DICCIONARIO MÉDICO
Factor de crecimiento hemopoyético
Un factor de crecimiento hemopoyético es una citocina o glicoproteína que actúa sobre las células de la médula ósea para regular la producción de las diferentes líneas celulares de la sangre. El sistema hematopoyético es uno de los más activos del organismo, ya que produce miles de millones de células sanguíneas cada día para reemplazar a las que se destruyen o envejecen. Esta producción continua requiere una regulación extremadamente precisa, y los factores de crecimiento hemopoyéticos son las moléculas encargadas de proporcionar las señales que coordinan este proceso. La hematopoyesis parte de las células madre hematopoyéticas pluripotentes, que residen en la médula ósea y poseen la capacidad de autorrenovarse y de diferenciarse hacia cualquier línea celular sanguínea. Bajo la influencia de combinaciones específicas de factores de crecimiento hemopoyéticos, estas células madre se comprometen progresivamente hacia linajes celulares concretos (eritroide, mieloide, linfoide o megacariocítico) a través de una serie de estadios intermedios de células progenitoras cada vez más especializadas. La eritropoyetina es una glicoproteína producida principalmente por los riñones en respuesta a la disminución de los niveles de oxígeno en la sangre (hipoxia). Es el principal regulador de la producción de glóbulos rojos (eritropoyesis). Cuando los tejidos detectan una reducción en el aporte de oxígeno, las células renales especializadas incrementan la síntesis de EPO, que actúa sobre los progenitores eritroides de la médula ósea estimulando su proliferación, diferenciación y supervivencia, lo que se traduce en un aumento de la producción de glóbulos rojos y, consecuentemente, de la capacidad de transporte de oxígeno de la sangre. La eritropoyetina recombinante humana se utiliza ampliamente en la práctica clínica para el tratamiento de la anemia asociada a la insuficiencia renal crónica, la quimioterapia oncológica y otras situaciones clínicas en las que la producción de glóbulos rojos es insuficiente. La indicación y la pauta de tratamiento con eritropoyetina corresponden al especialista, que evaluará cada caso de forma individualizada teniendo en cuenta los niveles de hemoglobina, la situación clínica del paciente y los posibles riesgos asociados. El G-CSF es una citocina que estimula específicamente la producción de neutrófilos, un tipo de glóbulo blanco que constituye la primera línea de defensa del organismo frente a las infecciones bacterianas y fúngicas. Actúa sobre los progenitores mieloides de la médula ósea promoviendo su proliferación, diferenciación hacia la línea granulocítica y liberación de neutrófilos maduros al torrente sanguíneo. El G-CSF recombinante (filgrastim y sus variantes) se emplea en la práctica clínica para: El GM-CSF actúa de forma más amplia que el G-CSF, estimulando la producción tanto de granulocitos como de macrófagos a partir de los progenitores mieloides comunes. Además de su efecto sobre la producción celular, el GM-CSF potencia las funciones de los neutrófilos y macrófagos maduros, mejorando su capacidad para fagocitar microorganismos y presentar antígenos al sistema inmunitario adaptativo. El GM-CSF recombinante (sargramostim) se ha utilizado en el contexto del trasplante de progenitores hematopoyéticos para acelerar la recuperación de los recuentos de glóbulos blancos y reducir el período de vulnerabilidad a las infecciones posterior al trasplante. El M-CSF, también conocido como CSF-1, regula la proliferación, diferenciación y supervivencia de los monocitos y macrófagos. Es producido por macrófagos, monocitos activados, fibroblastos y otras células mesenquimales. Además de su papel en la hematopoyesis normal, el M-CSF participa en procesos inflamatorios, en la remodelación ósea (donde regula la formación de osteoclastos) y en la biología tumoral. La trombopoyetina es el principal regulador de la producción de plaquetas (trombopoyesis). Actúa sobre los megacariocitos de la médula ósea, estimulando su maduración y la fragmentación de su citoplasma para liberar plaquetas al torrente sanguíneo. La trombopoyetina se produce principalmente en el hígado y los riñones. Los análogos de la trombopoyetina, como el romiplostim y el eltrombopag, se utilizan clínicamente para el tratamiento de la trombocitopenia inmune primaria (púrpura trombocitopénica idiopática) y otras formas de trombocitopenia. Diversas interleucinas participan en la regulación de la hematopoyesis, actuando en distintos estadios de la diferenciación celular: Los factores de crecimiento hemopoyéticos ejercen sus funciones mediante la unión a receptores específicos en la superficie de las células diana de la médula ósea. La mayoría de estos receptores pertenecen a la superfamilia de receptores de citocinas de tipo I, con la excepción del receptor del M-CSF (c-Fms) y del receptor del SCF (c-Kit), que son receptores tirosina quinasa. La unión del factor de crecimiento a su receptor activa cascadas de señalización intracelular que incluyen las vías JAK-STAT, RAS-MAPK y PI3K/AKT. La vía JAK-STAT es particularmente importante en la señalización de los factores hemopoyéticos: tras la unión del ligando, las quinasas JAK fosforilan los factores de transcripción STAT, que se translocan al