DICCIONARIO MÉDICO
IgG e IgM
La IgG y la IgM son los dos anticuerpos que se miden en la mayoría de las pruebas serológicas para saber si una persona ha estado en contacto con un agente infeccioso. La IgM aparece en los primeros días tras la infección y apunta a un contacto reciente; la IgG llega más tarde, pero persiste durante años, como huella de la memoria inmunitaria. De cómo estén ambas, positivas o negativas, salen cuatro patrones que orientan al médico sobre el momento de la infección. IgG e IgM son las abreviaturas de inmunoglobulina G e inmunoglobulina M, dos clases de inmunoglobulinas, las proteínas que el sistema inmunitario fabrica para reconocer y neutralizar antígenos concretos. En una serología infecciosa, medir las dos a la vez sirve para situar en el tiempo el contacto del organismo con un patógeno, porque cada una aparece en un momento distinto de la respuesta y dura un tiempo diferente. La nomenclatura sigue la convención internacional de 1964. La "I" corresponde a inmunoglobulina; la letra minúscula señala la clase (gamma en la IgG, mu en la IgM). La "G" nombra a la inmunoglobulina más abundante del suero, en torno al 75 % del total; la "M", a la de mayor tamaño molecular. Su estructura pentamérica, cinco unidades básicas ensambladas, le da una gran capacidad de aglutinación y la convierte en una primera línea de defensa muy eficaz, aunque efímera. Cuando un patógeno entra por primera vez, el sistema inmunitario tarda unos días en montar la respuesta. La IgM es el primer anticuerpo que se fabrica: asoma entre el quinto y el décimo día, hace pico hacia la segunda o tercera semana y, en la mayoría de los casos, cae a niveles indetectables en uno a tres meses. Su presencia dice, como regla, que el contacto ha sido reciente. La IgG tarda algo más en aparecer, por lo general a partir de la segunda semana, pero cuando lo hace se queda durante años, a menudo de por vida. Refleja que el organismo ha creado memoria frente a ese agente: lo reconoce y responde rápido si vuelve a cruzárselo. Esa misma persistencia es la que se persigue con las vacunas: comprobar que una vacuna ha generado IgG protectora confirma que la inmunización activa ha funcionado. El esquema que sigue es una referencia orientativa, válida para la mayoría de las serologías infecciosas. Cada combinación de IgG e IgM, positiva o negativa, dibuja un escenario distinto. IgG negativa / IgM negativa. No se detectan anticuerpos frente al patógeno estudiado. Lo más habitual es que no haya habido contacto previo: la persona es susceptible a esa infección. Hay, sin embargo, una excepción importante. Si la prueba se ha hecho muy poco después de la exposición, el organismo puede no haber tenido tiempo de fabricar anticuerpos; ese intervalo se conoce como período ventana, y es la razón por la que un resultado negativo muy precoz no descarta del todo la infección. IgG negativa / IgM positiva. Se detecta IgM sin IgG. El escenario típico es una infección aguda en fase muy inicial: el sistema inmunitario acaba de arrancar la respuesta y todavía no ha generado IgG. Es el resultado que más inquieta cuando aparece, por ejemplo, en la serología del primer trimestre de embarazo frente a toxoplasma o rubeola. Conviene saber, eso sí, que la IgM puede dar falsos positivos por reactividad cruzada con otros patógenos o por interferencia del factor reumatoide, de modo que este patrón casi siempre pide confirmación. IgG positiva / IgM positiva. Los dos anticuerpos son detectables. Suele indicar una infección reciente en evolución: la IgM aún no ha desaparecido y la IgG ya está subiendo. A veces refleja la reactivación de un virus latente (un herpesvirus, por ejemplo) o simplemente una IgM residual que tarda meses en negativizarse tras una infección ya resuelta. Para distinguir entre estas opciones, el médico puede recurrir a la avidez de IgG: una avidez baja sugiere que la IgG se ha formado hace poco (infección reciente); una avidez alta, que lleva tiempo circulando (infección antigua, IgM residual). IgG positiva / IgM negativa. Es el patrón más frecuente y, en casi todos los contextos, el más tranquilizador. Indica que la infección ya ocurrió, semanas, meses o años atrás, y que el organismo conserva memoria. Es también el resultado esperable tras una vacunación