DICCIONARIO MÉDICO
Factor de crecimiento
Un factor de crecimiento es una sustancia natural, habitualmente una proteína o un péptido, capaz de estimular procesos celulares como la proliferación, la cicatrización de heridas y la diferenciación celular. Estas moléculas actúan como señales de comunicación entre células y coordinan actividades biológicas imprescindibles para el desarrollo, el mantenimiento y la reparación de los tejidos. A diferencia de las hormonas clásicas, que son producidas exclusivamente por glándulas endocrinas y viajan por el torrente sanguíneo, los factores de crecimiento pueden ser sintetizados por prácticamente cualquier tipo de célula del organismo. Algunos funcionan de manera similar a las hormonas, alcanzando tejidos distantes a través de la sangre, mientras que otros ejercen su acción de forma local, comunicándose con las células vecinas o incluso con la propia célula que los produce. El término "factor de crecimiento" se emplea a veces de forma intercambiable con el de citocina, aunque existe una diferencia conceptual relevante. Mientras que el concepto de factor de crecimiento implica generalmente un efecto positivo sobre la proliferación celular, el de citocina es más amplio y neutro, pues incluye también moléculas que inhiben el crecimiento o que inducen la muerte celular programada (apoptosis). El mecanismo de acción de los factores de crecimiento se basa en un proceso de señalización celular conocido como transducción de señales. Este proceso sigue una secuencia ordenada de eventos que permite traducir un mensaje externo en una respuesta celular concreta. La mayoría de los factores de crecimiento son proteínas o péptidos que no pueden atravesar la membrana celular por sí mismos. Para ejercer su función, se unen con alta afinidad a receptores específicos situados en la superficie de las células diana. Cada factor de crecimiento reconoce un tipo concreto de receptor, lo que confiere especificidad a la señal. Esta selectividad explica por qué determinados factores de crecimiento solo actúan sobre ciertos tipos celulares: únicamente aquellas células que expresen el receptor adecuado podrán responder a la señal. Cuando el factor de crecimiento se une a su receptor, este experimenta un cambio en su estructura que activa su dominio intracelular. La mayoría de los receptores de factores de crecimiento poseen actividad tirosina quinasa, lo que significa que pueden añadir un grupo fosfato a residuos de tirosina en proteínas situadas dentro de la célula. Este proceso de fosforilación desencadena una cascada de reacciones en cadena que transmiten la señal desde la membrana celular hasta el núcleo. Entre las principales vías de señalización activadas por factores de crecimiento se encuentran: El resultado final de la activación de estas vías es un cambio en la expresión génica de la célula diana. Dependiendo del factor de crecimiento implicado, del tipo de receptor activado y del contexto celular, la respuesta puede incluir la entrada de la célula en el ciclo de división, su diferenciación hacia un tipo celular especializado, su migración hacia un lugar determinado o su supervivencia frente a estímulos que normalmente provocarían su muerte. Existen numerosas familias de factores de crecimiento, cada una con funciones biológicas específicas. A continuación se describen los grupos más relevantes desde el punto de vista clínico y científico. El factor de crecimiento epidérmico estimula la proliferación de células epiteliales, fibroblastos y otras células. Se une al receptor EGFR, una proteína transmembrana con actividad tirosina quinasa. Su papel es especialmente relevante en la cicatrización de heridas y la renovación de la piel. Las alteraciones en la señalización del EGF y su receptor están implicadas en el desarrollo de diversos tipos de cáncer, lo que ha convertido al EGFR en una de las principales dianas terapéuticas en oncología. El VEGF es el principal regulador de la angiogénesis, es decir, la formación de nuevos vasos sanguíneos. Producido por macrófagos y células endoteliales, entre otras, este factor resulta esencial durante el desarrollo embrionario, la cicatrización y la respuesta a la hipoxia tisular. En el contexto del cáncer, los tumores utilizan el VEGF para promover la formación de vasos que les aporten nutrientes y oxígeno, un paso clave en la progresión tumoral. Almacenado