DICCIONARIO MÉDICO
Factor de crecimiento del nervio
El factor del crecimiento del nervio, conocido internacionalmente como NGF (del inglés nerve growth factor), es una proteína que desempeña un papel fundamental en la regulación del crecimiento, la supervivencia, la diferenciación y la función de determinadas poblaciones neuronales. Fue el primer factor neurotrófico descubierto, en la década de 1950, y su identificación supuso un avance trascendental en la comprensión de cómo el sistema nervioso se desarrolla y se mantiene a lo largo de la vida. Su descubrimiento le valió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina a Rita Levi-Montalcini y Stanley Cohen en 1986. El NGF es el miembro fundador de una familia de proteínas conocida como neurotrofinas, que incluye también el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), la neurotrofina-3 (NT-3) y la neurotrofina-4/5 (NT-4/5). Estas moléculas comparten una estructura similar y derivan de un gen ancestral común, lo que refleja su relación evolutiva. El NGF se sintetiza inicialmente como una proteína precursora denominada proNGF, que experimenta un procesamiento proteolítico para generar la forma madura y biológicamente activa de la molécula. La forma activa del NGF es un homodímero (formado por dos subunidades idénticas) con un peso molecular de aproximadamente 26 kilodaltons. Tanto el proNGF como el NGF maduro poseen actividad biológica, aunque con efectos diferentes: mientras que el NGF maduro favorece la supervivencia neuronal, el proNGF puede tener propiedades proapoptóticas en determinadas circunstancias. Aunque inicialmente se creyó que el NGF actuaba exclusivamente sobre las neuronas, investigaciones posteriores han demostrado que es un factor pleiotrópico que ejerce funciones relevantes también sobre células del sistema inmunitario, células epiteliales, fibroblastos, células endoteliales y células del sistema endocrino, lo que amplía enormemente su importancia fisiológica. El NGF ejerce sus acciones biológicas a través de la interacción con dos tipos de receptores que se expresan en la superficie de las células diana. Es el receptor de alta afinidad del NGF y pertenece a la familia de los receptores tirosina quinasa. Cuando el NGF se une a TrkA, se produce la dimerización del receptor y la autofosforilación de su dominio quinasa intracelular, lo que activa cascadas de señalización que promueven la supervivencia, el crecimiento y la diferenciación neuronal. La unión del NGF a TrkA activa la expresión de genes protectores como bcl-2, que favorecen la supervivencia celular. Este receptor pertenece a la superfamilia del factor de necrosis tumoral y puede unirse a todas las neurotrofinas, no solo al NGF. Dependiendo del contexto celular y de las proteínas adaptadoras presentes, la activación de p75NTR puede desencadenar señales de supervivencia (a través de la vía NF-κB) o, por el contrario, señales de muerte celular programada (apoptosis). Cuando p75NTR se coexpresa con TrkA, ambos receptores forman un complejo de alta afinidad que potencia la respuesta al NGF. Sin embargo, la unión del proNGF al complejo sortilina-p75NTR puede inducir la apoptosis en neuronas que expresan ambos receptores. El NGF es esencial para el desarrollo y el mantenimiento funcional de neuronas específicas del sistema nervioso periférico. Las neuronas sensitivas de los ganglios de la raíz dorsal, responsables de transmitir las señales de dolor, temperatura y tacto desde los tejidos periféricos hacia la médula espinal, dependen del NGF para su supervivencia durante el desarrollo y para el mantenimiento de su fenotipo funcional en la vida adulta. La ausencia de NGF durante el desarrollo provoca la muerte de estas poblaciones neuronales por apoptosis. Las neuronas del sistema nervioso simpático, que regulan funciones como la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la respuesta al estrés, también dependen del NGF para su desarrollo y supervivencia. El NGF es producido por los tejidos periféricos que son inervados por estas neuronas, y actúa como señal de "guía" que dirige el crecimiento de los axones hacia sus tejidos diana. En el sistema nervioso central, la mayor producción de NGF tiene lugar en la corteza cerebral, el hipocampo y la glándula hipofisaria, aunque también se produce en cantidades significativas en los ganglios basales, el tálamo, la médula espinal y la retina. El NGF desempeña un papel fundamental en la supervivencia y la función de las neuronas colinérgicas del complejo prosencefálico basal, un grupo neuronal que participa en procesos cognitivos como la atención, la motivación, la memoria y la conciencia. Estas neuronas son especialmente vulnerables en la enfermedad de Alzheimer, donde se produce una pérdida progresiva de su función. El hecho de que el NGF mantenga la viabilidad de estas neuronas ha convertido a esta molécula en un candidato terapéutico de gran interés para las enfermedades neurodegenerativas. En el sistema nervioso central, el NGF también regula las características fenotípicas de los núcleos noradrenérgicos del hipotálamo y del tronco encefálico, participando en la regulación central de las respuestas autonómicas y en la modulación del