exitosa. Una IgG positiva aislada, sin IgM, no significa enfermedad activa. Significa protección. Las cuatro combinaciones anteriores son un esquema general, pero la realidad clínica añade matices que impiden leer un informe serológico como si fuera un código binario. El primero es la IgM residual. En algunas infecciones (citomegalovirus, toxoplasmosis, parvovirus B19) la IgM sigue detectable durante meses tras la infección primaria. Un resultado de IgM positiva no siempre significa infección activa: puede ser la cola de una infección ya superada. La avidez de IgG ayuda a salir de dudas. Viene después la reactividad cruzada. Los anticuerpos IgM son menos específicos que los IgG y pueden reaccionar con antígenos de patógenos distintos del buscado, y generar así falsos positivos. El factor reumatoide, presente en enfermedades autoinmunes como la artritis reumatoide, es otra causa conocida de falsos positivos de IgM. Y queda un tercer matiz: el patrón cambia según el patógeno. Una IgG positiva frente a la hepatitis B (anti-HBs) significa algo muy distinto de una IgG positiva frente al VIH. La tabla de las cuatro combinaciones marca la dirección general, pero la lectura concreta exige conocer la biología del agente y el contexto del paciente. Por eso un informe serológico no debería leerse nunca sin la orientación del médico que pidió la prueba. Si pudiéramos dibujar lo que pasa en el suero tras una primera infección, veríamos que la curva de IgM sube deprisa en los primeros días, hace un pico agudo y baja en semanas hasta desaparecer. La de IgG arranca más tarde, sube con más calma y se estabiliza en una meseta que puede durar años o décadas. Ese desfase entre las dos curvas es justo lo que permite interpretar el momento de la infección con una sola muestra de suero. En una reinfección o una reactivación la película cambia: la IgG sube deprisa, porque la memoria ya existe, y la IgM puede reaparecer de forma pasajera y a títulos más bajos que en la primera infección. Documentar ese cambio comparando dos muestras separadas en el tiempo es lo que se llama seroconversión, y es una de las formas más sólidas de confirmar una infección reciente. "Ig" es la abreviatura de inmunoglobulina (sinónimo de anticuerpo). La letra que sigue, G o M, designa la clase: G de gamma (la más abundante del suero, con función de memoria) y M de mu (la de mayor tamaño y la primera en aparecer). La nomenclatura se estandarizó en el ámbito internacional en 1964. En la mayoría de las serologías infecciosas, buena: significa que la infección ya pasó y que el organismo conserva defensas. Es también lo esperable tras una vacunación eficaz. Hay excepciones, porque en algunas infecciones crónicas la interpretación se complica, pero el escenario habitual es que la persona tiene inmunidad frente a ese patógeno. Hay varias explicaciones posibles. La infección puede haber cursado sin síntomas. Puede tratarse también de una IgM residual que persiste meses después de una infección ya resuelta. Y en algunos casos es un falso positivo por reactividad cruzada. Su médico valorará el resultado con el contexto clínico y, si hace falta, pedirá pruebas de confirmación como la avidez de IgG o la PCR. No del todo. Las cuatro combinaciones dan una orientación general, pero la interpretación real depende del patógeno estudiado, del momento en que se tomó la muestra, del estado clínico del paciente y, a veces, de pruebas complementarias. Un mismo patrón puede significar cosas distintas según la infección. La lectura definitiva corresponde siempre al médico que solicitó la serología. Si desea profundizar en conceptos asociados a la interpretación de IgG e IgM, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué son IgG e IgM
Cuándo aparece cada una y por qué importa la diferencia
Las cuatro combinaciones y su significado general
Matices que condicionan la lectura del patrón
La cinética de la respuesta: IgM sube y baja, IgG sube y persiste
Preguntas frecuentes
¿Qué significan las siglas IgG e IgM?
¿IgG positiva con IgM negativa es buena o mala noticia?
¿Por qué mi informe muestra IgM positiva si no me siento enfermo?
¿Puedo interpretar yo mismo el resultado de IgG e IgM?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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