en los gránulos alfa de las plaquetas, el PDGF se libera durante la coagulación sanguínea y desempeña un papel central en la reparación de tejidos. Atrae fibroblastos y células del músculo liso hacia la zona de la lesión y estimula su proliferación. Existe un artículo específico sobre este factor de crecimiento en este diccionario. La familia FGF comprende más de 20 miembros que participan en una amplia variedad de procesos, desde el desarrollo embrionario hasta la cicatrización de heridas, pasando por la angiogénesis y el mantenimiento de tejidos adultos. Este factor cuenta con un artículo monográfico en este diccionario. Los factores IGF-1 e IGF-2 median muchos de los efectos de la hormona del crecimiento y regulan el crecimiento y el metabolismo celular. Su papel en la transición de la fase G1 a la fase S del ciclo celular los convierte en reguladores clave de la proliferación. Existe un contenido específico dedicado a este factor de crecimiento en este diccionario. La superfamilia TGF incluye moléculas con funciones tanto estimuladoras como inhibidoras del crecimiento. El TGF-beta, por ejemplo, actúa como un potente inhibidor de la proliferación en muchos tipos celulares, a la vez que promueve la formación de matriz extracelular y la fibrosis. Los receptores de esta familia, a diferencia de la mayoría, poseen actividad serina/treonina quinasa. Existe un artículo monográfico sobre este factor en este diccionario. Perteneciente a la familia de las neurotrofinas, el NGF es esencial para la supervivencia, el desarrollo y la función de las neuronas. Su descubrimiento mereció el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1986 para Rita Levi-Montalcini y Stanley Cohen. Este factor cuenta con un artículo específico en este diccionario. Este grupo incluye citocinas como la eritropoyetina (EPO), el factor estimulante de colonias de granulocitos (G-CSF) y el factor estimulante de colonias de granulocitos y macrófagos (GM-CSF), que regulan la producción de las distintas líneas de células sanguíneas en la médula ósea. Existe un contenido específico sobre los factores hematopoyéticos en este diccionario. Los factores de crecimiento desempeñan un papel coordinado y secuencial en las distintas fases de la reparación tisular. Su acción combinada permite que el organismo responda de forma eficaz ante una lesión, restaurando la integridad de los tejidos dañados. Inmediatamente después de una herida, las plaquetas se activan y liberan factores de crecimiento como el PDGF, el TGF-beta y el EGF, contenidos en sus gránulos alfa. Estas moléculas atraen a células inflamatorias (neutrófilos y macrófagos) hacia la zona lesionada e inician la cascada de reparación. Los macrófagos, a su vez, producen factores de crecimiento adicionales que amplifican la respuesta. En esta etapa, los factores de crecimiento estimulan la proliferación de fibroblastos, que producen colágeno y otros componentes de la matriz extracelular necesarios para reconstruir el tejido. El VEGF promueve la formación de nuevos vasos sanguíneos (angiogénesis) que aportan oxígeno y nutrientes a la zona en reparación. El EGF y el FGF contribuyen a la reepitelización de la herida. Durante la remodelación final del tejido cicatricial, el EGF estimula la producción de colagenasa por parte de los fibroblastos, una enzima necesaria para reorganizar la matriz de colágeno y conseguir un tejido funcional. El TGF-beta participa en la regulación de la fibrosis, determinando la calidad final de la cicatriz. La relación entre los factores de crecimiento y el cáncer constituye una de las áreas más importantes de la investigación oncológica actual. Las alteraciones en la producción, la recepción o la señalización de estas moléculas pueden contribuir a la transformación maligna de las células y a la progresión tumoral. Los factores de crecimiento pueden contribuir al desarrollo del cáncer a través de varios mecanismos: La conexión entre los oncogenes y los factores de crecimiento quedó establecida cuando se descubrió que el oncogén sis del virus del sarcoma de simio codificaba una proteína prácticamente idéntica al PDGF. Desde entonces, se han identificado más de 100 oncogenes que afectan a distintos niveles de las vías de señalización de factores de crecimiento, incluyendo los propios factores, sus receptores, las proteínas transductoras de señal y los factores