núcleo celular y activan la expresión de genes relacionados con la proliferación, la diferenciación y la supervivencia celular. Una característica distintiva de la hematopoyesis es la actuación combinada de múltiples factores de crecimiento que actúan de forma sinérgica en distintos estadios de la diferenciación. Ningún factor aislado es suficiente para dirigir la producción completa de una línea celular desde la célula madre hasta la célula madura; se requiere la acción secuencial y coordinada de varios factores para lograr la producción eficiente de cada tipo de célula sanguínea. La hematopoyesis es un proceso extraordinariamente regulado que asegura la producción diaria de miles de millones de células sanguíneas en las cantidades y proporciones adecuadas para mantener la homeostasis del organismo. Los factores de crecimiento hemopoyéticos trabajan de forma coordinada siguiendo un modelo jerárquico de regulación. En condiciones normales, la producción de células sanguíneas se mantiene en un estado de equilibrio dinámico. Las células madre hematopoyéticas de la médula ósea se autorrenovarán de forma limitada y se diferencian hacia progenitores comprometidos bajo la influencia de factores como el SCF, el FLT3-ligando y la trombopoyetina, que actúan sobre los estadios más tempranos de la diferenciación. A medida que las células progenitoras avanzan en su maduración, responden a factores más específicos de línea, como la eritropoyetina para los eritroblastos o el G-CSF para los precursores granulocíticos. Ante situaciones de demanda aumentada, como una infección, una hemorragia o la recuperación tras quimioterapia, el organismo es capaz de incrementar drásticamente la producción de las líneas celulares más necesarias. En una infección bacteriana, por ejemplo, los macrófagos y las células T activadas liberan cantidades aumentadas de G-CSF, GM-CSF e interleucinas que estimulan una producción acelerada de neutrófilos (granulopoyesis de emergencia). Tras una hemorragia, la hipoxia tisular resultante estimula la producción renal de eritropoyetina, que a su vez acelera la producción de glóbulos rojos. Este sistema de retroalimentación permite al organismo adaptar la producción sanguínea a las necesidades cambiantes con notable rapidez y precisión. Las mutaciones en las vías de señalización de los factores hemopoyéticos pueden dar lugar a enfermedades hematológicas graves, tanto por exceso como por defecto de producción celular. Las mutaciones activadoras en la quinasa JAK2 (como la mutación JAK2 V617F) provocan una activación constitutiva de las vías de señalización de los factores hemopoyéticos, lo que se traduce en una producción excesiva y descontrolada de células sanguíneas. Esta mutación se encuentra en la mayoría de los pacientes con policitemia vera y en una proporción significativa de aquellos con trombocitemia esencial y mielofibrosis primaria. El descubrimiento de esta mutación ha permitido desarrollar inhibidores de JAK2 como el ruxolitinib, que se utilizan en el tratamiento de estas neoplasias mieloproliferativas. Determinadas enfermedades congénitas o adquiridas afectan a la capacidad de la médula ósea para responder a los factores de crecimiento hemopoyéticos. En la anemia aplásica, por ejemplo, la destrucción inmunomediada de las células madre hematopoyéticas provoca una pancitopenia (disminución de todas las líneas celulares sanguíneas) que no responde a la estimulación con factores de crecimiento. El tratamiento de estas entidades requiere un abordaje multidisciplinar por parte del especialista en hematología. Algunos pacientes con enfermedad renal crónica presentan una respuesta insuficiente al tratamiento con eritropoyetina, una situación denominada resistencia a la eritropoyetina. Las causas más frecuentes incluyen el déficit de hierro, la inflamación crónica, la hiperparatiroidismo secundario y la presencia de anticuerpos antieritropoyetina. La identificación y el tratamiento de las causas subyacentes son fundamentales para optimizar la respuesta al tratamiento, y esta evaluación corresponde al nefrólogo o hematólogo tratante. Los factores de crecimiento hemopoyéticos recombinantes han transformado el manejo de los pacientes oncológicos. La quimioterapia y la radioterapia provocan una supresión de la médula ósea que reduce la producción de células sanguíneas, exponiendo al paciente a riesgos de infección (por neutropenia), hemorragia (por trombocitopenia) y fatiga (por anemia). La administración de factores como el G-CSF tras los ciclos de quimioterapia permite acortar la duración de la neutropenia y reducir la incidencia de infecciones graves, lo que a su vez permite administrar los tratamientos con la intensidad y la frecuencia planificadas. El G-CSF se utiliza como agente movilizador para trasladar células madre hematopoyéticas desde la médula ósea a la sangre periférica, donde pueden ser recolectadas mediante aféresis para su posterior infusión al paciente (trasplante autólogo) o a un receptor compatible (trasplante alogénico). Esta estrategia ha simplificado enormemente la obtención de progenitores hematopoyéticos, evitando en muchos casos la necesidad de punciones de médula ósea. La anemia es una complicación frecuente de la enfermedad renal crónica, causada por la producción insuficiente de