DICCIONARIO MÉDICO
Epifisiólisis
La epifisiólisis es el desprendimiento de la epífisis de un hueso largo a través de su cartílago de crecimiento o fisis. Ocurre exclusivamente en el esqueleto inmaduro y constituye la lesión más característica de las placas epifisarias durante la infancia y la adolescencia. El término combina el griego ἐπίφυσις (epíphysis, «extremo del hueso, lo que crece sobre») con λύσις (lýsis, «separación, disolución»). Literalmente, pues, describe la rotura del vínculo entre la epífisis y el resto de la pieza ósea. La voz se documenta en la literatura médica desde finales del siglo XIX, aunque la primera descripción reconocible de una separación epifisaria se atribuye a Ambrosio Paré en 1572, quien la observó en la cadera del adolescente. Durante los años de crecimiento, el cartílago fisario es la zona mecánicamente más débil del hueso. Cuando una fuerza externa supera la resistencia de ese cartílago, la línea de fractura tiende a discurrir por él, produciendo la separación. No se trata, por tanto, de una fractura convencional del hueso calcificado sino de una lesión propia de un tejido en transición. De ahí que desaparezca como entidad clínica una vez que la fisis se ha cerrado al final de la pubertad. En 1963, Robert Salter y W. Robert Harris propusieron un sistema de cinco tipos que sigue siendo el más utilizado para describir estas lesiones. Tipo I. La fractura atraviesa solo la fisis, separando la epífisis sin afectar al hueso adyacente. Es frecuente en niños pequeños y suele tener buen pronóstico porque las células germinales del cartílago permanecen con la epífisis. Tipo II. La línea recorre la fisis y se extiende hacia la metáfisis, arrancando un fragmento triangular de hueso (el llamado signo de Thurston-Holland en la radiografía). Es el patrón más habitual, sobre todo en mayores de diez años. Tipo III. La fractura cruza la fisis y se prolonga por la epífisis hasta la superficie articular. Aquí el riesgo de secuelas articulares ya no es menor. Tipo IV. La línea atraviesa epífisis, fisis y metáfisis; afecta a toda la arquitectura del extremo del hueso. Sin una reducción anatómica precisa, el crecimiento puede verse comprometido de forma permanente. Tipo V. No hay un desplazamiento visible: se trata de un aplastamiento o compresión axial de la fisis. Suele pasar inadvertido en la radiografía inicial y solo se reconoce retrospectivamente, cuando aparece una detención del crecimiento. Salter y Harris lo incluyeron por su gravedad pronóstica, aunque algunos autores cuestionan si representa una entidad radiológica real o un diagnóstico reconstruido a posteriori. La forma clínica que más atención ha recibido históricamente es la epifisiólisis de la cabeza femoral, también conocida como deslizamiento epifisario femoral (en inglés, slipped capital femoral epiphysis). Se presenta sobre todo en varones de 10 a 16 años, con frecuencia obesos y en pleno estirón puberal. La epífisis femoral se mantiene en el acetábulo, retenida por el ligamento redondo, mientras el cuello y la metáfisis migran hacia arriba y hacia delante; lo que se desliza, pese a lo que el nombre sugiere, no es la cabeza sino el cuello. La incidencia oscila entre 1 y 7 por cada 100 000 niños según la población estudiada, y se ha descrito un aumento progresivo en las últimas décadas, probablemente relacionado con la creciente prevalencia de obesidad infantil. La epifisiólisis puede presentarse en cualquier fisis abierta, pero existen localizaciones con mayor incidencia. La muñeca (radio distal) es la más habitual en traumatismos infantiles: una caída con la mano extendida produce con frecuencia una separación tipo II. El húmero proximal es otro punto vulnerable, sobre todo en adolescentes que lanzan repetidamente (béisbol, balonmano), donde la tracción crónica puede provocar un deslizamiento gradual que algunos textos denominan «hombro de liga menor». En el tobillo, la fisis tibial distal se cierra de forma asimétrica, lo que la hace susceptible a fracturas transicionales (Tillaux, triplanar) en los últimos meses antes del cierre completo. Del griego ἐπίφυσις (epíphysis, «extremo del hueso») y λύσις (lýsis, «separación»). Su significado literal es «separación de la epífisis». Sí. La condición requiere que el cartílago de crecimiento esté abierto, algo que sucede únicamente durante la infancia y la adolescencia. Una vez que la fisis se cierra y se convierte en hueso sólido, una fuerza similar produciría una fractura convencional, no una epifisiólisis. No exactamente. Una fractura epifisaria rompe el hueso calcificado de la epífisis. La epifisiólisis, en sentido estricto, discurre a través del cartílago de crecimiento. En la práctica, muchos tipos de Salter-Harris combinan ambos componentes, pero el rasgo diferencial de la epifisiólisis es la participación de la fisis. Depende del tipo y de la localización. Las separaciones tipo I y II, cuando se reducen correctamente, rara vez dejan secuelas en el crecimiento. Los tipos III, IV y, sobre todo, el V conllevan un riesgo mayor de cierre prematuro de la fisis, con la consiguiente discrepancia en la longitud de las extremidades o deformidad angular. Si desea profundizar en conceptos asociados a la epifisiólisis, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la epifisiólisis
Clasificación de Salter y Harris
Epifisiólisis femoral proximal
Otras localizaciones frecuentes
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra epifisiólisis?
¿La epifisiólisis solo ocurre en niños?
¿Es lo mismo epifisiólisis que fractura epifisaria?
¿Puede afectar al crecimiento del hueso?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
Infografías realizadas con https://BioRender.com
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