DICCIONARIO MÉDICO
Autoinjerto
Un autoinjerto (o injerto autólogo) es un fragmento de tejido que se extrae de una zona del cuerpo de un paciente y se injerta en otra zona del mismo individuo. Su principal ventaja frente a otros tipos de injerto es la ausencia de rechazo inmunológico, dado que donante y receptor son la misma persona. El término es sinónimo de autotrasplante. El autoinjerto consiste en trasladar tejido vivo de un lugar a otro dentro del mismo organismo. La palabra procede del griego αὐτός (autós, «uno mismo, por sí mismo») y del francés antiguo greffe (derivado, a su vez, del latín graphium, «punzón»), que en cirugía adoptó el sentido de «fragmento de tejido implantado». La práctica es muy anterior al nombre: los textos sánscritos atribuidos a Sushruta, un cirujano indio que vivió entre los siglos VI y V a. C., ya describen la reconstrucción de la nariz utilizando un colgajo pediculado de piel de la frente del propio paciente. En Europa, la técnica reapareció en el siglo XVI con Gaspare Tagliacozzi, profesor de cirugía en Bolonia, que empleó piel del antebrazo para reconstruir narices amputadas (una mutilación frecuente como castigo judicial en la Italia renacentista). Tagliacozzi publicó su método en 1597 en De curtorum chirurgia per insitionem, una obra que generó tanta admiración como rechazo eclesiástico. El procedimiento cayó en desuso hasta finales del siglo XVIII, cuando el cirujano militar británico Joseph Carpue lo reintrodujo tras estudiar las técnicas de la rinoplastia india. Autoinjertos cutáneos. Son los más frecuentes. Se emplean sobre todo para cubrir quemaduras extensas y defectos quirúrgicos. Pueden ser de espesor parcial (epidermis y parte de la dermis) o de espesor total (epidermis y dermis completa). Los primeros prenden con más facilidad pero tienden a contraerse con el tiempo; los segundos ofrecen mejor resultado estético, aunque exigen un lecho receptor con buena vascularización. Autoinjertos óseos. Se obtienen habitualmente de la cresta ilíaca de la pelvis y se utilizan para rellenar defectos óseos, facilitar la fusión vertebral o preparar el lecho de un implante dental. El hueso autólogo conserva células viables (osteoblastos, células madre mesenquimales) que participan activamente en la consolidación, algo que ningún sustituto sintético puede replicar por completo. Los autoinjertos vasculares merecen una mención aparte, porque uno de los procedimientos quirúrgicos más practicados en el mundo es, en el fondo, un autoinjerto: la cirugía de revascularización coronaria emplea la vena safena o la arteria mamaria interna del propio paciente para crear puentes que salven las obstrucciones de las arterias coronarias. La clasificación de los injertos según la relación donante-receptor es una de las taxonomías más consolidadas de la cirugía. El isoinjerto se realiza entre gemelos genéticamente idénticos; el aloinjerto (u homoinjerto) utiliza tejido de otro individuo de la misma especie; y el xenoinjerto (o heteroinjerto) procede de una especie distinta, como la válvula cardíaca porcina. El autoinjerto evita el rechazo porque el sistema inmunitario reconoce el tejido como propio. Eso elimina la necesidad de inmunosupresión, que sí se requiere en la mayoría de los aloinjertos. A cambio, presenta una limitación inherente: exige una zona donante en el propio paciente, lo que añade una segunda herida quirúrgica con su potencial morbilidad (dolor, infección, cicatriz). En quemados con más del 60 % de superficie corporal afectada, la escasez de piel sana para autoinjerto es uno de los problemas más difíciles de resolver. Del griego αὐτός (autós, «uno mismo») y del francés greffe, con origen en el latín graphium («punzón»). En cirugía, designa un fragmento de tejido trasplantado dentro del mismo individuo. Sí. Ambos términos son sinónimos y se usan indistintamente. «Autoinjerto» es más frecuente cuando se habla de piel, hueso o cartílago; «autotrasplante» suele preferirse para referirse al trasplante autólogo de médula ósea o de órganos completos (como el autotrasplante renal). Al menos 2 500 años. Los textos de Sushruta, médico indio del siglo V a. C., describen la reconstrucción nasal con un colgajo de piel de la frente del propio paciente, una técnica que sigue empleándose hoy con modificaciones. Estrictamente, no. Al proceder del propio paciente, el tejido no desencadena respuesta inmunitaria. El fracaso de un autoinjerto, cuando ocurre, se debe a problemas de vascularización (el injerto no recibe riego sanguíneo suficiente del lecho receptor), infección o movilización mecánica, nunca a rechazo inmunológico. Si desea profundizar en conceptos asociados al autoinjerto, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un autoinjerto
Clasificación según el tejido
Diferenciación con otros tipos de injerto
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra autoinjerto?
¿Es lo mismo autoinjerto que autotrasplante?
¿Qué antigüedad tiene esta técnica?
¿Puede rechazarse un autoinjerto?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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