DICCIONARIO MÉDICO
Estrabismo latente
El estrabismo latente, también llamado foria o heteroforia, es una tendencia de los ejes visuales a desviarse que permanece oculta mientras el sistema de fusión binocular funciona correctamente. Solo se pone de manifiesto cuando se interrumpe dicha fusión, por ejemplo al ocluir un ojo durante la exploración oftalmológica. La palabra «latente» proviene del latín latens, participio de latere, «estar escondido». Es una designación muy acertada: en condiciones habituales de visión binocular, los ojos del paciente están perfectamente alineados y nada sugiere que exista una desalineación subyacente. La desviación solo «sale de su escondite» cuando se rompe artificialmente la fusión de las imágenes de ambos ojos. El término heteroforia fue acuñado en 1888 por George Thomas Stevens a partir del griego ἕτερος (héteros, «otro, diferente») y φορά (phorá, «dirección, tendencia»). Hermann von Helmholtz había descrito el fenómeno ya en 1860, y antes de que se consolidara el nombre de Stevens se emplearon designaciones como «estrabismo dinámico» o «estrabismo invisible» (Terrien, 1928). El filólogo Edmond Landolt llegó a calificar el vocablo de «bárbaro e incorrecto», pero fue precisamente la propuesta de Stevens la que prevaleció. Desde un punto de vista fisiológico, la alineación ocular perfecta (ortoforia estricta) es poco frecuente. La mayoría de las personas presentan una pequeña foria, generalmente una ligera exoforia en visión próxima, que no produce molestia alguna porque las reservas fusionales la compensan con holgura. Se estima que entre el 70 y el 80 % de la población general presenta algún grado de heteroforia sin repercusión clínica. Cuando la tendencia es a la convergencia (el ojo se desvía hacia dentro al romperse la fusión), se habla de esoforia o endoforia. Si la desviación latente es hacia fuera, se denomina exoforia. Las forias verticales reciben los nombres de hiperforia (tendencia ascendente) e hipoforia (tendencia descendente), y las torsionales se conocen como cicloforias, que se observan con menor frecuencia en la clínica habitual. Los valores de la foria pueden diferir entre la visión lejana y la próxima. Un paciente con exoforia moderada en visión cercana y esoforia leve en visión lejana no es una rareza; sencillamente, el equilibrio entre convergencia y divergencia tónicas varía con la distancia de fijación. Se dice que una foria está compensada cuando las reservas fusionales del paciente bastan para mantener la alineación sin esfuerzo perceptible. No genera molestias. Una foria se considera descompensada cuando ese esfuerzo fusional resulta excesivo y aparecen molestias: fatiga visual, cefalea tras la lectura prolongada, sensación de tirantez ocular, visión borrosa transitoria o, en casos más acusados, diplopía fugaz. La descompensación puede ser provocada por circunstancias que reducen la eficacia del sistema fusional: falta de sueño, estrés, enfermedades febriles o el consumo de determinados fármacos sedantes. Las condiciones de iluminación deficiente y el trabajo prolongado frente a pantallas de visualización también la favorecen. Si la descompensación se prolonga, la foria puede evolucionar hacia una tropía manifiesta, convirtiendo el estrabismo latente en un estrabismo intermitente o incluso constante. La herramienta básica para detectar una foria es el cover-uncover test (prueba de oclusión-desoclusión). El explorador ocluye un ojo y observa el movimiento del ojo contralateral al destaparlo: si se produce un desplazamiento de refijación, existe una desviación latente. La dirección y la amplitud del movimiento permiten clasificar la foria y estimar su magnitud en dioptrías prismáticas. La maniobra es sencilla, no requiere instrumentación y puede realizarse tanto en la consulta del oftalmólogo como en la revisión pediátrica. La línea divisoria entre foria y estrabismo manifiesto (heterotropía) reside en la capacidad del sistema fusional para mantener la alineación. En la heteroforia, la fusión controla la desviación; en la heterotropía, ha dejado de hacerlo. No se trata de entidades completamente separadas, sino de dos puntos dentro de un mismo espectro. Un mismo paciente puede pasar de la foria a la tropía y viceversa según sus reservas fusionales en cada momento. Fue propuesto por George Thomas Stevens en 1888, a partir del griego ἕτερος (héteros, «diferente») y φορά (phorá, «tendencia, dirección»). Literalmente designa una «tendencia diferente» de los ejes visuales con relación a la alineación ideal. Técnicamente sí, pero con un matiz importante: la inmensa mayoría de las forias son fisiológicas. Casi toda la población tiene una pequeña desviación latente que compensa sin el menor esfuerzo. Solo cuando la foria supera la capacidad de compensación y genera molestias o se convierte en desviación visible se considera un problema clínico. Sí, cuando las reservas fusionales se agotan. Sucede con más facilidad si la magnitud de la foria es grande, si aparecen factores descompensantes (enfermedad, fatiga, envejecimiento) o si coexisten errores refractivos no corregidos. Si desea profundizar en conceptos asociados al estrabismo latente, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el estrabismo latente
Tipos de foria según la dirección de la desviación
Foria compensada y foria descompensada
Exploración: el test de oclusión
Diferenciación con el estrabismo manifiesto
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene el término heteroforia?
¿Tener una foria significa tener estrabismo?
¿Puede una foria convertirse en estrabismo manifiesto?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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