses. No exactamente. En el uso habitual, injerto se reserva para porciones de tejido (piel, hueso, cartílago, córnea) que se implantan sin conexión vascular inmediata, mientras que trasplante suele designar el traslado de un órgano completo cuyos vasos se suturan a la circulación del receptor. La frontera no es rígida y ambos términos se solapan en muchos contextos, pero esa es la distinción de fondo. El colgajo conserva su propia irrigación. Se moviliza junto con el vaso que lo alimenta, o ese vaso se reconecta en el destino, de modo que el tejido nunca queda sin riego. El injerto viaja desnudo de vasos y ha de esperar a que el lecho receptor lo revascularice. Depende del origen del tejido. El autoinjerto no genera rechazo, porque es del propio paciente y el sistema inmunitario lo identifica como propio. El aloinjerto y el xenoinjerto llevan antígenos ajenos y pueden desencadenar una respuesta de rechazo; para atenuarla se recurre a la selección de donantes compatibles, al procesamiento del tejido en bancos o a la inmunosupresión, según el caso. Las fases iniciales son rápidas: la nutrición por imbibición ocupa las primeras 24 a 48 horas, la conexión capilar aparece alrededor del tercer día y la circulación queda restablecida entre el cuarto y el séptimo. La consolidación definitiva se prolonga durante semanas o meses, según el tejido y el estado del lecho.Qué es un injerto
Tipos de injerto
Cómo prende un injerto
Preguntas frecuentes
¿Un injerto es lo mismo que un trasplante?
¿En qué se diferencia de un colgajo?
¿Por qué unos injertos se rechazan y otros no?
¿Cuánto tarda en prender un injerto?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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