eje del estrés. Además de su papel clásico en el sistema nervioso, el NGF es producido y utilizado por numerosos tipos celulares no neuronales: La relación entre el NGF y la enfermedad de Alzheimer constituye una de las líneas de investigación más activas sobre esta neurotrofina. La enfermedad de Alzheimer se caracteriza por la degeneración progresiva de las neuronas colinérgicas del prosencéfalo basal, que son precisamente las principales células diana del NGF en el cerebro. Los estudios han mostrado que en el cerebro de pacientes con alzhéimer existen alteraciones en el metabolismo del NGF: los niveles de proNGF están aumentados, mientras que el procesamiento hacia la forma madura de NGF está comprometido. Esta situación, conocida como "desconexión trófica", contribuye a la degeneración de las neuronas colinérgicas y al deterioro cognitivo progresivo. La investigación ha explorado diversas estrategias para administrar NGF a las neuronas afectadas, incluyendo la terapia génica con vectores adenoasociados que transportan el gen del NGF, sistemas de liberación mediante cápsulas celulares y la administración intranasal. Los estudios clínicos iniciales han demostrado que la terapia génica con NGF es biológicamente viable y segura, aunque la traducción clínica enfrenta desafíos relacionados con la eficiencia de la administración, el desequilibrio de receptores y la irreversibilidad de la enfermedad en estadios avanzados. Una de las aplicaciones clínicas más desarrolladas del NGF es su uso en oftalmología. La administración tópica ocular de NGF ha demostrado capacidad para restaurar la integridad corneal en pacientes con úlceras corneales neurotróficas e inmunitarias. Las células corneales son una de las poblaciones celulares más densamente inervadas del organismo, y las alteraciones de su inervación pueden provocar daños corneales graves. El NGF tópico ha mostrado efectos beneficiosos también en el glaucoma, la maculopatía retiniana y la retinosis pigmentaria. Esta línea de investigación representa actualmente la aplicación terapéutica del NGF más caracterizada y avanzada hacia la práctica clínica. Las propiedades reparadoras del NGF se han investigado en el tratamiento de úlceras por presión y otras heridas cutáneas crónicas. La administración tópica de NGF ha mostrado capacidad para acelerar la cicatrización en diversas condiciones patológicas, incluyendo úlceras asociadas a inflamación, diabetes y artritis reumatoide. Dado el papel del NGF en el mantenimiento de las neuronas sensitivas, se ha investigado su potencial terapéutico en neuropatías periféricas, incluyendo las asociadas a la diabetes y al VIH. Sin embargo, los primeros ensayos clínicos que utilizaron la administración subcutánea de NGF evidenciaron la aparición de efectos secundarios como hiperalgesia en el lugar de inyección, mialgias y artralgias, relacionados con la acción del NGF sobre las neuronas sensoriales del dolor. Estos efectos adversos han impulsado la búsqueda de vías de administración alternativas más seguras. El NGF se ha investigado en el traumatismo craneoencefálico, especialmente en el ámbito pediátrico, donde la administración intranasal de NGF ha mostrado resultados prometedores para la neuroprotección y la recuperación funcional. Los ensayos clínicos no han descrito efectos secundarios sistémicos ni locales significativos con esta vía de administración nasal, lo que la convierte en una alternativa prometedora a las vías invasivas. Diversos estudios han investigado la relación entre el NGF y la enfermedad de Parkinson. Se ha observado que los niveles de NGF están disminuidos en el suero de pacientes parkinsonianos y en modelos animales de la enfermedad. Estas alteraciones sugieren una relación entre el déficit de NGF y los cambios neurodegenerativos observados en el párkinson. Históricamente, se investigó el injerto intraestriatal de células cromafines de la glándula suprarrenal como terapia para el párkinson, y el NGF demostró promover la diferenciación de las células injertadas, aumentar su supervivencia y favorecer la extensión de sus prolongaciones celulares. El NGF ejerce un papel modulador sobre el sistema inmunitario que ha ampliado considerablemente su perfil funcional más allá del sistema nervioso. Las células inmunitarias tanto innatas como adaptativas producen y responden al NGF. Los mastocitos, que desempeñan un papel central en las reacciones alérgicas e inflamatorias, son diana importante del NGF. Los linfocitos T y B, los granulocitos y los monocitos también son sensibles a la acción de esta neurotrofina. Esta interacción entre el NGF y el sistema inmunitario sugiere que la neurotrofina participa en mecanismos neuroinmunoendocrinos de vital importancia para la regulación de procesos homeostáticos. Los niveles circulantes y cerebrales de NGF experimentan cambios significativos en respuesta a la inflamación y al estrés, lo que refuerza su papel como mediador entre los sistemas nervioso, endocrino e inmunitario. Un campo de investigación emergente es la posible aplicación del NGF como regulador inmunitario en enfermedades autoinmunitarias y patologías inflamatorias crónicas. A pesar de su enorme potencial terapéutico, la aplicación