DICCIONARIO MÉDICO
Esputo
El esputo es la secreción mucosa procedente de las vías respiratorias inferiores (bronquios y pulmones) que se expulsa al toser. Contiene moco, células del epitelio respiratorio, leucocitos y, en situaciones patológicas, microorganismos. Su color, su consistencia y su análisis de laboratorio aportan datos valiosos para la orientación de enfermedades respiratorias. La palabra viene del latín spūtum, «salivazo, escupitajo», sustantivo derivado del verbo spuere, «escupir». En español aparece documentado ya en 1325, según las fuentes lexicográficas históricas, aunque con un sentido más cercano al de «saliva arrojada» que al significado clínico actual. La evolución semántica fue lenta: solo a partir del desarrollo de la microbiología en el siglo XIX el término adquirió su acepción médica precisa, referida específicamente al material expectorado desde las vías respiratorias bajas. No es lo mismo esputo que saliva. La saliva procede de las glándulas salivales de la cavidad oral; el esputo, en cambio, se genera en la mucosa bronquial y en los alvéolos, y asciende por el árbol traqueobronquial impulsado por el movimiento ciliar del epitelio hasta alcanzar la faringe, donde se deglute de forma inconsciente o se expectora con la tos. Esa distinción, que parece obvia, tiene consecuencias prácticas directas: una muestra de esputo contaminada con saliva pierde buena parte de su utilidad clínica. Las células caliciformes y las glándulas submucosas del árbol bronquial producen de forma continua una capa de moco que tapiza la superficie interna de las vías aéreas. En condiciones normales, un adulto sano genera entre 10 y 100 ml diarios de esta secreción, que cumple una función defensiva: atrapa partículas inhaladas (polvo, polen, bacterias) y las transporta hacia la faringe gracias a la acción coordinada de los cilios epiteliales, en lo que se conoce como aclaramiento mucociliar. Cuando se produce una agresión (infección, inflamación crónica, irritación por humo de tabaco), la producción de moco aumenta, su composición cambia y la tos se encarga de expulsarlo activamente. Eso que el paciente escupe es, propiamente, el esputo. Su contenido refleja lo que está ocurriendo en las vías respiratorias: un predominio de neutrófilos sugiere infección bacteriana; la presencia de eosinófilos, un componente alérgico o asmático; y la aparición de sangre, daño vascular o tisular cuya causa conviene investigar. Esputo mucoso (transparente o blanquecino): el más habitual en procesos víricos leves o en fases iniciales de irritación bronquial. Es viscoso y no tiene olor particular. Esputo mucopurulento y purulento. Cuando adquiere coloración amarillenta o verdosa, la causa suele ser la acumulación de neutrófilos y restos celulares, lo que sugiere infección bacteriana. Un esputo francamente purulento, espeso y de tono verde intenso, con olor fétido, puede indicar absceso pulmonar o bronconeumonía. El esputo hemoptoico, teñido con estrías de sangre, y la hemoptisis franca (expulsión de sangre roja procedente de las vías respiratorias) constituyen señales que siempre requieren evaluación clínica, ya que sus causas abarcan desde una simple bronquitis erosiva hasta procesos más serios. Existe también un esputo seroso, espumoso y rosado, que se asocia al edema agudo de pulmón; y el esputo perlado, compuesto por pequeños moldes mucosos, que aparece en crisis asmáticas graves. Cada uno de estos patrones tiene un correlato fisiopatológico distinto. Ambos términos se emplean con frecuencia como sinónimos, y en la práctica clínica rara vez se distinguen. Sin embargo, su etimología apunta a realidades ligeramente distintas. Esputo designa el material en sí (lo que se arroja); expectoración, del latín expectorare («expulsar del pecho»), nombra más bien la acción de expulsarlo. Un paciente que expectora produce esputo. La confusión entre ambas voces es antigua y probablemente irresoluble, pero conocer la diferencia ayuda a leer textos médicos clásicos con mayor precisión. Del latín spūtum, participio del verbo spuere, «escupir». En español se documenta desde el siglo XIV. El verbo latino tiene raíces indoeuropeas compartidas con el griego πτύειν (ptýein), también «escupir», de donde derivan voces como hemoptisis. En el lenguaje coloquial, sí. En rigor clínico, flema es un término menos preciso: puede referirse a cualquier secreción mucosa de las vías aéreas. Esputo implica que la secreción procede de las vías respiratorias inferiores y ha sido expulsada mediante la tos, lo que le confiere valor como muestra biológica. Orientativa, nunca definitiva. Un esputo amarillo-verdoso suele indicar presencia de neutrófilos y, con frecuencia, infección bacteriana. El esputo herrumbroso (pardo rojizo) se describió clásicamente en la neumonía neumocócica. El esputo rosado y espumoso sugiere edema pulmonar. Pero el color por sí solo no permite identificar la causa; el análisis microbiológico y la citología lo complementan. Depende de la cantidad y del contexto. Unas estrías sanguinolentas aisladas tras un acceso de tos intenso pueden deberse a la rotura de un pequeño capilar de la mucosa bronquial, sin mayor trascendencia. Cuando la cantidad de sangre es mayor o la hemoptisis se repite, conviene que un médico evalúe la situación para descartar causas que requieran atención. Si desea ampliar información sobre las secreciones respiratorias y su contexto clínico, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es el esputo
Composición y mecanismo de producción
Clasificación según aspecto macroscópico
Diferenciación entre esputo y expectoración
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra esputo?
¿Es lo mismo esputo que flema?
¿Qué información aporta el color del esputo?
¿Es preocupante que el esputo tenga sangre?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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