de transcripción nuclear. El conocimiento de las vías de señalización de los factores de crecimiento ha permitido desarrollar tratamientos oncológicos dirigidos que bloquean específicamente las señales de proliferación tumoral. Entre las principales estrategias se encuentran: El especialista en oncología determinará en cada caso la estrategia terapéutica más adecuada, teniendo en cuenta el perfil molecular del tumor y las características individuales de cada paciente. Más allá de la oncología, los factores de crecimiento tienen aplicaciones terapéuticas consolidadas en diversas áreas de la medicina. La tecnología del ADN recombinante ha permitido producir estas moléculas en cantidades suficientes para su uso clínico. La eritropoyetina recombinante se utiliza para estimular la producción de glóbulos rojos en pacientes con anemia asociada a insuficiencia renal crónica, quimioterapia o tratamiento antirretroviral. Los factores estimulantes de colonias (G-CSF y GM-CSF) se emplean para promover la producción de glóbulos blancos en pacientes con cáncer sometidos a quimioterapia, reduciendo el riesgo de infecciones. Estos mismos factores se utilizan para movilizar células madre hematopoyéticas hacia la sangre periférica, facilitando su recolección para trasplante autólogo de médula ósea. El plasma rico en plaquetas (PRP) se ha utilizado en diversos contextos clínicos como fuente natural de factores de crecimiento. Las plaquetas contienen en sus gránulos alfa una combinación de PDGF, IGF-1, FGF, EGF, VEGF y TGF-beta que, al liberarse en la zona lesionada, pueden promover la reparación tisular. Se ha investigado su aplicación en lesiones tendinosas, musculares, úlceras cutáneas crónicas y regeneración ósea, entre otros contextos. Los resultados clínicos varían en función de cada paciente y de la indicación concreta, por lo que el profesional sanitario valorará la idoneidad de este tratamiento en cada caso particular. El factor de crecimiento epidérmico se ha empleado en el tratamiento de heridas cutáneas de difícil cicatrización y como componente de formulaciones para el cuidado de la piel, dada su capacidad para estimular la renovación celular epidérmica. Factores como el PDGF-BB recombinante y las proteínas morfogenéticas óseas (BMP), pertenecientes a la superfamilia del TGF-beta, se utilizan para estimular la regeneración ósea en fracturas complejas, defectos óseos y cirugía de fusión vertebral. La investigación sobre el uso terapéutico de factores de crecimiento como el NGF, el BDNF, el GDNF y el IGF-1 en enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer, el párkinson y la enfermedad de Huntington constituye un campo activo de investigación. Los estudios exploran estrategias para mejorar la estabilidad y la administración dirigida de estos factores mediante vectores virales y nanopartículas. Los resultados son prometedores en modelos experimentales, aunque la traslación clínica enfrenta desafíos importantes relacionados con la dosificación, los sistemas de administración y la variabilidad entre pacientes. A pesar de su enorme potencial, la aplicación clínica de los factores de crecimiento se enfrenta a limitaciones relevantes que condicionan su eficacia y seguridad. Para superar estas limitaciones, la investigación actual se centra en la ingeniería de proteínas (modificación de la estructura molecular para mejorar la estabilidad y la especificidad), los sistemas de liberación controlada basados en biomateriales y la integración de los factores de crecimiento con estrategias de terapia génica y celular. Aunque comparten algunas características, existen diferencias importantes. Las hormonas son producidas por glándulas endocrinas específicas y viajan por el torrente sanguíneo hasta alcanzar tejidos diana distantes. Los factores de crecimiento, en cambio, pueden ser producidos por prácticamente cualquier tipo celular y suelen actuar de forma local, sobre células vecinas (señalización paracrina) o sobre la propia célula productora (señalización autocrina), aunque algunos también pueden actuar a distancia de modo similar a las hormonas. Además, no todas las hormonas son proteínas, mientras que la mayoría de los factores de crecimiento sí lo son. Los factores de crecimiento en sí mismos no son agentes cancerígenos directos, pero las alteraciones en su producción, en sus receptores o en las vías de