clínica del NGF se enfrenta a limitaciones importantes que condicionan su desarrollo como fármaco: Para superar estos desafíos, la investigación actual se centra en el desarrollo de vías de administración innovadoras como la administración intranasal (que permite el acceso directo al cerebro evitando la barrera hematoencefálica), la administración tópica ocular, la terapia génica con vectores virales y los sistemas de liberación basados en nanopartículas y biomateriales. La vía intranasal ha demostrado una especial eficacia tanto en modelos experimentales como en ensayos clínicos, permitiendo administraciones repetidas sin efectos adversos significativos. Las neurotrofinas son una familia de proteínas que promueven la supervivencia, el desarrollo, la diferenciación y la función de las neuronas. El NGF fue el primer miembro descubierto de esta familia, que también incluye el BDNF, la NT-3 y la NT-4/5. Cada neurotrofina actúa preferentemente sobre determinados tipos de neuronas, aunque comparten mecanismos de señalización comunes a través de los receptores Trk y p75NTR. Sí, el NGF se está utilizando e investigando como tratamiento en diversas enfermedades. Su aplicación más avanzada es la administración tópica ocular para úlceras corneales neurotróficas. También se investiga su uso en el alzhéimer mediante terapia génica, en traumatismos cerebrales mediante administración intranasal y en úlceras cutáneas crónicas. Sin embargo, su uso clínico se enfrenta a desafíos como la dificultad para atravesar la barrera hematoencefálica, la aparición de efectos secundarios relacionados con el dolor y la necesidad de desarrollar sistemas de administración más eficaces. El especialista determinará en cada caso la idoneidad del tratamiento. El NGF tiene una relación estrecha con la señalización del dolor. Por un lado, es esencial para la supervivencia y el mantenimiento de las neuronas sensitivas que transmiten las señales dolorosas. Por otro lado, niveles elevados de NGF en los tejidos periféricos pueden sensibilizar estas neuronas y provocar una mayor percepción del dolor (hiperalgesia). Esta dualidad ha llevado al desarrollo de anticuerpos anti-NGF como tratamiento analgésico para el dolor crónico, especialmente en la artrosis, mientras que también se explora la administración de NGF como terapia neuroprotectora en enfermedades neurodegenerativas. El descubrimiento del NGF por Rita Levi-Montalcini en la década de 1950 fue revolucionario porque demostró por primera vez que las neuronas necesitan señales químicas específicas para sobrevivir y desarrollarse. Este hallazgo cambió completamente la comprensión del desarrollo del sistema nervioso y abrió el campo de investigación de los factores neurotróficos. Además, sentó las bases para entender cómo las alteraciones en estas señales pueden contribuir a enfermedades neurodegenerativas, lo que ha tenido implicaciones enormes para la investigación en neurología y psiquiatría. Los anticuerpos anti-NGF son fármacos biológicos diseñados para bloquear la acción del NGF en los tejidos periféricos, reduciendo así la señalización del dolor. La investigación ha demostrado que el NGF desempeña un papel importante en la sensibilización de las vías del dolor, especialmente en condiciones de inflamación crónica como la artrosis. Por ello, se han desarrollado anticuerpos monoclonales que neutralizan el NGF circulante, impidiendo que active sus receptores en las neuronas sensitivas. Estos fármacos se han investigado en ensayos clínicos para el tratamiento del dolor asociado a la artrosis y otras condiciones de dolor crónico. Los estudios han mostrado una eficacia analgésica significativa, aunque su desarrollo clínico ha enfrentado cuestiones de seguridad que requieren una evaluación cuidadosa por parte del especialista. Este abordaje terapéutico ilustra la complejidad de la biología del NGF: la misma molécula que resulta beneficiosa como agente neuroprotector en enfermedades neurodegenerativas puede contribuir a la percepción del dolor crónico cuando está presente en exceso en los tejidos periféricos inflamados. Referencias para pacientes: © Clínica Universidad de Navarra 2026Qué es el factor del crecimiento del nervio
Receptores del NGF y mecanismo de acción
Receptor TrkA (tropomiosina quinasa A)
Receptor p75NTR (receptor de neurotrofinas de baja afinidad)
Funciones del NGF en el sistema nervioso periférico
Neuronas sensitivas
Neuronas simpáticas
Funciones del NGF en el sistema nervioso central
Neuronas colinérgicas del prosencéfalo basal
Regulación neuroendocrina
Funciones del NGF fuera del sistema nervioso
NGF y enfermedad de Alzheimer
Otras aplicaciones clínicas del NGF
Enfermedades oculares
Úlceras cutáneas
Neuropatías periféricas
Lesiones cerebrales traumáticas
NGF y enfermedad de Parkinson
NGF y regulación del sistema inmunitario
Desafíos en la administración terapéutica del NGF
Preguntas frecuentes
¿Qué es una neurotrofina?
¿Se puede administrar NGF como tratamiento médico?
¿Qué relación tiene el NGF con el dolor?
¿Por qué el descubrimiento del NGF fue tan importante para la ciencia?
¿Qué son los anticuerpos anti-NGF y para qué se utilizan?
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