DICCIONARIO MÉDICO
Colgajo
Un colgajo es un segmento de tejido vivo que se transfiere de una zona del cuerpo (zona donante) a otra (zona receptora) conservando, total o parcialmente, su propia irrigación sanguínea. Esta característica lo distingue del injerto, que depende del lecho receptor para revascularizarse. Los colgajos se emplean en cirugía reconstructiva, oncológica y maxilofacial para reparar defectos de cobertura que no admiten cierre directo. El término castellano colgajo procede del verbo colgar (del latín collocāre, colocar, que en el romance peninsular adquirió el sentido de «dejar pendiente»). La imagen es gráfica: un trozo de tejido que queda unido al organismo por un extremo mientras el resto se moviliza hacia la zona dañada. En inglés se utiliza flap, voz que apareció en el siglo XVI con el sentido de «algo que cuelga suelto, sujeto por un solo lado», derivada del neerlandés medio flappe. La práctica, con todo, es mucho más antigua que la palabra. El texto sánscrito Sushruta Samhita, datado hacia el siglo VI a. C., describe ya la reconstrucción nasal con un colgajo de mejilla. En la India del siglo XV se documentaron las primeras rinoplastias con colgajos frontales pediculados, y durante el Renacimiento italiano Gaspare Tagliacozzi popularizó los colgajos a distancia del brazo para reconstruir narices amputadas. Su tratado De curtorum chirurgia per insitionem (1597) fijó los principios de transferencia tisular que la cirugía plástica moderna heredó. Lo que define al colgajo frente al injerto no es el tipo de tejido trasladado, sino la relación con el aporte sanguíneo. Un injerto se deposita sobre el lecho receptor y sobrevive gracias a la imbibición plasmática y la posterior neoformación vascular desde ese lecho; un colgajo, en cambio, viaja con su propia vascularización, ya sea porque mantiene un puente de tejido (pedículo) con la zona donante, ya sea porque sus vasos se seccionan y se anastomosan a vasos de la zona receptora mediante técnicas de microcirugía. Ningún sistema de clasificación único agota la variedad de colgajos que se utilizan hoy en la práctica quirúrgica. Los criterios más empleados son tres, y conviene entenderlos como ejes complementarios, no excluyentes: un mismo colgajo puede describirse simultáneamente por su vascularización, por los tejidos que lo componen y por la distancia entre la zona donante y la receptora. Según la vascularización, se distinguen dos grandes categorías. El colgajo axial posee un eje vascular anatómicamente identificable (una arteria y su vena acompañante) que recorre su base y garantiza un flujo predecible. El colgajo randomizado carece de ese eje definido y se nutre del plexo dérmico-subdérmico, por lo que su supervivencia depende de la presión de perfusión en esa red capilar y no de una arteria nombrable. Esta distinción, que Ian McGregor y Geoffrey Morgan formularon en 1973, revolucionó la planificación quirúrgica: al identificar un vaso axial, el cirujano podía diseñar colgajos más largos y más seguros de lo que permitía la antigua regla empírica de relación largo-ancho. Según la composición tisular, un colgajo puede incluir solo piel y tejido celular subcutáneo (colgajo cutáneo), piel con la fascia profunda subyacente (colgajo fascial o fasciocutáneo), músculo con o sin isla cutánea (colgajo muscular y musculocutáneo), o combinaciones que incorporan hueso (colgajo osteomiocutáneo). Stephen Mathes y Foad Nahai propusieron en 1981 una clasificación de los colgajos musculares en cinco tipos según el patrón de sus pedículos vasculares, esquema que sigue vigente. Según el origen respecto del defecto, los colgajos se agrupan en locales (tejido adyacente al defecto, movilizado por avance, rotación o transposición), regionales (procedentes de una zona cercana pero no contigua) y a distancia. En este último grupo se incluyen los colgajos libres microquirúrgicos, cuyo pedículo se secciona por completo y se reanastomosa en la zona receptora con microscopio quirúrgico. El concepto de colgajo en isla se solapa con varias de estas categorías: designa un colgajo cuya conexión con el organismo se reduce al pedículo vascular, sin puente cutáneo. En 1987, G. Ian Taylor y John Palmer introdujeron el concepto de angiosoma: un bloque tridimensional de tejido (piel, músculo, hueso y estructuras intermedias) irrigado por una arteria fuente y su vena acompañante. La superficie corporal entera puede cartografiarse en angiosomas contiguos, conectados entre sí por anastomosis verdaderas o por vasos de calibre reducido (choke vessels). Un colgajo seguro suele incluir un angiosoma completo; cuando el diseño abarca angiosomas adyacentes, la fiabilidad depende de la capacidad de esos vasos de interconexión para abrirse y perfundir territorio adicional. El fenómeno del delay o retardo quirúrgico aprovecha precisamente esa adaptación vascular: al seccionar por etapas parte del aporte sanguíneo, se estimula la vasodilatación de las conexiones residuales y se amplía el territorio viable del colgajo. La confusión entre ambos términos es frecuente fuera del ámbito especializado. Un injerto es un fragmento de tejido (piel, hueso, cartílago, tendón) que se separa por completo de su lecho original y se deposita en la zona receptora sin conexión vascular propia. Sobrevive inicialmente por difusión de nutrientes desde el lecho (imbibición plasmática) y solo después se neovasculiza. El colgajo, en cambio, mantiene o restablece un circuito arteriovenoso propio, lo que le confiere mayor autonomía metabólica y le permite cubrir defectos sobre tejidos mal vascularizados, como hueso expuesto, tendones sin paratendón o zonas previamente irradiadas, donde un injerto fracasaría. No existe el «injerto libre vascularizado» como categoría válida. Si un tejido se transfiere con su pedículo y se reanastomosa, es un colgajo libre, no un injerto. Del castellano colgar, derivado del latín collocāre. La imagen que evoca es directa: un trozo de tejido que queda pendiente, unido al cuerpo por un extremo. En inglés, flap tiene un origen paralelo en el neerlandés flappe (siglo XVI), con idéntico sentido de «algo que cuelga suelto por un lado». No. La diferencia radica en la vascularización. El colgajo conserva su irrigación sanguínea, ya sea por un pedículo tisular intacto o por anastomosis microquirúrgica; el injerto, en cambio, se deposita sin conexión vascular y depende del lecho receptor para revascularizarse. Esta diferencia determina las situaciones en las que cada técnica resulta aplicable. Los registros más antiguos se remontan al Sushruta Samhita (aprox. siglo VI a. C.), donde se describe la reconstrucción nasal con tejido de la mejilla. En la India del siglo XV se perfeccionó el colgajo frontal para rinoplastias, y Tagliacozzi sistematizó los colgajos a distancia del brazo en su tratado de 1597. La era moderna arrancó en la década de 1970, con la descripción de los patrones vasculares axiales y el desarrollo de la microcirugía. La microcirugía hizo posible el colgajo libre: seccionar completamente el pedículo vascular en la zona donante y reanastomosarlo a vasos de la zona receptora bajo microscopio. Antes de esa técnica, que se consolidó en los años 70 y 80 del siglo XX, todo colgajo necesitaba mantener una conexión tisular continua con su origen. Si desea profundizar en conceptos asociados a los colgajos, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es un colgajo
Sistemas de clasificación
Angiosomas y planificación quirúrgica
Diferenciación entre colgajo e injerto
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra «colgajo»?
¿Es lo mismo un colgajo que un injerto?
¿Desde cuándo se utilizan colgajos en cirugía?
¿Qué relación tiene el colgajo con la microcirugía?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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