DICCIONARIO MÉDICO
Hiperosmolaridad
La hiperosmolaridad es el aumento de la concentración de partículas disueltas en un líquido corporal, sobre todo en el plasma, por encima de su rango normal. Traduce un exceso de solutos como el sodio, la glucosa o la urea en relación con el agua, y refleja un desequilibrio en el reparto de líquidos entre el interior y el exterior de las células. La hiperosmolaridad describe un plasma más concentrado de lo debido. El término se apoya en osmol, la unidad que cuenta las partículas con capacidad de atraer agua a través de una membrana, y en el prefijo hiper-, «por encima». La raíz procede del griego ōsmós, «impulso» o «empuje», la misma que da nombre a la ósmosis. En condiciones normales, la osmolaridad plasmática se mueve en un margen estrecho, en torno a los 275 a 295 miliosmoles por litro. Cuando la cifra supera ese techo, se habla de hiperosmolaridad; cuando queda por debajo, de hipoosmolaridad. Ese estrecho margen no es un capricho de laboratorio: las células, y en especial las neuronas, toleran mal los cambios rápidos en la concentración del medio que las rodea. Ambos términos miden lo mismo, la concentración de partículas, pero con referencias distintas. La osmolaridad se expresa por litro de disolución (mOsm/L); la osmolalidad, por kilogramo de agua (mOsm/kg). En el plasma la diferencia no es despreciable, porque proteínas y lípidos ocupan alrededor del 7 % del volumen sin apenas actividad osmótica. Los aparatos de laboratorio miden en realidad la osmolalidad, aunque en la práctica clínica ambas palabras se emplean muchas veces como equivalentes. Hay un tercer concepto útil: la brecha osmolar. Consiste en la diferencia entre la osmolalidad medida en el laboratorio y la calculada a partir del sodio, la glucosa y la urea. Cuando esa diferencia se ensancha, indica la presencia de otras partículas no contempladas en el cálculo, como ciertos alcoholes. El control corre a cargo del hipotálamo, que vigila la osmolaridad de la sangre mediante unos sensores llamados osmorreceptores. Basta una variación cercana al 2 % para que se pongan en marcha dos respuestas: la sensación de sed, que empuja a beber, y la liberación de hormona antidiurética por la hipófisis, que ordena al riñón retener agua y concentrar la orina. El resultado es una dilución del plasma que devuelve la cifra a su sitio. La hiperosmolaridad surge cuando ese sistema se ve superado o falla. El desencadenante más frecuente es un ascenso del sodio (la hipernatremia), ya que la osmolaridad plasmática es aproximadamente el doble de la concentración de sodio. Otras veces el motor es la glucosa: en la hiperglucemia intensa, el azúcar en exceso arrastra la concentración del plasma hacia arriba. La pérdida neta de agua, por deshidratación, o la acumulación de urea y de sustancias osmóticamente activas como el manitol completan el cuadro de causas. La membrana celular deja pasar el agua con facilidad. Si el líquido de fuera se concentra, el agua sale del interior de la célula para igualar ambos lados, y la célula se deshidrata. En el cerebro, esa retracción del volumen celular es la que explica el peso neurológico de la hiperosmolaridad. El sentido inverso también existe: en la hipoosmolaridad el agua entra en la célula y la hincha. Viene del griego ōsmós, «empuje» o «impulso». Alude al movimiento del agua a través de una membrana hacia la zona más concentrada, que es el fenómeno de la ósmosis. No exactamente. La primera se refiere a un litro de disolución y la segunda a un kilogramo de agua. En soluciones muy diluidas coinciden, pero el plasma no lo es: contiene proteínas y grasas que ocupan volumen sin aportar osmoles. Por eso los osmómetros de laboratorio miden con rigor la osmolalidad, y no la osmolaridad. El sodio es el principal determinante en condiciones normales, hasta el punto de que la osmolaridad se aproxima duplicando su concentración. La glucosa apenas pesa mientras se mantiene en cifras normales, pero cuando se dispara pasa a ser un motor de primer orden del aumento de la concentración plasmática. No. La deshidratación con pérdida de agua libre es una de sus causas más frecuentes, no su opuesto. El opuesto conceptual de la hiperosmolaridad es la hipoosmolaridad, un plasma demasiado diluido.Qué es la hiperosmolaridad
Osmolaridad y osmolalidad: una distinción con matices
Cómo regula el organismo la concentración del plasma
Por qué importa el desequilibrio
Preguntas frecuentes
¿Qué significa la raíz «osmo-»?
¿Es lo mismo osmolaridad que osmolalidad?
¿El sodio y la glucosa influyen por igual?
¿La hiperosmolaridad es lo contrario de la deshidratación?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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