señalización que activan pueden contribuir al desarrollo y la progresión de tumores. Mutaciones que provocan una producción excesiva de factores de crecimiento, una sobreexpresión de sus receptores o una activación constitutiva de las cascadas de señalización son hallazgos frecuentes en células cancerosas. Por este motivo, muchas terapias oncológicas modernas se dirigen específicamente a bloquear estas vías alteradas. El plasma rico en plaquetas (PRP) es un concentrado de plaquetas autólogas que, al activarse, libera una combinación de múltiples factores de crecimiento (PDGF, TGF-beta, VEGF, IGF-1, EGF y FGF, entre otros). Se ha investigado su uso en diversas aplicaciones médicas, como lesiones tendinosas, úlceras crónicas, regeneración ósea y medicina estética. Los resultados clínicos son variables según la indicación y la preparación utilizada, por lo que es recomendable consultar con el profesional sanitario para valorar su idoneidad en cada caso particular. Los factores de crecimiento son componentes clave de la medicina regenerativa porque proporcionan las señales biológicas necesarias para dirigir la reparación y la regeneración de tejidos dañados. Se investigan en combinación con biomateriales, células madre y terapia génica para desarrollar tratamientos que permitan restaurar tejidos como hueso, cartílago, piel y tejido nervioso. La investigación avanza hacia sistemas de liberación inteligentes que permitan controlar cuándo, dónde y en qué cantidad se liberan estos factores, imitando las condiciones fisiológicas naturales. Se han identificado decenas de familias de factores de crecimiento, cada una con múltiples miembros. Solo la familia de los factores de crecimiento de fibroblastos (FGF) cuenta con 22 miembros en humanos. Otras familias destacadas incluyen los factores de crecimiento epidérmico (EGF), los análogos a la insulina (IGF), los derivados de plaquetas (PDGF), los endoteliales vasculares (VEGF), los transformadores (TGF), las neurotrofinas y los factores estimulantes de colonias, entre otros. En conjunto, estas moléculas forman una red compleja de señalización que regula prácticamente todos los aspectos del desarrollo, el mantenimiento y la reparación del organismo. Referencias para pacientes: © Clínica Universidad de Navarra 2026
Los factores de crecimiento constituyen un grupo amplio de moléculas biológicamente activas que desempeñan funciones esenciales en la comunicación entre células. Estas sustancias, generalmente de naturaleza proteica, actúan como mensajeros que transmiten instrucciones precisas para que las células se dividan, se especialicen, migren o sobrevivan según las necesidades del organismo. Su estudio ha revolucionado campos como la oncología, la medicina regenerativa y la biología del desarrollo, y su comprensión resulta fundamental para entender tanto los procesos fisiológicos normales como numerosas enfermedades.Qué es un factor de crecimiento
Cómo funcionan los factores de crecimiento
Unión al receptor
Activación de cascadas de señalización intracelular
Respuesta celular
Tipos principales de factores de crecimiento
Factor de crecimiento epidérmico (EGF)
Factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF)
Factor de crecimiento derivado de las plaquetas (PDGF)
Factor de crecimiento de fibroblastos (FGF)
Factor de crecimiento análogo a la insulina (IGF)
Factor de crecimiento transformador (TGF)
Factor de crecimiento nervioso (NGF)
Factores de crecimiento hematopoyéticos
Factores de crecimiento y cicatrización de heridas
Fase inflamatoria
Fase proliferativa
Fase de remodelación
Factores de crecimiento y cáncer
Mecanismos de implicación en el cáncer
Oncogenes y factores de crecimiento
Terapias dirigidas contra factores de crecimiento
Aplicaciones clínicas de los factores de crecimiento
Hematología
Medicina regenerativa y cicatrización
Dermatología
Traumatología y cirugía ortopédica
Neurología
Desafíos en el uso terapéutico de los factores de crecimiento
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre un factor de crecimiento y una hormona?
¿Los factores de crecimiento pueden causar cáncer?
¿El plasma rico en plaquetas funciona como fuente de factores de crecimiento?
¿Qué papel tienen los factores de crecimiento en la medicina regenerativa?
¿Cuántos factores de crecimiento existen en el cuerpo humano?
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