DICCIONARIO MÉDICO
Enteroclisis
La enteroclisis es una técnica de imagen que permite visualizar el intestino delgado en toda su longitud. Consiste en la infusión directa de un medio de contraste a través de una sonda colocada en el duodeno, lo que distiende las asas intestinales y facilita la detección de alteraciones en la pared y la luz del órgano. El término procede del griego ἔντερον (énteron, «intestino») y κλύσις (klýsis, «lavado» o «irrigación»). En sentido literal, designa el lavado del intestino con un líquido introducido desde fuera, y en la práctica clínica acabó reservándose para una exploración radiológica concreta: la infusión controlada de bario o de un contraste neutro directamente en el tramo proximal del intestino delgado. En el tránsito gastrointestinal convencional, el paciente bebe el contraste y se espera a que progrese por gravedad y peristaltismo. La enteroclisis funciona de otro modo: utiliza una sonda nasoenteral (o nasoyeyunal) para depositar el medio de contraste justo al inicio del yeyuno. La distensión que se consigue es uniforme y permite valorar tramos del intestino delgado que con otras técnicas resultan difíciles de explorar, sobre todo el íleon distal. La forma clásica de la enteroclisis se realiza bajo control fluoroscópico. Una vez colocada la sonda, se instilan entre 200 y 300 ml de suspensión de bario seguidos de metilcelulosa, que empuja la columna de bario y crea un efecto de doble contraste sobre la mucosa. El radiólogo observa el avance del contraste en tiempo real mediante fluoroscopia y obtiene placas de los segmentos que considere relevantes. El procedimiento puede prolongarse, porque el contraste necesita recorrer los cinco a seis metros del intestino delgado. Con la llegada de la tomografía computarizada multidetector, surgió la entero-TC (CT enteroclisis), que sustituye la fluoroscopia por un escáner abdominal tras infundir un contraste neutro (agua o polietilenglicol) por la sonda. La ventaja principal es que, además del interior de la luz intestinal, la entero-TC visualiza la pared del intestino, el mesenterio y los órganos vecinos, información que el bario por sí solo no proporciona. La resonancia magnética ofrece una variante análoga (entero-RM), especialmente útil cuando se quiere evitar la radiación ionizante, como ocurre en pacientes jóvenes con sospecha de enfermedad inflamatoria intestinal. Conviene aclarar una confusión frecuente entre enteroclisis y enterografía. Ambas persiguen visualizar el intestino delgado con técnicas seccionales, pero en la enterografía el contraste se ingiere por vía oral, sin sonda. La enteroclisis consigue una distensión más homogénea; la enterografía resulta menos invasiva y, en muchos centros, ha acabado desplazándola en la práctica habitual. La idea de introducir bario directamente en el intestino delgado a través de una sonda no es reciente. En 1929, Pesquera describió la instilación de bario por sonda duodenal, y Gershon-Cohen y Shay publicaron en 1939 la primera serie con la denominación explícita de barium enteroclysis. La técnica permaneció como recurso minoritario durante décadas. Fue el radiólogo holandés Johan L. Sellink quien, en los años setenta, sistematizó el procedimiento con una metodología reproducible (sonda de Bilbao-Dotter, infusión continua controlada, doble contraste con metilcelulosa) y lo convirtió en un estudio fiable para la detección de lesiones sutiles. Su monografía de 1976, publicada en Leiden, se convirtió en referencia para toda una generación de radiólogos digestivos. En la década de los noventa, la combinación con la tomografía computarizada abrió un campo nuevo que relegó progresivamente la versión fluoroscópica. Del griego ἔντερον (énteron, «intestino») y κλύσις (klýsis, «lavado»). La combinación refleja con exactitud lo que hace la técnica: irrigar el intestino con un líquido para poder observarlo. No. En la enteroclisis el contraste se introduce a través de una sonda colocada en el duodeno o el yeyuno, mientras que en la enterografía el paciente bebe el contraste por vía oral. Las dos técnicas pueden realizarse con tomografía computarizada o con resonancia magnética, pero la vía de administración del contraste es distinta y condiciona el grado de distensión intestinal que se obtiene. Depende del centro. La enteroclisis fluoroscópica con bario fue durante décadas el método de referencia para el intestino delgado, pero las técnicas seccionales (entero-TC y entero-RM) la han sustituido en gran parte de la práctica. Algunos servicios de radiología todavía recurren al bario cuando la sospecha clínica exige una valoración mucosa muy detallada y no se dispone de cápsula endoscópica. La colocación de la sonda nasoenteral produce incomodidad, sobre todo durante el paso por la faringe. Una vez en posición, la infusión del contraste genera sensación de plenitud abdominal que se tolera razonablemente bien. La exploración puede durar entre una y varias horas en la versión fluoroscópica; con entero-TC, el tiempo se acorta de forma notable. Si desea profundizar en conceptos asociados a la enteroclisis, puede consultar las siguientes definiciones del Diccionario médico:Qué es la enteroclisis
Principio técnico y variantes actuales
Contexto histórico de la técnica
Preguntas frecuentes
¿De dónde viene la palabra enteroclisis?
¿Es lo mismo enteroclisis que enterografía?
¿Se sigue utilizando la enteroclisis con bario?
¿Es una prueba molesta?
Referencias
Entradas relacionadas en el diccionario
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