eritropoyetina por parte de los riñones dañados. La administración de eritropoyetina recombinante o de sus análogos de acción prolongada (como la darbepoyetina alfa) permite corregir la anemia, mejorar la calidad de vida del paciente y reducir la necesidad de transfusiones sanguíneas. El nefrólogo establece la pauta de tratamiento individualizando los objetivos de hemoglobina y monitorizando la respuesta en cada paciente. Determinadas enfermedades genéticas se caracterizan por la producción insuficiente de alguna línea celular sanguínea. La neutropenia congénita grave, por ejemplo, se beneficia del tratamiento crónico con G-CSF, que permite mantener recuentos de neutrófilos suficientes para prevenir infecciones bacterianas recurrentes. La trombocitopenia inmune primaria puede tratarse con análogos de la trombopoyetina que estimulan la producción de plaquetas. Como todo tratamiento farmacológico, los factores de crecimiento hemopoyéticos pueden producir efectos secundarios que el especialista deberá vigilar: La indicación, la dosificación y la monitorización de estos tratamientos corresponden siempre al especialista en hematología u oncología, que evaluará los beneficios y riesgos en cada situación clínica individual. Cada factor de crecimiento hemopoyético actúa sobre líneas celulares específicas de la sangre. La eritropoyetina estimula la producción de glóbulos rojos, el G-CSF la de neutrófilos, el GM-CSF la de granulocitos y macrófagos, y la trombopoyetina la de plaquetas. Algunos factores, como la interleucina-3, actúan de forma más amplia sobre múltiples líneas celulares. Esta especificidad permite al médico seleccionar el factor más adecuado según el tipo de citopenia que presente el paciente. La eritropoyetina aumenta la producción de glóbulos rojos y, con ello, la capacidad de transporte de oxígeno de la sangre. Este efecto ha sido explotado de forma ilícita en el ámbito deportivo como sustancia dopante. Su uso sin indicación médica es peligroso, ya que puede provocar un aumento excesivo de la viscosidad sanguínea con riesgo de trombosis, accidentes cerebrovasculares e infarto de miocardio. La Agencia Mundial Antidopaje (AMA) prohíbe el uso de eritropoyetina y sus análogos en competición deportiva, y dispone de métodos analíticos para detectar su presencia. La decisión de administrar G-CSF tras la quimioterapia depende del riesgo de neutropenia febril asociado al régimen quimioterápico empleado. Los protocolos con riesgo elevado de neutropenia (superior al 20 %) suelen incluir G-CSF de forma profiláctica. El hematólogo u oncólogo valorará en cada caso la necesidad de este tratamiento, teniendo en cuenta el esquema quimioterápico, las características del paciente y los antecedentes de episodios previos de neutropenia. Esta cuestión ha sido objeto de investigación activa. En general, los factores hemopoyéticos como el G-CSF actúan sobre receptores presentes en las células de la médula ósea y no sobre los receptores de las células tumorales sólidas. Sin embargo, algunos tumores hematológicos pueden expresar receptores para ciertos factores de crecimiento, lo que ha generado precaución en su uso en determinados contextos. Los estudios clínicos a gran escala no han demostrado un aumento significativo del riesgo de recaída tumoral con el uso de G-CSF como soporte tras la quimioterapia, pero la evaluación del beneficio-riesgo corresponde siempre al oncólogo tratante. Referencias para pacientes: © Clínica Universidad de Navarra 2026
Los factores de crecimiento hemopoyéticos (también denominados hematopoyéticos) son un grupo de proteínas señalizadoras que controlan el proceso de formación de las células de la sangre, conocido como hematopoyesis. Estas moléculas regulan la proliferación, la diferenciación, la maduración y la supervivencia de las distintas líneas celulares sanguíneas —glóbulos rojos, glóbulos blancos y plaquetas— a partir de las células madre hematopoyéticas de la médula ósea. Su descubrimiento y posterior producción mediante tecnología de ADN recombinante han transformado el tratamiento de numerosas enfermedades hematológicas y oncológicas.Qué es un factor de crecimiento hemopoyético
Principales factores de crecimiento hemopoyéticos
Eritropoyetina (EPO)
Factor estimulante de colonias de granulocitos (G-CSF)
Factor estimulante de colonias de granulocitos y macrófagos (GM-CSF)
Factor estimulante de colonias de macrófagos (M-CSF)
Trombopoyetina (TPO)
Interleucinas con función hemopoyética
Mecanismo de acción
Regulación fisiológica de la hematopoyesis
Hematopoyesis basal
Hematopoyesis de estrés
Alteraciones de la señalización hemopoyética y enfermedades
Neoplasias mieloproliferativas
Síndromes de insuficiencia medular
Resistencia a la eritropoyetina
Aplicaciones clínicas
En oncología
En el trasplante de progenitores hematopoyéticos
En la insuficiencia renal crónica
En las citopenias congénitas
Efectos secundarios y precauciones
Preguntas frecuentes
¿Qué diferencia hay entre los distintos factores de crecimiento hemopoyéticos?
¿Se pueden usar factores de crecimiento hemopoyéticos para mejorar el rendimiento deportivo?
¿Cuándo se administra G-CSF después de la quimioterapia?
¿Los factores de crecimiento hemopoyéticos pueden favorecer el crecimiento de un tumor?
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