DICCIONARIO MÉDICO
Entamoeba histolytica
Entamoeba histolytica es la ameba responsable de la amebiasis, una de las infecciones parasitarias más extendidas del planeta. Habita en el intestino grueso, donde buena parte de quienes la albergan no llegan a notar nada. En una fracción de los casos deja de ser un inquilino discreto: rompe la mucosa, se abre camino por la pared del colon y en ocasiones alcanza el hígado. Su nombre describe justo esa habilidad, la de deshacer el tejido que encuentra a su paso. Entamoeba histolytica Ameba disentérica Tipo: protozoo Grupo: ameba (familia Entamoebidae) Transmisión: fecal-oral (quistes en agua y alimentos contaminados) Reservorio: humano Patogenicidad: primario Enfermedades: amebiasis, disentería, absceso amebiano Es una ameba parásita del género Entamoeba, un grupo de protozoos que viven en el tubo digestivo. Dentro de ese género es la única especie con capacidad probada de enfermar a las personas. Vive en el intestino grueso, en un ambiente pobre en oxígeno al que está adaptada, y allí se comporta la mayor parte del tiempo como un habitante más de la flora. El epíteto histolytica se construye sobre dos palabras griegas, histós (ἱστός, tejido) y lýsis (λύσις, disolución o rotura). Nombra sin rodeos aquello que la ameba hace cuando pasa a la ofensiva: deshacer el tejido. Quien fijó ese nombre en 1903 fue el zoólogo alemán Fritz Schaudinn, que separó a la ameba capaz de destruir la mucosa de otra especie inofensiva del intestino, Entamoeba coli. La había visto antes, en 1875, el médico ruso Fedor Lösch, en las heces de un paciente con disentería crónica en San Petersburgo, aunque Lösch no llegó a considerarla la causa del cuadro, sino un acompañante de la inflamación. A lo largo de su vida, la ameba alterna entre dos estados. El quiste es la forma de resistencia y de contagio: una esfera de entre doce y quince micras, envuelta en una pared que soporta la acidez del estómago y la desecación fuera del cuerpo. Cuando madura contiene cuatro núcleos, un rasgo que sirve para reconocerlo y que lo separa de otras amebas intestinales con más núcleos. El trofozoíto es la forma activa, la que se mueve, se alimenta y, llegado el caso, invade. Mide de quince a veinte micras, aunque puede estirarse bastante más, y lleva un solo núcleo con un pequeño gránulo central. Hay un detalle que lo delata cuando se ha vuelto agresivo: dentro de su citoplasma aparecen glóbulos rojos que ha engullido. Esa fagocitosis de hematíes, la eritrofagocitosis, se ha asociado siempre a la variante patógena, si bien no es una prueba infalible, porque en raras ocasiones también la practica su gemela inofensiva. Todo empieza con un quiste tragado en agua o comida sucia. Atraviesa el estómago sin inmutarse gracias a su envoltura y, ya en el intestino delgado, se abre: de cada quiste salen varios trofozoítos que descienden hasta el colon. Ahí se instalan, se multiplican y se alimentan de bacterias y de restos. La mayoría de las veces la historia termina con un giro tranquilo: los trofozoítos vuelven a enquistarse y salen con las heces, listos para infectar a otra persona. El portador nunca se entera. A veces el guion cambia. En lugar de enquistarse, el trofozoíto se adhiere a la mucosa y la traspasa. Es entonces cuando aparece la enfermedad, y cuando la ameba puede pasar a la sangre y viajar a otros órganos. La forma que se elimina y contagia siempre es el quiste; el trofozoíto, más frágil, muere pronto fuera del intestino y no transmite la infección. La agresividad de E. histolytica descansa en tres herramientas que actúan en cadena. La primera es una lectina de superficie, la lectina Gal/GalNAc, con la que el trofozoíto se agarra a las células del intestino y al moco que las recubre; sin ese anclaje no hay invasión posible. La segunda son los amebaporos, unas proteínas que perforan la membrana de la célula a la que la ameba se ha pegado y la abren como una lata. La tercera la forman las proteasas de cisteína, enzimas que degradan las proteínas de sostén del tejido, el moco protector e incluso los anticuerpos de la mucosa. Con ese arsenal, el parásito se abre paso capa a capa y produce en la pared del colon unas úlceras estrechas en la superficie y anchas en profundidad, con forma de botella. Conviene un matiz que sorprende: solo alrededor del diez por ciento de las personas infectadas desarrollan enfermedad invasiva. En el resto, la misma ameba convive sin llegar a usar sus armas, por razones que dependen tanto de la cepa como de las defensas y la flora de cada huésped. El cuadro que engloba a todos es la amebiasis. Cuando la ameba invade el colon, la manifestación más reconocible es la disentería, con heces escasas teñidas de sangre y moco. Si el parásito cruza a la circulación y alcanza el hígado, forma el absceso amebiano, la complicación fuera del intestino más habitual, que en su versión difusa del órgano se describe como hepatitis amebiana. Menos veces, la infección crónica levanta en la pared del colon una masa inflamatoria, el ameboma, capaz de confundirse con un tumor. Que disuelve el tejido. El término une el griego histós (tejido) y lýsis (disolución). Schaudinn lo eligió en 1903 precisamente por la facilidad con que esta ameba destruye la mucosa intestinal, algo que sus parientes del mismo género no hacen. No con seguridad. E. histolytica y la inofensiva E. dispar son idénticas en forma y tamaño, de modo que el microscopio convencional no las separa. La única señal orientativa, los glóbulos rojos dentro del trofozoíto, tampoco es concluyente. Diferenciarlas con fiabilidad exige técnicas moleculares o de detección de antígenos. Solo una parte. La mayoría son portadoras sin molestias: la ameba vive en la luz del colon, se enquista y se elimina sin invadir nada. Se calcula que en torno a uno de cada diez infectados desarrolla la forma invasiva de la enfermedad. Ese portador silencioso, además, mantiene viva la cadena de contagio. Fedor Lösch, en San Petersburgo, fue el primero en verlo en 1875, en un enfermo con disentería, aunque no lo tuvo por culpable. La identificación de la ameba patógena y su bautizo como Entamoeba histolytica llegaron en 1903 de la mano de Fritz Schaudinn, quien, según algunas fuentes, terminó falleciendo por una infección adquirida durante sus estudios. Para situar a esta ameba y a la infección que provoca, puede consultar:Qué es Entamoeba histolytica
Dos formas: quiste y trofozoíto
Cómo completa su ciclo
Por qué es capaz de disolver el tejido
Qué enfermedades produce
Preguntas frecuentes
¿Qué significa histolytica?
¿Puede distinguirse de Entamoeba dispar mirándola al microscopio?
¿Todas las personas infectadas enferman?
¿Quién descubrió el parásito?
Referencias
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Infografías realizadas con https://BioRender.com
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